UNP No.66
Título : Pensamiento económico en evolución
Autor : Yino Castellanos y Nelly Mendivelso, Unimedios
Sección: Entrevista
Fecha : Noviembre 14 2004 |
Pensamiento económico en evolución
Como una alternativa al programa económico establecido en el Consenso de Washington reaparece en los foros de discusión la Teoría Económica Evolucionista. Sus autores Sidney Winter, Stan Metcalfe y Richard Nelson, este último nominado al Premio Nobel de Economía, estuvieron en la Universidad Nacional de Colombia exponiendo sus ideas sobre esta teoría, la más crítica al modelo económico dominante.
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Richard Nelson.
Foto Guillermo Flórez |
Yino Castellanos y Nelly Mendivelso, Unimedios
Hace unos días, numerosas personalidades del mundo económico, empresarial y social se reunieron en la ciudad de Barcelona (España) para discutir sobre el comercio justo y los agentes del cambio global, ante el fracaso de las reformas neoliberales implementadas durante la última década, especialmente por los países en vía de de-sarrollo como Colombia.
Las conclusiones apuntaron a la necesidad de replantear las premisas del modelo económico actual, dadas las crisis sociales que acentúan cada vez más la distancia entre países ricos y pobres.
Como una corriente de pensamiento alternativo, resurge la Teoría Económica Evolucionista, diseñada como una línea de investigación formal de la actividad económica, guiada por los procesos de innovación industrial y aprendizaje, según uno de sus pioneros, el profesor de la Universidad de Columbia, Richard Nelson.
No se trata de una teoría económica más, sino de un cambio en la manera de pensar. Incluyente y heterodoxa, que de acuerdo con uno de sus impulsores, el profesor de la Escuela de Economía de la Universidad Nacional, Iván Darío Hernández, "habilita para llevar a cabo una proyección más consecuente de nuestras metas, pero sin tornar la obtención de resultados en nuestro motivo único ni ulterior".
En esa medida, mientras la escuela neoclásica se preocupa más por alcanzar un estado de equilibrio en el cual las condiciones del mercado deben ser perfectas, los evolucionistas defienden trayectorias acordes con el propio desarrollo económico de cada nación. "El evolucionista se concentra entonces en el recorrido idiosin-crásico de cada país, de cada cultura", reitera Hernández.
Por ejemplo, la cultura calvinista de los países nórdicos influyó en la concepción de un hombre nuevo de negocios cuyo objetivo era vivir y trabajar antes que acumular riqueza. De esta manera la forma de trabajar, la cultura, primaba ante la ansiedad de lucro, "el dinero venía por añadidura". En contraste, en el caso español, el "oro fácil" proveniente de las colonias generó hábi-tos contrarios: poca creatividad y dinamismo en la actividad productiva.
Estos elementos culturales, aunque importantes, no determinan la compleja realidad económica de un país. Vale la pena anotar que, para el evolucionismo no existen fórmulas preestablecidas, ya que cada nación elabora su propio desarrollo. Asunto olvidado tras el totalitarismo teórico neoliberal, que pretendió igualar a todos los países bajo un mismo esquema de desarrollo.
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El "milagro asiático", el fenómeno socioeconómico más importante de la segunda mitad del siglo XX, mostró la relevancia de las "tecnologías sociales" en el proceso de desarrollo.
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Colombia inspiró el evolucionismo
Aunque marginado del debate, el evolucionismo económico mantuvo una presencia intelectual importante en Europa, aún cuatro décadas después de concebido. Fue en los años sesenta, cuando Richard Nelson, inspirado en el desarrollo industrial colombiano, paradigma latinoamericano de prosperidad en aquel entonces, pensó en el evolucionismo como una interpreta-ción viable para explicar dicho desarrollo.
Este primer análisis lo llevó a comparar la economía colombiana con la norteamericana, encontrando elementos comunes, que aparecen registrados en la revista económica más importante de los Estados Unidos: American Economic Review. Años más tarde, el profesor Nelson junto a Sidney Winter, destacado pensador evolucionista, publicó su libro clásico: Una teoría evolucionista del cambio económico (1982). Trabajo que, con las mismas bases conceptuales, le permitió a Nelson enfocar su atención en el este asiático.
En esa región del mundo, el portentoso desarrollo tecnológico ilustra una manera específica de concebir el crecimiento económico, distinto al emprendido por otras naciones que como en el caso colombiano no lograron identificar su propio derrotero productivo. Las consecuencias se reflejan en los índices de desarrollo.
"En Colombia la urgencia en la búsqueda de resultados muchas veces nos aleja de los problemas realmente importantes concernientes a los procesos y su evolución. Reemplazamos la historia y el aprendizaje por la estricta obtención de resultados", reflexiona el profesor Iván Darío Hernández.
De ahí que la academia colombiana haya decidido presentar al país a los precursores de esta alternativa, cuyo trabajo contribuye al análisis de las condiciones económicas de la nación. "Renunciamos a las perspectivas amplias e integrales por resignarnos con 'fotografías' de la realidad. Es decir, nos terciamos por el análisis estático y descontextualizamos, de esta manera, la raíz de los problemas. Por eso no creo que nuestro gran defecto esté en sufrir de una visión cortoplacista. Es más que esto: lo urgente no nos deja tiempo para lo importante", agrega Hernández.
Richard Nelson, candidato al Premio Nobel de Economía, vuelve cuarenta años después al país que lo inspiró, para proponerle al mundo una alternativa de pensamiento económico. UN Periódico habló con este intelectual que visitó la Universidad Nacional durante el seminario "Economía evolucionista e institucional, ¿una alternativa?" organizado por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional en asocio con las universidades Externado de Colombia y Autónoma.
UN Periódico: Uno de los fenómenos socioeconómicos que motivó la concepción de la teoría evolucionista fue el crecimiento económico de América Latina en los años sesenta. Usted se centró en el caso colombiano y lo comparó con el norteamericano. ¿Por qué?
Richard Nelson: Cuando trabajaba en la corporación Rand, que es un centro de investigación en California, muchos jóvenes estábamos interesados en investigar sobre desarrollo económico. En ese momento mi interés particular era Latinoamé-rica y en especial Colombia; coincidencialmente también era el de la Agencia para el Desarrollo Internacional (ADI), entidad que financió el proyecto. La razón para hacer la comparación con Estados Unidos en el índice de productividad, era porque mis colegas y yo estábamos interesados en hacer un Bench Marking (punto de referencia) que permitiera evaluar la industria colombiana. En ese tiempo la mayoría de industrias estadounidenses tenían una productividad parecida a la del resto del mundo. La comparación nos llevó a reconocer, a medida que obteníamos mayor y mejor información sobre Colombia, que había una gran dispersión en la productividad de la industria colombiana; algunos sectores te-nían altos niveles y otros no. Esta dinámica mostraba que había firmas de tipo más moderno desplazando a la industria tradi-cional, cuyos niveles de productividad eran más bajos. Así se revelaba la particularidad y el desarrollo de cada economía.
UNP: Si el nivel de desarrollo colombiano iba por buen camino, ¿qué pasó?
RN: No podría afirmar categóricamente lo que ocurrió, puesto que cada nación sigue su propia vía de desarrollo. Luego, me concentré en otros estudios y no he visto personalmente lo que ha pasado en Latinoamérica en los últimos años. Yo pienso que esta pregunta debería hacérsela cada país.
UNP: Usted además estudió el desarrollo económico del este asiático, junto a H. Pack. ¿Qué aspectos de este desarrollo llamaron su atención y cómo podrían los países latinoamericanos encontrar respuestas de este caso?
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Un trabajo alternativo, con referencias darwinistas, presentaron los pioneros de esta corriente de pensamiento, invitados por la U.N.
Foto Guillermo Flórez
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RN: La razón por la cual estudié el este asiático es porque fue y todavía es un caso sobresaliente y una historia exitosa de desarrollo de la industria manufacturera. Mientras estudié a Corea y Taiwán encontré un número de economistas interesados en este mismo fenómeno. Estos países experimentaron un rápido aumento de su economía durante los años de la Guerra Fría, y dejaron a los demás países asombrados tratando de encontrar la fórmula secreta que les sirviera para crecer a pasos agigantados. Pero efectivamente no se trata de fórmulas. Quizá, parte de este crecimiento se podría explicar porque en los setenta los países asiáticos perfeccionaron nuevas tecnologías en las que no tenían mucha experiencia, lo que llevó a una nueva forma de organización económica y desarrollo de habilidades.
UNP: Usted también desarrolló con B. Sampsat y K. Nelson la idea de que detrás de los sistemas nacionales de innovación está la coevolución entre las tecnologías físicas y las sociales. ¿Cuál es la relación de esta idea con el desarrollo?
RN: Por tecnologías sociales Sampsat y yo queremos llamar la atención sobre formas de hacer las cosas que son muy importantes en la vida económica y que no están dominadas por la maquinaria o por clases particulares de artefactos. De otro lado, queremos hacer énfasis sobre las formas de gerenciar procesos, modos de organizar el trabajo, la manera como universidades y laboratorios estatales trabajan los mecanismos normativos y asuntos de ese estilo. Y si uno mira el proceso de desarrollo o de crecimiento económico, en general, es muy claro que los cambios en lo que hemos llamado tecnologías sociales, juegan un papel extremadamente importante junto con los cambios en las tecnologías físicas. Sampsat y yo argumentamos en un documento que estos cambios tienen que ir de la mano.
UNP: Se está discutiendo en el mundo la necesidad de un cambio de paradigma económico. ¿La Teoría Económica Evolu-cionista es una alternativa?
RN: Yo sí creo que lo sea. Y no sólo es mi teoría. Varias personas en economía tienen ese punto de vista y lo han venido desarrollando por varios años. Sidney Winter y yo en el libro Una teoría evolucio-nista del cambio económico, (1982), dijimos que lo que estábamos haciendo era desarrollar ideas que ya estaban en el pensamiento económico hace muchos años y que van más en consonancia con lo que pasa en la vida económica de las personas que los presupuestos del pensamiento neoclásico. De pronto dan una idea más general los contenidos consignados en la página web Globalics , orientada hacia la economía evolucionista y la noción de los sistemas nacionales de innovación. Esta es una red que funciona desde hace tres años y que supone compartir conocimiento e información. Muchos académicos de Latinoamérica y las personas que estamos atendiendo dicha red, pensamos que efectivamente desarrollamos una alternativa al paradigma neoclásico de Washington.
UNP: ¿Cómo le puede servir Globalics a Latinoamérica?
RN: Globalics promueve una visión evolucionista con una tendencia institucionalista y es lo suficientemente amplia para estructurar una visión distinta del mundo económico a la teoría estándar económica. Es una visión amplia y flexible. Mi punto de vista es que puede ayudar a resolver problemas dependiendo de los análisis de los científicos sociales.
UNP: ¿Usted considera que estamos ante un cambio de paradigma económico?
RN: Yo creo que sí, aunque no estoy muy seguro. Muchos economistas y científicos sociales alrededor del mundo están muy atraídos por este cambio y están incursionando en él. Ahora, si usted me pregunta si han cambiado mucho
los posgrados de economía de las universidades más importantes de Estados Unidos y en la concepción de sus principales líneas de investigación, la respuesta es no. Ellos se mantienen en un núcleo neoclásico muy fuerte.
UNP: ¿La teoría evolucionista puede ser aplicable en cualquier contexto socioeconómico?
RN: No creo que mi teoría aplique a todos los lugares del mundo. Lo que creo es que el cambio económico se lleva a cabo mediante un proceso que involucra innovación; muchos intentos que fracasan y algunos que tienen éxito. Las estructuras institucionales amplias de los países, la naturaleza de las firmas, las características de las universidades y de los gobiernos, son las variables claves que pueden alimentar el cambio idiosincrásico de un país. Esta es en realidad una propuesta que puede ser útil.
Así, el lugar de la economía ortodoxa como la corriente del pensamiento económico más influyente en las universidades, centros de investigación y diversas instancias de política económica del país, hoy es cuestionada. Existe la creencia entre la mayoría de investigadores, académicos, profesores y estudiantes, de que la economía evolucionista e institucional es una co-rriente en decadencia en el mundo, pero no es así; se ha consolidado vertiginosamente en los últimos treinta años, de manera tal que se constituye ahora, no solo en una fuerte línea de investigación, sino en una corriente del pensamiento económico alternativo. Cuenta con sus propias revistas especializadas, centros de investigación, apoyo financiero de diversos Estados y empresas multinacionales, programas de doctorado y facultades de economía y administración.
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