UNP No.65
Título : La isla "maldita"
Autor : Equipo periodístico Unimedios
Sección: Universidad
Fecha : Octubre 24 2004 |
La isla "maldita"
La peligrosidad de los internos de una de las prisiones más famosas y temidas en Colombia, la Isla Prisión de Gorgona, fue puesta en duda por una investigación histórica, que la muestra como otro de los sofismas del pacto del Frente Nacional para legitimarse.
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Detalle de la Isla Prisión Gorgona, hoy en ruinas. La fotografía fue tomada en 1989. |
Equipo periodístico Unimedios
Dos hombres ejemplares eran Eugenio Sánchez y Argemiro Henao. Durante el tiempo de su detención en la Cárcel de Manizales, Eugenio nunca intentó fugarse ni participó en planes de evasión; incluso su conducta era calificada como clase "A" o de "Mérito". Por su parte, Argemiro, que había estado en la Cárcel del Distrito Judicial de Pereira y en la Penitenciaría Nacional de Palmira, demostró estar rehabilitado y listo para reintegrarse a la sociedad al punto que obtuvo, en varias oportunidades, permisos hasta de un mes para trasladarse a Pereira y Palmira con el fin de atender a su esposa enferma. Hay que resaltar que siempre regresó a su lugar de reclusión en los plazos establecidos.
Paradójicamente, como premio a sus intachables conductas, ambos fueron trasladados a la Isla Prisión Gorgona justo antes de alcanzar la libertad. Aquélla era, supuestamente, el lugar de reclusión de los sujetos más peligrosos y violentos del país. Contradicciones como ésta ponen en duda la modernización del sistema carcelario colombiano, puesta en marcha durante la década del 60.
Nuestra versión de Alcatraz (Estados Unidos) o de la isla Robben (Sudáfrica) tiene la fama de haber albergado a los criminales más peligrosos del país, pero ¿fue lo que se propuso ser?, ¿quiénes eran en realidad los prisioneros de esta isla prisión?, "¿las bestias feroces, los criminales salvajes, los entes vesánicos a quienes se les encerraría en una isla para alejarlos de la sociedad colombiana víctima de sus atrocidades?". Esto fue lo que se preguntó en su tesis de grado, "Encerrado y aislados en la isla de "los violentos": la isla prisión de Gorgona, 1959-1975" Nestor Raúl López Vanegas, historiador de la Universidad Nacional. Averiguarlo le implicó internarse en el archivo central del Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec) durante un año para demostrar que este tipo de registros, poco examinados desde su disciplina, posibilitan la comprensión de un momento histórico definido, en este caso la época de La Violencia, además de la segregación de ciertos grupos humanos.
La impunidad del pacto
Tras la dictadura militar de Gustavo Rojas Pinilla se firmó el Frente Nacional, que supuestamente atajaría la violencia política, aunque ésta tenía raíces en problemas sociales de diverso tipo, que se desconocieron. Pero ante la necesidad de demostrar el éxito del pacto entre liberales y conservadores, el gobierno mostró la creciente violencia como simple bandolerismo y desde ese momento, el objetivo fue acabar con cualquiera de sus brotes.
Según las pesquisas de Nestor, realmente el bandolerismo no fue el único motivo del aumento de la criminalidad. Las instituciones encargadas de impartir justicia eran inoperantes, lo que tenía su razón de ser en "la lentitud y negligencia de los funcionarios y en ocasiones su falta de preparación académica, la ausencia o la insuficiencia de pruebas debido a la misma impericia y el miedo a la denuncia por la intimidación de los criminales sobre los testigos", explica Nestor. Las cifras son reveladoras: de 600.000 delitos cometidos entre 1954 y 1959, solo 5.309 personas fueron condenadas. Más de 300.000 casos quedaron sin definición por parte de los jueces, y más de la mitad de los crímenes cometidos en 1960 no fueron juzgados.
Las élites que hicieron parte del Frente Nacional tuvieron entonces que inventar una serie de medidas para legitimarse. Hacer creer que imperaba un ambiente de resocialización llevó a satanizar a los "violentos", e incluso se llegó a discutir la pena de muerte, pero surgió una idea mejor. "Gorgona es un real motivo de intimidación, mucho más eficaz que la pena capital", aseguró en su momento Jorge Enrique Gutiérrez Anzola, un renombrado jurista de la época.
A través del Decreto 0012 de 1959 se creó la Isla Prisión de Gorgona, producto, de acuerdo con el historiador, del "peligrosismo", un concepto jurídico según el cual se vulneran los derechos fundamentales; "eliminaba cualquier posibilidad de rehabilitación pues disfrazaba la represión con prevención". Entre algunas de las disposiciones se encontraba la posible detención por parte de las autoridades militares y de policía a personas "que se encuentren en 'evidente' estado antisocial", criterio que se prestó para todo tipo de interpretaciones subjetivas.
Prisión de campesinos
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El contenido editorial de diarios como El País incentivó la satanización de "los violentos".
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La prensa de la época se encargó de difundir la idea que aquella prisión era la isla de los malditos, habitada por una especie de raza aparte dedicada a azotar a la sociedad, estereotipo que hasta hoy se mantiene. Aunque había personajes muy peligrosos, hubo sus matices.
Según la investigación de Nestor un alto porcentaje de los reclusos entre 1959 y 1975, en el momento de cometer su delito eran agricultores, pescadores, carniceros, albañiles, sastres, vigilantes, zapateros, mecánicos, comerciantes. Él revisó 300 casos, en los que encontró que en muchas ocasiones fue el alcohol el agente que sirvió como catalizador de los impulsos agresivos; "aunque no pretendo afirmar que fue el motivo principal, es innegable su papel protagónico en el ambiente de la violencia".
La desorganización del sistema carcelario sirvió para que se cometieran violaciones a los derechos de los procesados. A Gorgona debían llegar los prisioneros a cumplir condena, pero Nestor encontró que en varias oportunidades, llegaron personas sin ser condenados, pues en aquella época un proceso penal podía durar unos 10 años.
Nestor clasificó los 300 casos en tres grupos. En el primero (los condenados antes de 1960) recibieron condena por delitos de sangre, el 47% por homicidio y el 21% por asesinato. En el segundo (1960 a 1964), por delitos aún más graves, como el homicidio múltiple o cuádruple, lo que los convierte en los más peligrosos de los tres grupos analizados. El último (1965-1975), presenta una variable interesante; aunque hubo homicidas y asesinos, el 11% no corresponde a los delitos establecidos por la ley para ser castigados en la isla, como secuestro, robo y extorsión.
Esto quiere decir que a partir de 1965 se empezó un proceso de mezcla de criminales, lo que es indicativo "del progresivo alejamiento de las prácticas con respecto a los objetivos iniciales de su fundación". Empezaron a llegar, por ejemplo, condenados con penas menos severas; lo que es explicable porque al final la isla sirvió para descongestionar las hacinadas prisiones continentales. Por ello, Gorgona no solo sirvió para albergar, en una época, a delincuentes peligrosos, sino que fue útil "para aliviar otro tipo de deficiencias del sistema carcelario". Lo que lleva a poner en duda la famosa peligrosidad de sus reclusos. Un ejemplo de ello es un recluso esquizofrénico que ha debido estar en una clínica de reposo, en vez de fallecer por falta de atención en la isla de los "violentos".
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