UNP No.68
Título : La amistad en el silencio
Autor : Yino Castellanos, Unimedios
Sección: Educación
Fecha : Diciembre 26 2004 |
La amistad en el silencio
La experiencia pedagógica que sobre el autismo viene realizando una escuela de Bogotá y el trabajo en Psicología Social desarrollado en la Universidad Nacional de Colombia, están contribuyendo a entender cómo escolares autistas se relacionan con sus compañeros de clase.
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La expresión de Diana está muy lejos de convalidar la tesis de un infante autista completamente aislado de su entorno social y afectivo. |
Yino Castellanos, Unimedios
Existe la creencia de que los niños au-tistas son incapaces de romper los límites que su propio mundo les impone. Aisla-dos, los infantes vivirían en permanente exilio de una importante región de la rea-lidad social que les circunda. Este enfoque clínico se ha constituido en el paradigma dominante de las ciencias de la salud que buscan comprender este síndrome.
Sin obviar los aportes que desde la clí-nica han hecho prestigiosos autores, los sicólogos de la Universidad Nacional de Colombia, Alejandra Ortiz y Mauricio Mola-no, emprendieron la tarea de investigar en campo, y desde la sicología social, la carac-terización de las relaciones humanas que pueden alcanzar los escolares afectados por este problema con sus compañeros.
El trabajo "Diferencias de compartir la diferencia; relaciones entre pares en una Institución Educativa Distrital, integradora de autismo", se centró en la "observación participante" y en el registro de las pau-tas de comportamiento de los pequeños autistas en relación con los otros escola-res. A partir de esto, se propone imple-mentar un instrumento de evaluación del programa de integración de la escuela. La-bor que permitió a los investigadores un acercamiento a la problemática donde los niños presentaban importantes logros co-municativos.
Entre otros desarrollos, Ortiz y Molano destacan en su trabajo la iniciativa de los niños autistas por buscar la comunicación, algo inaceptable para la ortodoxia clínica. "En el espacio propicio de interacción, al menos el 30% de ellos mostraba interés por relacionarse con sus compañeritos, lo cual cuestiona la idea de que el autista es completamente pasivo ante el estímulo del otro", afirma la sicóloga.
Y complementa, "en algunos casos era evidente que ellos alcanzaban un grado de relación del nombre con la persona, y lograban reconocerla, aunque hubiera pa-sado cierto tiempo, algo muy importante, pues al menos, parcialmente se constituían en interlocutores válidos para sus compa-ñeros". Es decir, el ejercicio de integración revelaba formas inéditas de relacionarse capaces de atenuar el impacto negativo de esta alteración de la conducta en los alum-nos autistas.
Al respecto, el estudio ofrece la posibi-lidad de reinterpretar, a la luz de la sico-logía social, el uso que hacen de los có-digos de comunicación los niños autistas para relacionarse. De esta manera, lo que parecía una actitud brusca u hostil hacia algún compañero no autista, era una for-ma inusual de interacción, de este modo los objetos mediante los cuales se comu-nicaban podían ser cuadernos, dibujos o comida, todos operando como mediado-res del diálogo.
Los testimonios de los otros niños, re-copilados en el trabajo, ratifican el grado de interacción que pueden alcanzar con los autistas. Así, Stephanía, una niña de once años, afirma sobre Gustavo, quien padece el síndrome: "Me comprende, creo; yo le hablo y el contesta. Somos amigos y estudiamos juntos". A su vez, Luis Eduar-do de trece años se pregunta: "¿Por qué le voy a pegar al niño cuando él me pelliz-ca?... No piensa igual a nosotros, no pien-sa cuáles son los peligros, pero nada más nos diferencia".
Estos relatos refuerzan el sentido de la propuesta integradora para personas con diferentes pautas de comportamiento, la cual se inscribe en las experiencias que desde los años setenta propusieron teó-ricos de la antisiquiatría como Basaglia, y que se ofrecen como estrategias para ata-car los fenómenos de exclusión en la po-blación infantil con alguna deficiencia en el aprendizaje.
Silencios compartidos
Los primeros encuentros con los quin-ce niños que compartían clase con los no autistas no fue fácil, pues como anota Mo-lano, "su entorno cercano es muy frágil, y no permitían que personas que no tuvieran una historia con ellos estuvieran cerca. Por esta razón el primer mes fue angustioso".
Sin embargo, y por tratarse de una "ob-servación participante" y etnográfica en la que los investigadores se relacionaron di-rectamente con los niños, y comprome-tieron su labor científica con los valores y aspiraciones de la comunidad donde se realizó el trabajo, al cabo del segundo mes habían establecido relaciones con los pequeños.
Esta metodología, sumada a la aplica-ción del concepto de "condición discapa-citante", que permite revaluar la naturaleza de las limitaciones humanas, referidas no a la persona sino al medio social inadecuado para su condición, facilitó construir un perfil del niño autista, que si bien presenta cua-dros clínicos diferenciados y los problemas de comunicación verbal típicos del síndro-me, alcanza niveles de relación motivados afectivamente que lo integran a la clase.
Mención aparte merece el trabajo ade-lantado por el equipo de profesionales de la escuela República Bolivariana de Vene-zuela, que sirvió de escenario para la inves-tigación. El programa de integración con ni-ños autistas funciona desde 1995, año en que este Proyecto Educativo Institucional (PEI) fue reconocido como el mejor para Bogotá. Casi una década más tarde, la en-tonces escuela Samper Mendoza, hoy "Boli-variana de Venezuela", recibió el premio del Ministerio de Educación en Atención a po-blaciones vulnerables, en la modalidad de Necesidades educativas especiales.
La profesora Janeth Cortés, quien hace parte del programa, enfatiza en la dificul-tad que supuso adaptar los currículos y las estrategias pedagógicas en la institución para lograr que la integración fuera satis-factoria para los niños y los padres. "La au-tocapacitación jugó un papel importante, al igual que la participación de la familia en el proceso socioeducativo", dice. Talleres regulares y actividades de sensibilización complementaron la tarea sicopedagógica de los trece profesionales.
En cada salón de clase por cada tres ni-ños no autistas estudia uno con este cua-dro. El próximo año el cupo se ampliará al bachillerato, lo que desde ya supone un reto mayúsculo. Añade la profesora Cortés: "La filosofía de nuestro PEI, basado en la creación de espacios para vivir la toleran-cia, exige la continuidad del proceso hasta grados superiores".
Una filosofía que le permitió a escolares autistas como Bryan Arley Peña, a sus ocho años de edad, recordar a Alejandra y lan-zar un grito emocionado, llamándola por su nombre, cuando ella, año y medio después de la investigación, regresó a la escuela, y escuchó el afectuoso saludo de un niño que -como Bryan- guarda sus recuerdos en el territorio del silencio.
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