UNP No.69
Título : Ciclovías Deporte y paseo festivo
Autor : Tatiana Gómescasseres
Sección: Ciudad
Fecha : Enero 16 de 2005 |
Ciclovías
Deporte y paseo festivo
Lugar de encuentro y de esparcimiento, la ciclovía es además un potente cohesionador social; facilita la realización de las obligaciones y los derechos de los ciudadanos que acuden a ella para imprimirle otra dinámica a la ciudad.
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Menos fría y gris que la ciudad de la nostalgia, en la Bogotá de hoy se confunden los colores y acentos de todo el país.
Foto Archivo
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Tatiana Gómescasseres*
Si bien, problemas como la carencia de vivienda, de escuelas y centros de salud bien dotados, constituyen para la ciudad de Bogotá asuntos de primer orden, es necesario orientar la mirada hacia otros asuntos urbanos de igual importancia, entre ellos el equipamiento adecuado y suficiente de los espacios públicos destinados a la recreación. Desde el punto de vista social, éste debe ser un tema relevante para lograr que desde estos lugares de la ciudad se pueda mejorar la calidad de vida de sus habitantes mediante la satisfacción de las necesidades básicas que van más allá del simple alojamiento, pues habitar la ciudad implica también jugarla y disfrutarla.
El espacio público constituye un referente para la construcción de identidad de las sociedades urbanas ya que permite tanto la recreación de la historia común como el reconocimiento de las personas con los lugares físicos. Así mismo, genera sentidos de pertenencia, reavivando y, estimulando la memoria individual y colectiva. Favorece y facilita, además, las relaciones sociales así estén en su mayoría determinadas por el anonimato. Supone dominio público, uso colectivo y una multifuncionalidad que es fundamentalmente producto de una construcción social.
La ciclovía de Bogotá, como espacio destinado para la recreación, es una política pública que está a favor de la cohesión social porque como producto urbano diversifica y reactiva el tejido cultural, fomenta la participación comercial y económica y crea autoestima urbana; a su vez, responde a las demandas de participación, recreación y deporte de los habitantes de la ciudad; y genera mecanismos de transformación de su entorno incluyendo objetos culturales y participación social. En ésta, el papel iniciador de la Administración Distrital y la participación de sus usuarios, promueven un salto cualitativo en la ciudad que se inscribe en el tiempo cotidiano del día festivo.
La ciclovía recorre el pasado y el presente de la ciudad; al circular por ésta se viaja a través de los distintos tiempos culturales que se manifiestan en sus construcciones arquitectónicas, y se atraviesa también por el orden y el desorden urbano; distintos aspectos que van desde la planificación y los usos del suelo hasta los monumentos; los significados aparecen en el recorrido en el que se observa una gran urbe fragmentada y discontinua que contiene en su seno otras tantas ciudades. La ciclovía de la Carrera 7ª, por ejemplo, expresa de manera muy completa gran parte de esa diversidad social y cultural de Bogotá, cuya vivencia se acerca más a una sumatoria que a una real integración de modos particulares de habitarla, recorrerla, entenderla e imaginarla.
Bogotá es una ciudad donde continuamente se exigen actitudes positivas: la alegría, el buen humor, la sonrisa; por esto un fenómeno como la ciclovía que crea acontecimientos, lugares aceptados, aptos para sorprender y emocionarse, para retener las miradas y estimular la imaginación, constituye ese componente lúdico que la ciudad requiere como parte de sí misma, para que se juegue y se anime la calle. Una ciudad como Bogotá, que busca continuamente la sociabilidad juguetona, que añora el sentido de comunidad, de igualdad, de integración e inclusión social, encuentra en la ciclovía la realización del deseo de ser habitada con mejores condiciones, pues si hay algo que caracteriza a este espacio recreativo es su uso público y su apropiación comunitaria.
Dicho deseo pasa también por la necesidad de construir ciudad por medio del fortalecimiento de una sociedad con una moral específica y propia que se exprese en su cotidianidad, unas conductas referidas a una normatividad cultural y a unas leyes, es decir, un consenso normativo básico necesario para la convivencia pacífica.
El acceso democrático y la idea generalizada de que en la ciclovía entran en contacto todas las clases sociales aproximan el sueño de tener en Bogotá una ciudad incluyente donde todos sus habitantes tienen acceso a los bienes y servicios, es por esto que la ciclovía cumple también la función de mantener, por lo menos entre quienes la viven de cerca, la ilusión casi utópica de una ciudad donde la vida pública transcurre en medio de una armonía comunitaria.
El cuerpo: principal protagonista
Las características escénicas que identifican a la ciclovía como una región particular de significado, están basadas tanto en las condiciones de visibilidad mutua de sus participantes como en el sentido lúdico y recreativo que posee. En ésta, la interacción entre paseantes satisface una condición estructural muy importante pues pone en relación disposiciones sensoriales como la vista, el olfato y el oído, con un lenguaje corporal complejo constituido por movimientos y gestos a partir de los cuales se logra la comunicación.
Los intercambios recíprocos de información no son, entonces, verbales, directos ni completamente explícitos, y dado que los usuarios no poseen elementos materiales de señalización, como los carros, las miradas, sonrisas, movimientos de cabeza, gestos, silbidos y chiflidos son los elementos de la interacción que resultan más estratégicos cuando se trata de alertar al otro del propio movimiento o anticipar su acción. Es decir, el lenguaje corporal funciona como un detector de lo que es o no pertinente hacer en un momento dado del recorrido.
Esa posibilidad de expresión en la que interviene todo el cuerpo con cada uno de sus sentidos además de ser pública es también publicitante, porque ostenta y manifiesta las intenciones sobre todo las de no pasar desapercibidos ante los demás. La mirada, por ejemplo, adquiere una significación especial ya que constituye, antes que cualquier comunicación verbal, la primera etapa de la interacción, la cortesía visual es el principal elemento para saber más o menos qué intenciones tiene el otro y así mismo indicarle que no hay motivos para que desconfíe de uno.
Pero el protagonismo del cuerpo en este escenario de la ciudad no se agota en las formas de comunicación, todo parece indicar que el interés de los usuarios de la ciclovía por la realización de prácticas deportivas tiene su fundamento en la preocupación por el bienestar del cuerpo, lo cual implica tanto la presentación externa, es decir, la preocupación por la estética corporal, como la constitución interna, esto es, por la salud física y mental. Estas preocupaciones propias del estilo de vida urbano surgen de las luchas por la definición y el uso del cuerpo legítimo o deseable; definición en la que intervienen tanto educadores físicos, médicos y deportistas profesionales como modelos, personajes de la farándula y diseñadores de modas. La ciclovía se ha convertido en uno de los lugares de la ciudad de Bogotá donde se reproducen con mayor intensidad esas luchas.
¿Salud o estética?
Desde este punto de vista se puede observar la existencia de una serie de diferencias entre los tipos de usuarios respecto a la importancia que le otorgan al deporte y a los efectos esperados del ejercicio. En la ciclovía de la Carrera 7ª, por ejemplo, para los hombres, sobre todo los que circulan por el sector sur, el cuerpo es visto como un medio de trabajo y locomoción; para ellos los efectos esperados del ejercicio se orientan hacia el cuerpo externo, otorgándosele una mayor relevancia a la fuerza aparente de una musculatura visible demostrada también en la resistencia física requerida para realizar recorridos largos.
Para los hombres que circulan por el sector norte, los efectos esperados del ejercicio tienen que ver más con el cuerpo interno, es decir, con una serie de relaciones respecto a la enfermedad o cuidados de la salud, lo que evidencia la preocupación por el cuerpo visto como un fin en sí mismo. Mientras los primeros son el tipo de usuarios que se encuentran en los puestos de comida consumiendo tamales, empanadas, perros calientes y hamburguesas, alimentos que por su contenido graso y abundancia suelen ser rechazados por quienes asocian de manera directa el deporte con la higiene, los segundos son los fieles consumidores de jugos naturales, agua y bebidas hidratantes.
Por otro lado, las mujeres son quienes más resultados esperan del ejercicio físico; en primera instancia, un efecto sobre el cuerpo interno, los beneficios respecto a la salud física; son ellas quienes más suelen aducir argumentos sobre los beneficios respecto a la salud mental, manifestada en una mezcla de equilibrio psíquico, paz interior y tranquilidad espiritual. En segunda instancia, los efectos sobre el cuerpo externo tienen que ver con la elegancia y desenvoltura corporal, lo que evidencia la preocupación por la presentación estética del cuerpo femenino que se encuentra mucho más estereotipada que la del cuerpo masculino.
Para la mayoría de ellas la obtención del cuerpo legítimo o deseable es la principal preocupación, consumen jugos naturales, avena, agua y ensaladas de frutas, alimentos caracterizados por su bajo contenido en calorías y la asociación que con estos se hace de lo que es higiénico y sano.
Esta cultura del cuerpo se sintetiza en la creencia sobre el uso legítimo o deseable incorporada en todos los usuarios de la ciclovía. Con aparente desinterés, todos salen a practicar algún deporte mientras pasean y comparten el tiempo con sus acompañantes. Como se mencionó anteriormente, las prácticas deportivas que realizan son el medio para mantener una buena salud, pero a la vez parecen tener un fin en sí mismas, se practica deporte por la bondad que en sí mismo implica, es vitalidad, fortaleza, juventud, sinónimo de bienestar general. Parafraseando a Pierre Bourdieu sería un "arte por el arte deportivo" con su propia definición como campo, donde se ubican los deportistas profesionales y las instituciones mundiales que los apoyan, y que para el caso de la ciclovía bogotana toma su propia forma a manera de imitación, reconociendo y reproduciendo la creencia en el uso legítimo del cuerpo.
*Socióloga de la Universidad Nacional de Colombia.
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