UNP No.66
Título : Cuatro años más de Al Qaeda
Autor : Paul Rogers
Sección: Internacional
Fecha : Noviembre 14 2004 |
Cuatro años más de Al Qaeda
La hábil retórica y el contenido político de alto voltaje del último mensaje en video de Osama ben Laden representa una potente amenaza para el recién reelegido presidente Bush.
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Tras el triunfo de George W. Bush, los expertos se preguntan¿seguira otro cuatrienio de guerras preventivas y de causa islámica global?
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Paul Rogers*
Al acercarse el gobierno de Bush a su segundo mandato tras las elecciones del 2 de noviembre, el periodo entre este momento y la posesión presidencial va a ser importante por dos razones bastante diferentes: políticas y militares.
La primera es la composición del nuevo gabinete, y especialmente el hecho de que Colin Powell y Donald Rumsfeld retengan o no sus cargos. Los nuevos nombramientos indicarían claramente el poder real de los neoconservadores; lo más posible es que el vicepresidente Dick Cheney conserve suficiente poder para asegurar un gabinete al gusto de la comunidad neoconservadora de Washington.
La segunda es el decidido esfuerzo que las fuerzas estadounidenses harán para contener a la insurgencia iraquí en el poco tiempo previo a las elecciones de finales de enero de 2005. Solo durante los últimos días ha habido una serie de graves incidentes: el asesinato del vicealcalde de Bagdad y de un alto empleado del minis-terio del petróleo; sabotajes importantes a las instalaciones petroleras; una bomba cerca del ministerio de educación que mató a ocho personas; y numerosos secuestros. Todo esto fuera de los frecuentes ataques sangrientos contra las fuerzas de Estados Unidos, de la policía y las fuerzas de seguridad iraquí.
En respuesta habrá una intensa acción contra las ciudades de Fallujah, Ramadi y Samarra, que ya empezó en la primera, ocasionando los mayores bombardeos, en preparación del terreno para la ofensiva final, al día siguiente de las elecciones.
Fuera de Irak, se presentaron tres manifestaciones de los grupos insurgentes clara-mente vinculados a Al Qaeda. En el sur de Tailandia, un líder de una aldea fue asesinado en venganza por la muerte por asfixia de 78 detenidos musulmanes (y la muerte violenta de otros siete). Al día siguiente, en cuatro ataques separados, fueron asesinados dos policías, un empleado del gobierno y cuatro civiles. En Filipinas hubo enfrenta-mientos entre las tropas del gobierno y las milicias del Frente Moro de Liberación Islámica (Fmli), justo antes de las proyectadas conversaciones de paz pensadas para consolidar una tregua de dos años.
Pero quizás el desarrollo más importante fue la difusión de la transcripción completa del mensaje televisivo de Ben Laden. La versión recortada que mostró Al Jazeera en el fin de semana anterior a las elecciones en Estados Unidos tuvo mucha publicidad y puede haber ayudado a George W. Bush. Sin tener en cuenta los titulares, la versión completa es notable por varios sutiles elementos.
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Desde la época de la guerra de Vietnam, George W. Bush ha utilizado el discurso bélico como estrategia de posicionamiento político.
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Un sermón político
En el mensaje, Osama ben Laden ostentó un aspecto casi de autoridad, al usar un atril y desechar el uniforme de camuflaje y cualquier clase de arma. Junto con la condena directa al presidente Bush y las acerbas críticas a las élites árabes, se refirió en forma mordaz a la invasión israelí del Líbano y a Beirut occidental en 1982. Esta última referencia en particular encuentra eco en el público árabe al vincular la destrucción de los edificios altos de Beirut, como parte de una larga acción militar durante julio y agosto de 1982 en la que murieron 10.000 personas, con la destrucción de las torres del World Trade Center en 2001.
Se trata de una vinculación retórica doblemente hábil. En primer lugar, la conexión retrospectiva de los Estados Unidos con la operación israelí en el Líbano en 1982, que aquel había apoyado tácita-mente; así trata Ben Laden de establecer que el tan cacareado eje estadounidense-sionista lleva décadas de existencia, y que por tanto los ataques del 11/9 fueron una respuesta más que razonable frente a una alianza que ya era evidente hace más de veinte años.
El segundo elemento es que tanto los Estados Unidos como Israel fueron "derrotados" en los meses y años que siguieron a la campaña de 1982. En 1983, murieron 241 marines en un ataque suicida a sus barracas en el aeropuerto de Beirut; y para 1985, las fuerzas armadas israelíes tuvieron tantas dificultades para controlar el sur del Líbano, frente a las acciones de la guerrilla Hezbollah, que se retiraron de la mayor parte del territorio que habían ocupado.
Más allá del vínculo entre los Estados Unidos e Israel, la transcripción completa de la intervención de Ben Laden contiene una amplia presentación del pensamiento y las políticas de Al Qaeda. El gran esfuerzo de su líder por parecer casi razonable, si no un verdadero estadista, se refleja en sus referencias a las entrevistas que concedió a la CNN y a la revista Time a mediados de la década del 90.
De más peso es la relación que establece entre las guerras de Irak de 1991 y la de 2003, al poner en un mismo saco las acciones del presidente Bush y las de su padre, y describir el fin del régimen de Saddam Hussein como la instalación de "un nuevo títere para que ayude en el robo del petróleo iraquí".
Aquí como en otras partes, el texto se relaciona en forma estrecha con eventos y actividades del mundo occidental. Cita unas conferencias en el Instituto Real de Asuntos Internacionales; ofrece datos de muertes de civiles reunidos por el Iraq Body Count ; incluso, recuerda que muchos per-sonajes occidentales sostuvieron que Bush hubiera podido lograr la eliminación de las armas de destrucción masiva mediante el proceso de inspección, "pero la oscuridad del oro negro nubló su visión y su comprensión, y le dio prioridad a los intereses privados a costa del interés público de los Estados Unidos". El tema de la guerra por el petróleo lo repite después y lo vincula a las pérdidas humanas en la guerra de Irak: "Así que os digo que más de 15.000 personas de nuestro pueblo murieron y decenas de miles fueron heridas, mientras que más de 1.000 de los vuestros han muerto y más de 10.000 han sido heridos. Y las manos de Bush están entintadas de la sangre de los muertos de ambos bandos, todo en nombre del petróleo y de las arcas de las compañías privadas".
Hay otros aspectos relevantes en el texto, sobre todo el énfasis en el severo costo de la guerra para los Estados Unidos. El conflicto puede ser muy productivo para las corporaciones privadas, pero Ben Laden alude con mordacidad al creciente déficit federal, sosteniendo aparentemente que uno de los objetivos de Al Qaeda es arruinar a los Estados Unidos infligiéndole costos exorbitantes en su guerra contra el terrorismo.
En una de las partes más interesantes de todo el texto, parece incluso burlarse de Washington, presentándole al gobierno y al ejército de Bush blancos imaginarios con el fin de agotar sus recursos:
"Todo lo que hemos mencionado ha sido facilitado por nosotros para provocar y hostilizar a este gobierno. Solo tenemos que mandar dos mujaidines a un sitio remoto del Oriente con un trozo de tela en el que esté escrito 'Al Qaeda', para hacer que sus generales acudan allí velozmente y así lograr que Estados Unidos tenga pérdidas humanas, económicas y políticas sin lograr hacer nada digno de mención, salvo algunos beneficios para sus compañías privadas".
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A George Bush le conviene presentar una imagen poderosa de Al Qaeda para mantener su foco de ocupación en Irak. |
La difusión de la marca "Al Qaeda"
Aunque las declaraciones de Ben Laden están relacionadas con con los Estados Unidos, tal vez su aspecto más importante es la revelación del deseo, y tal vez de la necesidad, de que Al Qaeda adopte nuevas causas. El énfasis en Israel y el Líbano, por ejemplo, implica un apoyo indirecto, si no tácito, a la causa palestina y al Hezbollah en el sur del Líbano. Ni este pueblo ni este grupo han apreciado mucho a Al Qaeda, pero Ben Laden continúa tratando de sugerir un vínculo con ellos ante el publico islámico general.
También es significativo que Ben Laden esté recalcando la relación entre la guerra de Irak y el control de sus recursos petroleros. Se trata de un reflejo de los esfuerzos constantes del gobierno de Bush por dar realce a la participación de milicias extranjeras en la insurgencia iraquí, incluso sin pruebas contundentes. Es evidente que Ben Laden desea hacer exactamente lo mismo, para demostrar la presencia de Al Qaeda en el tema de relaciones exteriores que tiene más impacto en los medios estadounidenses.
Es posible que Al Qaeda sea más una red floja de afiliados motivados por una ideología religiosa que una organización con una estructura coherente, una jerarquía precisa y una estrecha coordinación cotidiana. Contrarrestar mediante tácticas tradicionales antiterroristas una entidad de esta clase es extremadamente difícil. Se requiere, en cambio, una comprensión de los factores que sustentan el apoyo a estas ideas, que se están volviendo cada vez más comunes en todo el Medio Oriente, y en otras partes del mundo.
Por diferentes razones, sin embargo, ambos "bandos" necesitan presentar una imagen de Al Qaeda como una organización poderosa, unificada y eficaz. Osama ben Laden tiene que demostrar su poder y autoridad, George W. Bush la necesita como foco de su ocupación de Irak. En cierto sentido, se necesitan mutuamente. La reelección del presidente Bush es sin duda importante para las relaciones internacionales durante los próximos cuatro años. También, a su modo, lo es el video de Ben Laden.
*Profesor de estudios sobre la paz en la Universidad de Bradford, Inglaterra. Publicado por la Universidad Nacional de Colombia con propósitos pedagógicos y bajo licencia académica de openDemocracy. Traducción de Nicolás Suescún. Internacional A George Bush le conviene presentar una imagen poderosa de Al Qaeda para mantener su foco de ocupación en Irak.
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