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UNP No.68
Título : Del tamal, el lechón y otras suculencias
Autor : Doris Ramírez de Peña
Sección: Cultura
Fecha : Diciembre 26 2004
Del tamal, el lechón y otras suculencias

Abundancia parece el término obligatorio cuando se disfruta del menú decembrino. Distintas culturas y tradiciones han dejado sus sabores en el insaciable apetito de las fiestas, que contrasta con la escasez propia que recuerda la Natividad.

Tamal, lechona, pollos y pavos rellenos hacen parte de la influenciada y ya tradicional comida a la que por estos días es imposible resistirse.
Foto Guillermo Flórez P.

Doris Ramírez de Peña*

En las fiestas paganas está el origen de las festividades navideñas. Una mira-da a la historia nos muestra que diciem-bre era el mes escogido para alabar a los dioses; recordemos a Roma que en honor a Saturno, dios de la agricultura, celebraba por siete días con diversiones y banquetes. También en Europa se realizaba una fiesta de invierno conocida como Yule, para con-seguir que el sol brillara con más fuerza el siguiente año. El origen europeo de este festejo conllevó a que se usaran en la co-cina alimentos disponibles en el invierno, así como recetas generosas en calorías que contribuyeran a sobrellevar el frío.

Según referencias de los Evangelios de San Mateo y San Lucas, el cristianismo adoptó este mes para conmemorar el na-cimiento de Jesucristo en Belén, y más tar-de en el año 345 se proclamó oficialmente el 25 de diciembre como fecha de la Nativi-dad. En la Edad Media, la Iglesia añadió los villancicos y banquetes que eran el punto culminante de las celebraciones.

Cada país fue adoptando costumbres y creando otras, así que para el siglo XIX se celebraba la Navidad tal cual la conocemos hoy, con el árbol originario de zonas ger-manas y las tarjetas provenientes de Ingla-terra. En Estados Unidos se popularizó el Papá Noel con su trineo, renos y regalos, que se origina del San Nicolás de los paí-ses nórdicos.

Actualmente, la Navidad es tiempo de gran actividad comercial e intercambio de obsequios. Especialmente, en América La-tina se reúnen familiares y amigos desde el 16 de diciembre, día en que comienza la novena como preparación para celebrar el nacimiento de Jesús, por lo cual la me-sa se colma de elaboradas recetas, deli-ciosos manjares, bebidas tradicionales y vinos espumosos. Es prácticamente impo-sible nombrar los platos principales y dul-ces que ocupan la mesa durante la cena de Nochebuena, dado que varían extraordina-riamente por países, regiones y ciudades.

Sabores criollos

Uno de los platos más representativos de América Latina es el tamal, palabra de origen azteca (tamal-li: envuelto de maíz). En La Colonia, los esclavos mezclaban las sobras que dejaban sus dueños con la ma-sa de maíz envuelta en hojas de plátano. A propósito, Arturo Uslar Pietri hace una de las más bellas y completas apologías del ta-mal, donde muestra el paso de la historia en una sola de nuestras comidas típicas na-videñas: "Nuestra hayaca o tamal es como un epítome del pasado de nuestra cultura... En su cubierta está la hoja del plátano. El plátano africano y americano, con el que el negro y el indio parecen abrir el cortejo de sabores. Luego está la luciente masa de maíz. El maíz del tamal, de la tortilla y de la chicha, que es tal vez la más americana de las plantas... En la carne de gallina, las acei-tunas y las pasas está España en su histo-ria ibérica, romana, griega y cartaginesa... En el azafrán que colorea la masa y en las almendras que adornan el guiso están los siete siglos de invasión musulmana".

Así fue influenciada la comida por otros países: el lechón al horno es herencia ára-be; el pavo, aporte del nuevo mundo a la gastronomía decembrina; y los franceses repercutieron en la hechura de panes, tor-tas, bizcochos y dulces. La abundancia en azúcares y grasas, y la ausencia de verdu-ras y frutas era el patrón de nuestra ali-mentación, el cual no ha cambiado mucho, pues luego de varios siglos, estas ultimas todavía no son bienvenidos en los platos colombianos.

Sin importar lo que incluya el menú navideño hay algo que es seguro, será abundante. Y siempre al hacer el balance de fin de año estará en superávit el balan-ce energético ya que el último mes entran gran cantidad de calorías provenientes de los suculentos platos decembrinos ante los cuales es imposible rendirse. Además que es de muy mala educación no agradar a tías y abuelas, quienes se esmeran por ofrecer la mayor cantidad de calorías posi-ble, midiendo el cariño que se siente por ellas con una relación directamente pro-porcional al consumo. De modo que no las contraríe, entre de lleno a gozar de las festividades, cambie su patrón alimentario y adapte su organis-mo a los nuevos horarios. Queme calorías bailando, es un buen ejercicio. Aproveche el tiempo libre para caminar o hacer algún deporte.


Trampa a los excesos

Prepárese consumiendo una alimenta-ción equilibrada:

Antes de ir a las novenas, consuma un lácteo o derivado (queso, kumis, yogur) acompañado de galletas, para que no lle-gue con el estómago vacío a recibir licor, y de paso le dará poder de saciedad para no comer en exceso.

Después de un trasnocho, el organismo se deshidrata y pierde algunas vitaminas; por eso se siente el malestar típico del "guayabo", de tal manera que al levantar-se consuma frutas, luego café o té en leche acompañado de tostadas o arepa.

En el almuerzo disminuya los alimen-tos grasosos, prefiera preparaciones asa-das; incluya un alimento proteínico: pollo, pescado o carne.

Además, ingiera algún alimento fuente de carbohidratos complejos (arroz, pasta, plátano, papa o yuca) y evite los azúcares simples (panela, miel o azúcar). Adicione alimentos fuente de vitaminas y minerales: verduras y frutas. Prefiera el agua, no con-suma bebidas gaseosas o cerveza.

Así evitará cometer excesos y no tendrá, como todos los años, remordimientos por la aparición de esos "kilitos" de demás, y lo más importante, quedará como la nieta, hi-ja o sobrina más querida de la familia y to-dos se preguntarán: ¿cómo hace para man-tenerse en forma?, ¿cuál es el secreto?

* Docente del Departamento de Nutrición, Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia. El origen europeo de la navidad conllevó a que se usaran en la cocina alimentos disponibles en el invierno, así como recetas generosas en calorías que contribuyeran a sobrellevar el frío. Tamal, lechona, pollos y pavos rellenos hacen parte de la influenciada y ya tradicional comida a la que por estos días es imposible resistirse.