UNP No.68
Título : Leticia, la ciudad de las ranas
Autor : Paula Andrea Grisales Naranjo, Unimedios
Sección: Investigación
Fecha : Diciembre 26 2004 |
Leticia, la ciudad de las ranas
Una exploración por nuestras selvas amazónicas sorprendió a los expertos en ranas. Después de 90 días de trabajo de campo y otros tantos en los laboratorios de la Universidad Nacional de Colombia, se devela un nuevo récord en diversidad anfibia.
 |
La Hyla parviceps especie que se congrega en grandes cantidades en los charcos durante las "noches de canto de rana".
Foto Adriana Lucía Téllez.
|
Paula Andrea Grisales Naranjo, Unimedios
Durante 90 noches de cielo estrellado, al ritmo del sonido de las luciérnagas, en-vueltos por el olor de humedad y tierra, a veces bajo la lluvia y en la compañía de zancudos y mosquitos, un equipo confor-mado por un profesor y cuatro estudiantes de biología se internó en la selva amazó-nica para corroborar una intuición: el lu-gar más rico en ranas del mundo no esta-ba en Santa Cecilia (Ecuador) sino en los bosques al norte de la ciudad de Leticia (Colombia).
La posición geográfica, la pluviosidad y la complejidad orográfica hacen de nues-tro país un lugar apto para el desarrollo de los anfibios, entre ellos los anuros o ranas. Esto hizo sospechar a John Lynch, investigador y docente de la Universidad Nacional de Colombia, que el récord de 86 especies, obtenido en Santa Cecilia (Ecua-dor) durante cuatro años, podía ser supe-rado por la capital del Amazonas. Durante tres meses él y su equipo de estudiantes armados de bolsas herpetológicas y linter-nas anduvieron por los alrededores de Le-ticia y encontraron 96 especies de ranas, lo que la convierte en el nuevo lugar que registra el mayor número de especies por área geográfica.
Sin embargo, Lynch cree que realmente en esta zona debe haber cerca de 124 es-pecies, pues entre las 96 encontradas no "cayeron" varias de las que se sabe habi-tan el lugar.
Ranas de altura
Al imaginar una rana, por lo general se piensa en ella sobre una hoja flotante en una laguna o entre los charcos y la hojaras-ca, pero para sorpresa de muchos hay algu-nas que prefieren las alturas. Este sector, por ser considerado durante mucho tiem-po inaccesible, ha sido uno de los menos explorados en el ámbito de los anuros.
Averiguar cómo es la anurofauna de dosel o parte alta de los árboles en Le-ticia, motivó a una de las estudiantes de biología que acompañó a Lynch a realizar su trabajo de grado sobre este tema. Así, mientras sus otros compañeros hacían sus labores en la hojarasca o los charcos, Adriana Lucía Téllez Vargas se las ingenia-ba para explorar la azotea de la selva.
A más de cinco metros de altura, sus pesquisas se circunscribieron a la revisión de bromelias epífitas (quiches), plantas que recogen agua de lluvia formando pe-queños pozos, donde habitan diversos or-ganismos, entre otros, las ranas. Algunas veces, Adriana ascendió hasta las brome-lias por medio de cuerdas; en otras ocasio-nes lo hizo su guía, un Ticuna-uitoto, quien trepó para bajar las plantas en un costal. Además, ella aprovechó que los indígenas estaban talando árboles para sus chagras (áreas de cultivos tradicionales), y revisó el follaje de la vegetación cortada.
En las alturas Adriana atrapó ejempla-res de Syncope carvalhoi, cuyo ciclo de vida y reproductivo eran desconocidos. Aunque estas ranas fueron halladas en el suelo y las características de sus patas no indica-ban que ascendiera por los árboles, Adria-na concluyó que sí lo hacen para dejar sus huevos en las bromelias, donde ex-perimentan la metamorfosis. Ya jóvenes, descienden al suelo, donde continúan su ciclo de vida.
Dos hallazgos más sorprendieron al pro-fesor Lynch y a Adriana. El primero fue en-contrarse en la copa de los árboles con una especie que hasta la realización del estudio no era conocida en el país, solo estaba regis-trada en Ecuador y Perú: Nyctimantis rugiceps. Después de conseguir, durante tres meses, únicamente dos ejemplares hizo que se ca-talogara como una de las especies inusuales de los bosques de Leticia, explica Adriana.
El otro descubrimiento asombroso fue el de cinco ranas de otra especie rara vez hallada en los muestreos de hojarasca, charcos y sotobosque (vegetación de baja altura): Adelophryne adiastola. Adriana se atre-ve a concluir que esta rana vive en las altu-ras y que a eso se debe su escasa colecta en los estratos bajos.
 |
La Phrynohyas venulosa es otra de las especies habitante del dosel.
Foto Adriana Lucía Téllez.
|
Entre charcos y hojas
Mientras Adriana examinaba bromelias, sus tres compañeros se dedicaban a otras tareas. Andrés Duarte buscaba ranas en la hojarasca por medio de una técnica poco utilizada: las trampas de caída.
Entre tanto, David Sánchez capturaba renacuajos en varias fuentes de agua como ríos, charcos y huecos de árboles. Aunque la escasa información que se tiene sobre el estado larval no permitirá que muchos de los renacuajos capturados por David sean identificados, estas pesquisas cobran im-portancia porque marcan el comienzo de una investigación sobre una etapa poco documentada en la vida de la mayoría de especies halladas en Leticia.
Por último, Jonh Jairo Mueses hizo se-guimiento a un sistema de charcos, lo que le permitió conocer la dinámica de repro-ducción de las ranas y poner a prueba dos creencias indígenas.
En las noches en que el croar de las ra-nas se escucha hasta en un kilómetro de distancia, los Ticuna-uitoto dicen que hay "canto de rana": es cuando, según ellos, se reúnen ranas de muchas formas tamaños y colores para reproducirse. También creen que las ranas van a celebrar su cumpleaños en el lugar donde nacieron.
De acuerdo con los datos recolectados por John Jairo, es cierto que en un charco se reúnen cientos de ejemplares, pero éstos no son de todas las especies sino de una sola. La segunda creencia se pudo probar en parte y con ciertas especies considera-das de "reproducción masiva", como es el caso de la Hyla parviceps, de la que es posi-ble encontrar en una noche miles de ejem-plares cantando y reproduciéndose, y a la noche siguiente desaparecen.
Además de sus tareas específicas, Adria-na, Andrés, David y Jonh Jairo se unían a la "cacería de ranas", la cual emprendía en las noches, el profesor Lynch por la selva amazónica.
Y así, este viaje de 90 días por los al-rededores de Leticia sirvió para incentivar en los estudiantes el deseo de investigar y otorgarle a esta ciudad el primer lugar en cuanto a riqueza de ranas en el mundo, y aún más, para enriquecer la colección de anuros del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia.
De las más de 700 especies conocidas en Colombia (el país con la mayor diversidad de anfibios en el mundo), esta colección cuenta con el 95%. Todo un patrimonio bio-lógico que Lynch tiene planeado ampliar, pues la poca exploración en el país hace del mundo de las ranas un amplio terreno por descubrir.
|