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UNP No.66
Título : Evolución: ¿año cero?
Autor : Equipo periodístico, Unimedios
Sección: Tecnología
Fecha : Noviembre 14 2004

Evolución: ¿año cero?

El horizonte tecnocientífico se expande ante los ojos atónitos de algunos pensadores sociales mientras los poshumanistas toman atenta nota de lo que consideran es el principio de la evolución. ¿Estamos ad portas de eliminar la línea que separa la utopía tecnológica de la realidad humana?

 

En la separata de ciencia y tecnología de la revista Time que saludaba la llegada de un nuevo siglo, Marvin Minsky, direc-tor del laboratorio de Inteligencia Artificial del Instituto Tecnológico de Massachus-sets (MIT), advertía que en ninguna parte estaba escrito que la inteligencia humana fuera el punto de llegada del pensamiento. "Es más, creo que nuestra inteligencia se encuentra a medio camino entre el simio y el ordenador".

Llama la atención que la sentencia pro-venga de un lúcido hombre de tecnocien-cia. También Michio Kaku, otro científico solvente, cofundador de la Teoría del Cam-po de las Cuerdas en física teórica, reflexionaba como Minsky: "Es probable que hacia 2050, los robots hayan alcanzado un nivel de inteligencia parecido a la humana. Más adelante las diferencias entre lo humano y lo no-humano, serán cada vez más escasas". Apreciaciones respecto al futuro de la especie.

El escenario de seres humanos con microchips en su cuerpo, sin temor a la vejez ni al dolor, compartiendo su trono en la naturaleza con avanzadas criaturas, podrá aterrar a muchos y preocupar a otros, pero a los miembros de la Asociación Transhumanista Mundial la idea ciertamente los seduce y los impulsa a trabajar.

Según este organismo multidisciplinar creado hace seis años -tres de presencia en América Latina-, la tecnología está alterando profundamente la identidad humana, redefiniendo límites y conceptos sobre el ser individual, y la noción de ente biológico. Por este motivo es necesario pensar los avances tecnológicos y la manera como pueden aportar éstos al desarrollo de un ser poshumano.

"De algún modo ya somos transhumanos, puesto que usamos la tecnología para mejorar nuestra salud y extender nuestras habilidades, aunque recién nos damos cuenta", afirma Santiago Ochoa, cofundador de la Asociación Transhumanista Venezolana. "En 40 años habremos alcanzado el estado poshumano al perder todos nuestros remanentes biológicos", agrega.

Implantes, clonaciones, manipulación de material genético, parecieran dar la razón a los transhumanistas que como Ochoa, prevén un mundo sin dolor, sin vejez, incluso, los más osados, sin muerte. Sin embargo, ante el declive de la utopía política, es necesario tomar precauciones ante la utopía tecnocientífica.

Más allá de lo humano, ¿habrá humanidad?

 

Según los poshumanistas, nuestra especie no representa el fin de la evolución, sino el principio, dado que el desarrollo tecnológico permite avizorar la transformación radical de nuestros cuerpos biológicos, para potencializarlos y expandir sus capacidades, superando lo que los poshumanistas consideran limitaciones como la enfermedad y la vejez.

Además, es necesario señalar que el proceso tecnológico es irreversible y avanza, como argumenta Regis Debray, "borrando sus huellas". En esta medida, y siguiendo la dinámica de la ley de Moore, según la cual cada 18 meses, mientras se disminuye el tamaño de los soportes ma-teriales que usan silicio se duplica su capacidad, parece ineludible que en algún momento del presente siglo la tecnología aplicada en los campos de la medicina y la inteligencia artificial (IA), sirva, en el primer caso, para ralentizar el reloj biológico, y en el segundo, para superar la capacidad de procesamiento de información de los cerebros humanos.

Ante este inquietante panorama se reviven las distopías futuristas consignadas por autores como Aldous Huxley en Un mundo feliz , en la que los niños son concebidos en laboratorios y predestinados a vivir en un mundo con cárceles sin muros, donde la esclavitud será amada, y el libre albedrío, curiosidad de bibliotecario.

Un mundo previsto por la ficción y propuesto como tema de reflexión no solo por los mismos poshumanistas, sino por pensadores como Martín Heidegger, quien en su ensayo Serenidad llamaba la atención sobre la omnipresencia del pensamiento cientifista, en detrimento de otras formas de conocer como la poética.

Así mismo, Orlando Mejía Rivera, profesor asociado de la Universidad de Caldas, en su ensayo De clones, cyborgs y sirenas , advierte lacónicamente que la racionalidad tecnocientífica "nunca buscó el desarrollo de lo humano, sino la superación de la humanidad". Por esta razón ante la euforia poshumana del discurso tecnocrático, "es necesaria la construcción de un nuevo lenguaje y de una nueva manera de pensar". Esto porque, según Rivera, "la tecnociencia está revestida del silencioso poder del mito, es obnubilante ".

El debate está abierto y los primeros interesados en promoverlo son los propios poshumanistas. El profesor Hernando Ramírez es investigador de la Universidad del Bosque, en el área de sistemas y miembro del capítulo colombiano de la Asociación. Él respalda los valores y métodos tradicionales del humanismo como la educación, la libertad y la tolerancia, pero siempre utili-zando el progreso científico como el punto de partida para el mejoramiento de la calidad de vida y con la premisa de que no somos el fin de la evolución.

Sin embargo, es bueno recordar que no más del 5% de la población mundial tiene acceso a Internet, que la clonación aún está en su infancia y que ante los desafíos de la IA, el filósofo Karl Popper señalaba que conocía ordenadores que eran capaces de "resolver muchos problemas pero no conocía el primero capaz de plantear uno".

Por otro lado, la nanotecnología, es decir la manipulación de la materia a nivel molecular, uno de los ejes de la revolución tutelar del movimiento, está en ciernes, si bien antes de 30 años se prevén avances espectaculares; por ejemplo, la creación de agentes bioelectrónicos que serían instalados en el cuerpo, y que servirían para tratar enfermedades cuando los nanobots sean capaces de autoreproducirse como cualquier célula biológica.

"Estamos entrando en una era totalmente nueva de la historia", afirma Ramírez. El trabajo teórico está adelantado, y al parecer el poshumanismo, entendido como la aceptación irrestricta de los avances tecnológicos y la confianza en los mismos para avanzar hacia un mundo distinto, sin los límites que impone la biología, se convierte en eco de lo "no-humano que desde siempre nos habitó", como resume en su análisis el profesor Orlando Rivera.

Reflexiones, interrogantes y dudas que lentamente irán copando las agendas de los pensadores y los gobiernos, mientras en algún lugar se elevan otros altares, quizá pidiendo un freno al impredecible desarrollo tecnológico que con taimada certeza cierra el círculo.