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UNP No.66
Título : Afrocolombianos: "años sin cuenta"
Autor : Claudia Mosquera Rosero-Labbé
Sección: País
Fecha : Noviembre 14 2004

Afrocolombianos: "años sin cuenta"

La pregunta étnica en el Censo de Población y Vivienda que se adelantará en el país el próximo año, es una nueva oportunidad para aproximarse a la realidad étnico-racial y cumplir con los compromisos internacionales suscritos por Colombia frente a las comunidades afrocolombianas.

Foto : Cortesía de Plan Nagua

Claudia Mosquera Rosero-Labbé*

Durante los últimos años en América Latina y el Caribe, grupos organizados de afrolatinoamericanos y afrocaribeños se han apropiado de la memoria histórica como vehículo de reivindicación política y de ciudadanía inclusiva en el ámbito de los remozados estados pluriétnicos y multiculturales. Esas comunidades contribuyeron a propiciar el reconocimiento dado por algunos estados a las diversidades étnico-raciales y a la reconstrucción simbólica de sus naciones, mediante los cambios constitucionales de finales de 1980 y principios de 1990. En la actualidad, claman por ir más allá de las buenas intenciones, de lo pura-mente simbólico, y demandan políticas públicas inclusivas para salir de las situaciones de inequidad, a la cual se asocian con los peores indicadores económicos y sociales, al escaso reconocimiento cultural y la inaccesibilidad al poder político.

El censo de 2005

Colombia es uno de los tantos países que no posee información confiable sobre pertenencia étnico-racial, a pesar de los esfuerzos del Departamento Nacional de Estadística (Dane) por capturar estos datos desde el censo de 1993 y en la encuesta de hogares de 2000 y 2003. El censo del próximo año se presenta como una nueva oportunidad para dar cuenta no solo del número de afrocolombianos, sino de indígenas, raizales y gitanos en el país. Nos colocará de nuevo en la reflexión sobre cómo compartir el pasado creando un futuro juntos, que materialice la Constitución de 1991 en la vida cotidiana.

Con el Censo 2005, el gobierno colombiano debería responder por los compromisos adquiridos en la tercera "Con-ferencia mundial contra el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia" (de Dur-ban), que instó "a los estados a que recojan, recopilen, analicen, difundan y publiquen datos estadísticos fidedignos a nivel nacional y local, y a que tomen todas las demás medidas necesarias para evaluar periódicamente la situación de los indi-viduos y los grupos que son víctimas de racismo, discriminación racial, xenofobia y formas conexas de intolerancia". Además, en septiembre de 2003 con ocasión de la visita del señor Doudou Diéne, Relator Especial de Naciones Unidas para Asuntos Étnicos, el gobierno colombiano ratificó el compromiso de crear un sistema de información para los afrocolombianos.

La actual dirección del Dane no puede desconocer estos acuerdos, ni el trabajo que después del censo de 1993 realizaron distintas organizaciones afrocolombianas para que el Censo de Población y de Vivienda incluya la variable étnica. Muestra de ello fueron los eventos "Todos conta-mos" de Cartagena 2000 y Perú 2003.

Memoria y exclusión social

Tanto en Colombia como en el resto de países de la región, las exclusiones y las marginalidades a los afrodescendientes se sustentan en las jerarquías sociorraciales existentes. Es de señalar cómo los cuadros directivos de las instituciones, quienes por medio de un cuestionado "pa-trimonialismo" de cargos públicos, fungen de guardianes del orden sociorracial de marras e impiden cambios sociales y culturales reales.

En varios países latinoamericanos y caribeños conviven grupos sociales que tienen como base la fortuna o la desgracia genealógica que, en el caso de los afrocolombianos, se refiere a la impronta humana de origen africano que sigue recordándonos la inserción de nuestro país en la "trata transatlántica", hoy considerado "crimen de lesa humanidad". Pese a la abolición de la esclavitud, la población negra no hizo parte integral y masiva del proyecto de Nación que comenzó a construirse con la Independencia de España. La desgracia genealógica impide la igualdad de oportunidades en los afrocolombianos y hace olvidar que la Nueva Granada tuvo mano de obra esclavizada, que sus descendientes -en vez de ser admirados por haber aportado conocimientos, saberes y traba-jo para erigir esta Nación- son quienes viven en las peores condiciones de todos los colombianos, con altos índices de ne-cesidades básicas insatisfechas. Olvidarlo nos haría cómplices de un "crimen contra la memoria".

La rigurosa investigación del Banco Mundial Inequality in Latin America and the Caribbean: Breaking with History? (La des-igualdad en América Latina y el Caribe: ¿romper con la historia?) acaba de darle la razón a los movimientos sociales étnico-raciales de la región. La cuestión de la desigualdad social como obstáculo para la reducción de la pobreza puede leerse en clave étnico-racial. Según el estudio, la situación en 20 países, que cubrió a 3.6 millones de personas, llama la atención sobre los hábitos de exclusión naturalizados que se observan en la política, la cultura y lo social, heredados de La Colonia española y portuguesa.

La investigación muestra que las poblaciones indígenas y afrodescendientes están en desventaja considerable con relación a los blancos; ocupan el lugar más bajo de la pirámide estratificada. En la cúspide están generalmente blancos, quienes también reciben los salarios más altos de la región. En siete países -Bolivia, Brasil, Chile, Gua-temala, Guyana, México y Perú-, los hombres indígenas tienen ingresos 35% a 65% más bajos que los blancos. La disparidad entre mujeres blancas y no blancas se situó en la misma franja. En Brasil, el salario de los hombres y de las mujeres afrodescendientes es 45% inferior al de sus contrapartes blancas.

La inclusión social y cultural de los afrocolombianos tiene muchas aristas. La guerra que vive el país, que da lugar al drama del desplazamiento forzado y a prácticas genocidas como la ocurrida en Bojayá, hace imperativa la reflexión sobre la compleja situación de injusticia social en la cual viven.

Carlos Rosero, líder del Proceso de Comunidades Negras (PCN) sostiene que después de haber sido desplazados de África, de reconstruir parcialmente su cultura de origen, de recrear nuevas significaciones; de haber tejido un frágil sentimiento de pertenencia a la Nación en condiciones de marginalidad impuestas, la población afrocolombiana es hoy víctima de un desplazamiento masivo que recuerda la época de la esclavización: dolor, rompimiento de lazos familiares, imposibilidad de poseer y conservar bienes, de construir una memoria reciente, sufrimiento generalizado hacia mujeres, infantes, hombres, adolescentes. Todo esto aporta nuevos y urgentes elementos de reflexión sobre la memoria histórica y la justicia social contemporánea. En los afrocolombianos confluyen los vejámenes de un pasado de esclavización que aún tiene heridas abiertas y las arbi-trariedades del conflicto de hoy que han convertido sus territorios en premio para los señores de la guerra, los traficantes de drogas y armas, y los empresarios de palma africana.

Así las cosas, estaremos atentos a que el Dane cuantifique la "esencialización" de la etnia afrocolombiana en la escala más baja de los indicadores sociales y su inaceptable calidad de vida. Queremos saber las cuentas para demostrar que la exclusión de los afrocolombianos no es "puro cuento".

* Candidata Ph.D . Universidad de Laval (Canadá). Investigadora del Grupo de Estudios Afrocolombianos y profesora del Departamento de Trabajo Social de la Universidad Nacional de Colombia.