UNP No.69
Título : Los insurgentes prevalecen
Autor : Paul Rogers
Sección: Política
Fecha : Enero 16 de 2005 |
Los insurgentes prevalecen
La creciente inestabilidad y violencia en Iraq tienden a anular la estrategia militar de los Estados Unidos. No han bastado las "operaciones de castigo" para eliminar la resistencia iraquí, que ahora amenaza con extender un clima de zozobra permanente por todo el territorio del país árabe.
Paul Rogers*
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Las acciones insurgentes han aumentado ante la inminente realización de las elecciones del próximo 30 de enero.
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5 de enero de 2005
Sin que importen los motivos para el asalto a Fallujah en noviembre, la versión oficial era que se proponía destruir el núcleo central de la insurgencia, mejorando así la situación general de seguridad en Iraq a tiempo para las elecciones de finales de enero. Un mes después del principio de la operación Fallujah era evidente que esto no estaba sucediendo, y al final del año un informe muy crítico de Anthony Cordesman del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington recalcaba los fracasos del sistema político y militar estadounidense en Iraq.
Durante el mes de diciembre se aclaró que el "mensaje" de Fallujah de una insurgencia debilitada había sido desechado a favor de un nuevo estribillo: las semanas previas a las elecciones serían la ocasión para una mayor violencia, pero una vez realizados los comicios, la insurgencia finalmente desaparecería frente a un gobierno legítimamente elegido.
Entretanto, la atención mundial se ha concentrado en otras partes: durante las últimas dos semanas, los medios internacionales han sido dominados por las consecuencias del devastador maremoto asiático y solo ha sido en los dos últimos días que alguna atención externa ha vuelto a Iraq. Esto se debe en parte a un resurgimiento de la violencia tan intenso que existe ahora una seria posibilidad de que las elecciones se pospongan, aunque el gobierno de Bush se oponga obstinadamente a ello.
Ahora, es de conocimiento público el hecho de que grandes partes de Iraq no están bajo el control de los Estados Unidos ni de las fuerzas de seguridad iraquíes, y que en seis de las dieciocho provincias los ataques son cosa de todos los días. Aunque éstas no representan vastas áreas geográficas, incluyen a Bagdad y Mosul, y a más de la mitad de la población total del país. El aumento de la violencia en Mosul, la tercera ciudad de Iraq, ha sido particularmente significativo, sobre todo porque ha tenido lugar desde el principio del ataque estadounidense contra Fallujah. En otras palabras, la insurgencia tiene múltiples facetas y es capaz de trasladarse a otras partes del país frente a operaciones particulares de los Estados Unidos.
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La coalición militar encabezada por Estados Unidos pierde diariamente control territorial.
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Dos incidentes específicos en un día -4 de enero- dan ciertas indicaciones sobre la capacidad de los insurgentes. Una es el asesinato del gobernador de Bagdad, Ali al-Haidri, quien se transportaba en un vehículo blindado en un convoy de tres autos con numerosos guardaespaldas. Una calle en la ruta había sido despejada por los atacantes un momento antes de que se acercara el convoy, que fue entonces atacado desde varias posiciones. El auto del señor Al-Haidri iba adelante y se libró del primer ataque, para caer derecho en una emboscada unas calles más allá, montada justo para esta eventualidad. Todo el atentado había sido cuidadosamente planeado y llevado a cabo por una fuerza considerable y contra un alto y muy protegido alto funcionario en el corazón mismo de Bagdad.
Ese día se llevó a cabo otro ataque incluso más sintomático de la situación actual. Uno de los principales problemas a los que se enfrenta la fuerza de ocupación de los Estados Unidos es la dificultad de entrenar las fuerzas de seguridad iraquíes. Tanto la policía como la Guardia Nacional han sido atacadas continuamente en un momento en que se cree que ambas organizaciones están infiltradas por los insurgentes. Mil trescientos oficiales de policía murieron en los últimos cuatro meses de 2004 y la Guardia Nacional Iraquí ha perdido 45 hombres en los últimos cuatro días, y su falta de entrenamiento y de equipo ha llevado a sugerencias de que se desbande; y una respuesta de las fuerzas estadounidenses ha sido el énfasis en un número reducido de unidades de comandos de élite, formados en gran parte por antiguos soldados equipados y entrenados para un nivel que los hace más eficaces en cuanto fuerza contrainsurgente.
Como un barril de pólvora
Uno de los principales centros de esta nueva fuerza se encuentra en Bagdad oriental y, pocas horas después del asesi-nato del señor Al-Haidri, el sitio fue blanco de una enorme bomba escondida en un camión cisterna. Murieron once personas, la mayoría miembros de la nueva unidad, y hubo 60 heridos. En ambos casos, el asesinato de Al-Haidri y el ataque contra la unidad de comandos, los insurgentes demostraron su capacidad de dar golpes en el corazón mismo del estado iraquí.
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A la fecha, el número de militares estadounidenses supera los 1.350.
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Además, justo un día antes, hubo múltiples ataques en todo Iraq. Seis soldados iraquíes fueron asesinados cerca de Tikrit, cuatro más en las afueras de la base estadounidense de Balad, dos oficiales de seguridad murieron a tiros en Baiji, un oficial de policía cayó en Mosul en una trampa explosiva, y tres británicos y un estadouni-dense murieron a manos de un suicida en Bagdad. Luego, el 5 de enero, una bomba en una ceremonia de graduación en Al-Hilla causó la muerte de 22 personas e hirió a muchas más.
Estos ataques individuales tienen lugar en el contexto de un deterioro general de la seguridad. Los seis últimos meses de 2004 fueron los peores desde que empezó la guerra hace casi dos años: murieron 503 soldados. En general, el Pentágono ha informado que 10.200 militares han resultado heridos desde marzo de 2004, más de la mitad con heridas demasiado graves como para no poder reintegrarse al servicio. Más de 10.000 han regresado a los Estados Unidos por causa de enfermedades físicas o mentales.
Otras dos calificaciones de la insurgencia han sido reveladas recientemente. Una es que los Estados Unidos y el Reino Unido tienen unos 10.000 iraquíes detenidos, la mayoría por sospecha de estar involucrados con la insurgencia. Significativamente, más del 95% son ciudadanos iraquíes, lo cual hace dudar en la muy citada opinión de que la insurgencia está sustancialmente sostenida desde el exterior.
La otra es el informe sobre la opinión del general Shahwani, director del servicio de inteligencia del gobierno provisional, según la cual la insurgencia tiene un núcleo de 40.000 paramilitares, apoyados por cuatro veces ese número de partidarios activos. Este es un cálculo mucho más alto que el ofrecido por las autoridades estadounidenses, y apunta al hecho de que la insurgencia puede involucrar un movimiento numéricamente mayor que todas las fuerzas de los Estados Unidos y otras, actualmente en Iraq.
La guerra a futuro
Todo esto sirve para dar algunas indicaciones sobre los problemas a los que se enfrentan los Estados Unidos en Iraq; pero una de las señales más claras proviene de una fuente muy diferente, un documento del presupuesto de defensa del Pentágono para el año fiscal 2006 (que principia en octubre), que equivale a un importante cambio de énfasis en los proyectos de tecnología de punta para la Fuerza Aérea y la Marina, hacia mayores fondos para el Ejército.
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Más de 1.630 miembros del servicio resultaron heridos en acción de un total del 15.670.
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El alcance del cambio es más notable a la luz de la anterior determinación de Donald Rumsfeld de tener un ejército reducido, con una mayor concentración en las fuerzas de ataque de largo alcance y especiales, y un persistente énfasis en el despliegue rápido. El objetivo es crear unas fuerzas militares capaces de librar guerras rápidas en la búsqueda directa de los objetivos estadounidenses, evitando siempre tener un gran número de tropas atado a guerras en lugares distantes.
Iraq ha cambiado todo esto, y la iniciativa de presupuesto reconoce las nuevas realidades. Habrá recortes para los nuevos destructores y submarinos de la Marina; la Fuerza Aérea perderá 96 de sus nuevos aviones de guerra F/A-22 Raptor, y habrá incluso un recorte en los gastos de defensa balística, un programa particularmente cercano al corazón del gobierno de Bush. En cambio, el Ejército recibirá unos 25 mil millones de dólares adicionales durante los próximos cinco años.
A todos estos cambios se suman más pedidos presupuestales de fondos de emergencia para cubrir los costos de las guerras de Iraq y Afganistán. Según el Washington Post, el gobierno de Bush está preparando solicitudes de gastos de emergencia del orden de 80 mil a 100 mil millones de dólares, casi veinte veces más que el presupuesto de desarrollo nacional directamente manejado por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) para el año en curso, buena parte del cual será invertido en Iraq y Afganistán.
Todavía estamos a menos de dos años de la guerra de Iraq pero ya es claro que ha tenido un efecto fundamental en la estrategia militar de los Estados Unidos. Puede que esto no se manifieste en las políticas más amplias de un gobierno que todavía está sumido en la euforia de su triunfo reeleccionista, pero sí es una indicación de los costos a largo plazo para la política de seguridad de los Estados Unidos en el Medio Oriente.
* Profesor de Estudios sobre la Paz en la Universidad de Bradford; editor de Seguridad Internacional de openDemocracy; consultor del Oxford Research Group. La segunda edición de su libro Losing Control fue recientemente publicada por Pluto Press. Publicado por la Universidad Nacional de Colombia con propósitos pedagógicos y bajo licencia académica de openDemocracy. Traducción de Nicolás Suescún.
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