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UNP No.68
Título : Como un cuchillo de carnicero
Autor : Pablo Estrada
Sección: Literatura
Fecha : Diciembre 26 2004
Como un cuchillo de carnicero

Bukowsky, el "genio de la botella", poseedor de una prosa lacerante, no recomendable para las buenas conciencias.

Pablo Estrada*

La vida y obra de Charles Bukowski (1920-1994) representan, por así decirlo, esa otra cara de la moneda de la literatu-ra. Su lado sucio, ese en el que no se busca la palabra que mejor suene, la versión más limpia y elegante, el perfecto acabado o las limadas asperezas. Bukowski muestra las cosas tal como son, y a veces grotescamen-te exageradas. Lo que no significa que su relato carezca de cierta psicología, que no esté diciendo algo más allá de lo evidente y lo superficial. No pretende mostrar una visión objetiva de la realidad, una simple fotografía, sino que él derrama su subjetivi-dad en ella. Y para eso le sirve plenamente el carácter autobiográfico de su escritura. Además la burla, la ironía, la acidez, la críti-ca y el humor negro que hay en su narrativa le dan un sentido distinto a ese contenido naturalista, a ese retrato fotográfico en el que está inserto el relato.

Casi todas las novelas de Bukowski, ex-cepto Pulp -parodia del género policíaco-, escritas desde 1970 hasta 1994 pueden cir-cunscribirse en una misma línea autobio-gráfica, en la que narra un fragmento de la vida de Henry Chinaski (su alter ego), extra-yendo ciertos elementos significativos de su propia experiencia que, trasladados a su personaje, poseen un valor literario que desencadena, con su potencial catalizador, reacciones de identidad o rechazo, de in-dignación o desprecio ante ese tipo social y cultural que llega a representar. Pero sus novelas no tienen un programa ideológi-co, ni aquel idealismo realista que depura la vida de excreciones y secreciones, a la vez que plantea lecciones morales de có-mo vivir y por qué morir. No hay ninguna intención aleccionadora por parte del au-tor. Presenta un crudo y amargo retrato de la realidad, como un cuchillo de carnicero, que aunque no funciona como advertencia o sentencia, sí nos acerca a una verdad, que logra "tocarnos", nos hace reaccionar.

El hecho de que el autor se identifique a la vez con el narrador y el protagonista de sus novelas, y que su narración sea en primera persona, no es motivo para obviar la capacidad de significación de lo que se ha seleccionado para ser narrado y el mo-do como se hace. No es mera relación de hechos, a manera de cronicón, sino que trasciende este plano en tanto símbolo o representación de apartes igualmente significativos de la vida cotidiana como la derrota, el sufrimiento, la inconformidad y otras experiencias vitales. También el uso del lenguaje tiene un sentido. Ese lengua-je "agresivo y descarnado", esa prosa "unas veces áspera y otras abiertamente lírica", más que en su cercanía con la oralidad, es fundamental en cuanto a la renuncia a la convencionalidad, el rechazo del artificio y amaneramiento literario. Este autor cons-truye un "autorretrato" que en una primera impresión desagrada, precisamente, por-que parece mostrado sin maquillaje, con barros y espinillas, como los del pintor hiperrealista Chuck Close; pero si se mira con más detalle, logra verse que hay en él exageración, que algunos rasgos "desagra-dables" se han acentuado. Así es como fun-ciona la autocrítica que Bukowski hace de sí mismo a través de su -moldeable- refle-jo en el espejo: Chinaski.

Destellos literarios de la pesadilla americana, material de prueba para el "realismo sucio".

Historias de perdedores

Bukowski nos acerca al bajo mundo, el de los "humillados y ofendidos", los que vi-ven y crecen entre ruinas, desde las entra-ñas mismas de este submundo -ya que él lo habitó-, y aún más su aproximación está plagada de rebeldía y cinismo. Hay un re-chazo hacia todo lo que representa autori-dad. Y esa postura en contra, resulta tener un carácter ideológico. Aunque "la civiliza-ción -según él- es una causa perdida, la política una absurda charada, el trabajo un chiste cruel"; o como escribió Dostoievski: "lo mejor es no hacer nada, ¡lo mejor es una inercia consciente!"; una actitud indiferente o de total insatisfacción, a la larga es una actitud y genera repercusiones. De manera que su resistencia a someterse a la socie-dad de consumo ("había elegido no aceptar la rutina diaria que transforma los rostros de los hombres en hamburguesas y sus co-razones en piedras"), su modo de vida (que incluye su pasión por la bebida y el sexo), esa temática autobiográfica de su narrati-va, así como su manejo del lenguaje -una prosa coloquial y escueta- terminaron con-formando el ideario bukowskiano que en su intención de autonomía e independencia lo pueblan de crítica y denuncia y le dan la po-sibilidad de subvertir. Así se explica su paso de autor underground a autor de culto.

El sueño americano -uno de los idea-les atacados por Bukowski- destaca a los triunfadores, pero éstos son pocos, la ma-yoría somos perdedores y a nosotros es a quienes Bukowski retoma. Pero este simple hecho ha sido tomado como gesto solida-rio. Suele decirse que él rescata la otra par-te de la realidad, la de los patios traseros, los bares sórdidos, las oficinas de desem-pleo, en una muestra de fraternidad con los pisoteados; pero quizá lo que ocurre es que opera un mecanismo de identificación por parte de los lectores que satisface las ex-pectativas e inquietudes que ellos tienen. Y todos aquellos que se sienten un poco chi-naskis porque han sido maltratados, des-preciados, humillados y rechazados y aun así han soportado estoicamente, alentados por la botella, o una suerte repentina y efí-mera, o han saboreado el triunfo a su mo-do y han disfrutado de la derrota, sienten como un guiño -dirigido exclusivamente a ellos- esa actitud irreverente e iconoclas-ta de Bukowski, capaz de inducir actitudes preexistentes, como un laxante que nos ayuda a expulsar lo que llevamos dentro o un fertilizante que acelera el crecimiento.

Finalmente, no se puede concebir la obra de Charles Bukowski sin la referencia a su ciudad, Los Angeles, con toda su carga representativa de la sociedad de consumo, o al licor y la forma de asumirlo (se presen-ta el alcoholismo como elección de vida). Estos elementos conducen casi inexorable-mente a otras dos grandes inmanencias de la actual cultura popular occidental: el sexo y la violencia, y de ello "Buk" da cuenta, con un sentido crítico y mordaz. Así, la presen-cia del licor y ese imaginario urbano pos-moderno que representa L.A. relacionan a Bukowski con la literatura de su época y su entorno, lo hacen heredero de la genera-ción perdida y cercano a ese vitalismo pro-pio de norteamericanos y otros escritores contemporáneos. Una literatura en la que no se enseña a pescar, más bien se dinami-ta el pozo, y cada cual se lleva lo suyo.

* Literato de la Universidad Nacional de Colombia.