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UNP No.67
Título : La ciudad de en clave de rock
Autor : Paula Andrea Grisales Naranjo
Sección: Ciudad
Fecha : Diciembre 5 2004

La ciudad de en clave de rock

Descubrir las características comunicativas del rock y su mediación en la cultura juvenil capitalina fueron algunos de los propósitos de un estudio lingüístico sobre este género musical.

Paula Andrea Grisales Naranjo, Unimedios


Desde el ámbito underground (subterráneo) en la década del 90 se empezaron a gestar y a reproducir los códigos y las esté-ticas que consolidaron el rock como esfera comunicativa.

Una aproximación semiótica-comunicativa a este género musical a través del grupo 1280 Almas le permitió al lingüista Harvey Murcia Quiñónez, de la Universidad Nacional, averiguar las características comunicativas del rock en Bogotá: cómo se construye el receptor, la manera en que los textos recrean una ciudad imaginada y, en síntesis, los códigos con los que se edifica su semiósfera o universo donde se generan e interactúan significados.

Buscando un oído receptor

Para explicar cómo el grupo y el público (emisor y receptor) interactúan en "la cultura del rock ", Harvey se vale del modelo comunicativo propuesto por el sociólogo Jean Cazeneuve. Aquí se privilegia al receptor, porque da existencia al proceso.

Para Harvey un hecho que demuestra la importancia del receptor es el fracaso inicial del movimiento rockero bogotano a finales de los años ochenta, cuando la falta de público le impidió a los grupos salir del garaje. Los jóvenes estaban en sintonía con el rock, pero no con el local sino con el suramericano. En la Capital "no se había consolidado de forma clara una cultura del rock, pues los receptores estaban atomizados, no compar-tían los códigos de los grupos nacientes y no había comunicación".

Gracias a algunos bares, los grupos tuvieron un espacio de encuentro directo con los jóvenes. En ellos se incubaron los códigos que pusieron en marcha la comunicación, donde empezó el intercambio semiótico a partir de la música, los movimientos y atuendos.

Allí nacieron signos como las "pintas" (vestuario) o un vocabulario particular, que lejos de ser impuestos se validaron en la identidad. Por ejemplo, "Las Almas" propusieron códigos de reconocimiento como el puño arriba, las palabra "alegría" y el gesto de un pescadito con las manos. Después de la constante trasmutación del diálogo artistas-seguidores, estos códigos terminaron por convertirse en "cédulas subculturales", donde se definieron las estéticas de una juventud rockera y underground .

¿Filosofía apocalíptica?

Los bares fueron también el punto de encuentro con la industria cultural. Los grupos tenían los códigos y los imaginarios para convocar la juventud; al descubrirlo, las casas disqueras encontraron el secreto para llegar a ese mercado esquivo, con el cual no había contacto. Esta industria permitió la expansión de los sonidos urbanos del rock y los hizo un producto mediático.

Aunque "Las Almas" han grabado cinco álbumes, se mantuvieron a raya frente a lo masivo. "Para ellos los medios de comunicación son una manera de enajenar al público", explica Harvey, quien ubica al grupo en la categoría de "apocalíptico"; es decir, son desconfiados y pesimistas frente a la tecnología y los medios masivos, según el semiólogo Umberto Eco.

Fue ese apocalipsis el que sedujo a los seguidores de este grupo: su reticencia frente a la fama, la estandarización y la liviandad de las que se acusa a la industria cultural. Además, las letras expresaron percepciones compartidas por un sector de jóvenes capitalinos, pues según Harvey, "el rock reproduce los sueños, las frustraciones, las maneras de vibrar con el entorno y las presenta como alternativa social; crea formas de ver y mantener la ciudad".

Canciones como Soledad criminal, Oh María, La Invasión (del primer trabajo discográfico) y Zona de candela (del último) conservan la misma percepción de la ciudad desde la década del 90. Es un lugar lúgubre, de muerte, destrucción y aniquilamiento. Esta fue la conclusión a la que llegó Har-vey tras analizar la evolución semántica del concepto de ciudad en esas cuatro composiciones.

En Soledad criminal, considerada himno juvenil, la urbe es un espacio de agresión, donde los sujetos son extraños entre sí, "creando el imaginario de desolación. Se entrevé una ciudad con falsedad, mentira y secretos". Una de las figuras que aparece, junto a la enajenación y el olvido, es la violencia, como se expresa en las últimas frases de esta canción:

Alguien grita y llora y nadie entiende...

Alguien corre en la calle peligro mortal...,

y termina apaleado por la policía.

"Este tema manifiesta una ruptura con los esquemas sociales, todo sucede en la oscuridad, donde nadie escucha ni ve. Nadie puede entender", comenta Harvey.

Concierto para transgredir

Después de dos años de indagar en el tema de su trabajo de grado "Construcción semio-lingüística del receptor en la música rock en la ciudad de Bogotá", dirigido por Rubén Darío Florez, Harvey descubrió que el lugar donde confluyen las diversas formas de comunicación de este género es el concierto. "En él se crea la intertextualidad, allí pueden cohabitar tanto la publicidad de la cerveza, de las revistas, de tiendas de discos, como toda la trasgre-sión de la cultura del rock ".

Desde la perspectiva semiótica, Harvey encontró que en los conciertos, como Rock al Parque, la concentración de receptores tiene que ver con su grado de participación: entre más cerca del escenario, más activa es. Por eso el "pogo" ocurre ahí. En este baile los cuerpos se rozan y se golpean para generar trasgresiones espaciales y estados de euforia.

Las pintas de los asistentes, paradójicamente, no siempre están destinadas a la interacción, sino a la construcción de un "ambiente". "La muchedumbre constituye por sí misma el espectáculo".

"Las Almas", sin embargo, están en contra de toda indumentaria. "Nosotros no somos modelos de la industria, por ello no nos pintamos el cabello o nos vestimos extravagantemente", afirma Hernando Sierra, guitarrista de la agrupación bogotana. Su expresión estética es muy urbana, no está relacionada con extremismos ni con estereotipos mediáticos. Música, baile, gestos, palabras y estéticas permiten la comunicación entre sujetos anónimos y desconocidos; así, el rock se erige como un lenguaje de lenguajes por medio del cual se modela una manera de ser joven y, sobre todo, de construir su paisaje citadino, "un instrumento de ciudad para construir ciudad".

Con los cambios que ha sufrido la Capital a raíz del incentivo de la cultura ciudadana y más y mejores espacios públicos, habría que averiguar cómo es la ciudad que imaginan las nuevas generaciones.