UNP No.65
Título : Destellos y sombras de la televisión colombiana
Autor : Edna Cristina Bonilla Sebá y
Jorge Iván González Borrero
Sección: Economía
Fecha : Octubre 24 2004 |
Destellos y sombras de la televisión colombiana
La distribución de los riesgos entre los concesionarios y el Estado, la noción pública de la información y la estructura oligopólica de la televisión nacional salen a la palestra en un libro que acaba de publicar el Centro de Investigaciones para el Desarrollo (CID) de la Universidad Nacional y la Comisión Nacional de Televisión. Aquí algunas perlas.
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Para los hogares colombianos, el televisor es más importante que otros electrodomésticos, e incluso, a veces, que algunos alimentos. |
Edna Cristina Bonilla Sebá *
Jorge Iván González Borrero*
En Colombia hemos aceptado que en los medios de comunicación prevalece la lógica del mercado. No obstante, la legislación reconoce que en el caso de ciertos servicios, como la televisión, que tienen un impacto directo en la calidad de vida de las personas, es importante que el Estado regule, de tal manera que prime el sentido de lo público.
La televisión es un bien necesario, según deja ver el libro Regulación y concesiones en la televisión colombiana: destellos y sombras , producto de un estudio realizado por el CID de la Facultad de Ciencias Económicas. Los hogares colombianos muestran una clara preferencia por el televisor frente a los demás electrodomésticos. Hay un mayor porcentaje de hogares con televisor que con cualquier otro electrodoméstico, observación válida para los hogares pobres y ricos. Entre los primeros, el 72% tiene televisor y el 71% estufa, y entre las familias ricas, el 100% tiene televisor y el 98% estufa, mientras el 95% de los hogares de ingresos medios posee televisor, según conclusiones de la Encuesta de Calidad de Vida, Dane 2003 (ECV). El hecho de que la televisión sea un bien necesario para las familias de ingresos bajos y medios es esencial desde el punto de vista de la política pública y de la regulación. Los resultados de la ECV muestran que las familias consideran que tener televisor y pagar por ver televisión es una prioridad en sus preferencias de gasto. Es evidente que esta opción de los demandantes implica un compromiso de los oferentes. Un bien tan deseado por los hogares tiene que ser de calidad; de ahí la gran importancia de la regulación.
Todas las personas, sin exclusión, deben tener libre acceso a la información. Y en este proceso la televisión juega un papel central. Los servicios públicos esenciales son los que, a juicio del legislador, afectan de manera sustantiva la calidad de vida de las personas. Aunque ver televisión no es un asunto de vida o muerte, la estructura de la demanda indica que para los hogares colombianos es tan relevante que en cierta forma se puede considerar como un bien esencial . Y no hay duda de que incide de manera sustantiva en la calidad de vida de las personas.
En la práctica, para los hogares el televisor es más importante incluso que otros bienes que el legislador considera esenciales . No es extraño que una familia pobre prefiera pagar la cuota del televisor que la tarifa del alcantarillado. En una situación de escasez, el hogar puede llegar a sacrificar algunos alimentos con tal de cumplir con la cuota del televisor.
La regulación en televisión
En el dominio de lo público, nuestra premisa es que la televisión debe informar de manera transparente y veraz. Tarea que cumple con los demás medios de comunicación. Los ciudadanos no pueden estar vigilando permanentemente las acciones de sus gobernantes. Esta tarea, en buena parte, corresponde a la prensa. Cuando hay problemas, los medios prenden las "alarmas de fuego" y, entonces, los gobernados se enteran y reaccionan. Sería equivocado pensar que la dimensión informativa de la televisión se reduce a los noticieros. La televisión contribuye a que la sociedad vea los problemas desde ángulos diversos. Los espacios educativos, los documentales, etc., aportan elementos valiosos para que las personas tengan un mejor conocimiento de su sociedad. Ni siquiera a la televisión recreativa se la puede exonerar de la función informativa. Esa tarea consiste en promover actitudes que ayuden a establecer relaciones y a poner en tela de juicio afirmaciones que se presentan como absolutas. La conversión del dato en información está mediada por los valores. Y en este dominio la televisión recreativa tiene una gran responsabilidad. La regulación debe evitar la concentración y crear condiciones propicias para que el modelo abierto de competencia garantice el pluralismo y la calidad de la información.
Autopauta e integración económica
El estudio centra la atención en los aspectos económicos que inciden en el desarrollo de la televisión abierta. La principal característica del mercado de televisión abierta en Colombia es su alta concentración. Caracol y RCN llegan al 95% de los hogares, y el 81% de los televidentes dice verlos con frecuencia (ECV 2003). Esta estructura de mercado es oligopólica , o en términos más precisos, duopólica . Y como hay numerosas barreras a la entrada, esta estructura tiende a mantenerse. La televisión abierta en Colombia no se puede analizar dejando por fuera el poder del mercado y la parrilla de los canales se define con criterios de mercado.
La integración económica incide en la valoración de la pauta. En Colombia, los grupos económicos vinculados a los medios diferencian el valor de la publicidad dependiendo del vínculo con las empresas pautantes. Cuando se trata de empresas del mismo grupo, el valor de la pauta tiende a ser menor. Esta es una forma de integración horizontal.
El CID, trabajó con la base de datos proporcionada por Ibope para 1999 y 2002. Escogimos el año 1999 porque fue el de la peor crisis económica. Y el año 2002, porque ya había transcurrido un tiempo largo después de la crisis, y el nuevo ambiente de los negocios se reflejaba en las cifras. También tomamos la base de datos de la revista Dinero de las 5.000 empresas más grandes del país para analizar la conformación de los dos grupos económicos que más presencia tienen en la televisión: Santodomingo y Ardila Lulle.
Comparamos el precio promedio de la pauta de las firmas que forman parte del grupo económico respectivo con el que se le cobra a las firmas externas al grupo. Esta relación permite estimar el costo de no pautar en el canal del grupo. Además, es una buena medida del monto de dinero que deja de percibir el sistema por las políticas de descuento de la autopauta de los grupos. El costo de oportunidad de una empresa del grupo es igual al precio promedio que pagan por pauta las empresas del grupo menos el precio promedio que se le cobra a las firmas externas al grupo. Esta diferencia se multiplica por el número promedio de comerciales del grupo. Discriminamos la pauta por géneros (telenovela, concurso y noticiero).
El número de comerciales que tuvo el Canal Caracol en 1999 fue de 47.483, equivalente a unos 130 comerciales por día y 5 por hora. El precio de la pauta fue menor para las empresas del grupo. Los resultados de 2002 son similares: hubo 44.507 comerciales, 121 al día y 5 por hora. Igual que en 1999, los diferenciales de precios fueron favorables a las empresas del grupo. En los dos años, el menor valor que Caracol cobró a las empresas del grupo Santodomingo ascendió a $20 mil millones. En el caso de RCN, grupo Ardila Lulle, en los dos años, el menor valor ocasionado por la autopauta a las empresas del grupo fue de $6 mil millones.
La autopauta es una expresión de la naturaleza oligopólica de la televisión colombiana. Esta práctica tiene varios efectos perversos: distorsiona el mercado, reduce artificialmente los ingresos de Caracol y RCN 1, y refuerza la posición dominante de los grupos Santodomingo y Ardila Lulle.
La televisión cerrada
La regulación de la televisión cerrada debería girar alrededor de dos principios: libertad vigilada de precios y definición de reglas que favorezcan la inclusión y la competencia.
En Colombia, el mercado de la televisión cerrada ha operado con altas barreras a la entrada: legales, técnicas y económicas. Las empresas más grandes tienen un comportamiento oligopólico . En cambio, los operadores de tamaño medio y pequeño tienden a ser más competitivos.
Nuestro estudio financiero de la televisión cerrada en Colombia se basó en la información presentada en los estados financieros de los concesionarios (2000, 2001 y 2002). La televisión satelital está en desarrollo inicial, lo que exige grandes inversiones y los costos unitarios son crecientes. La televisión por cable, en cambio, pasa por una etapa de relativa madurez, en la que ya ha logrado depreciar contablemente parte de su infraestructura.
Del análisis financiero se derivan varias conclusiones: i) aunque en la televisión cerrada hay un buen número de operadores, el mayor volumen de ingresos y de inversión en activos tiende a concentrarse en grandes empresas (principalmente en operadores zonales y satelitales); ii) el balance financiero global es negativo, sobre todo por la alta participación de los gastos de venta; iii) los grandes operadores están haciendo inversiones considerables en planta y equipo, lo que aumenta la brecha con respecto a los pequeños; iv) la manera de aplicar la regulación ha favorecido la diferenciación entre grandes y pequeños operadores. Aunque en el corto plazo las empresas pequeñas están obteniendo utilidades, en el largo plazo su viabilidad financiera es cuestionable. Las empresas grandes están vendiendo paquetes de servicios que les permiten subsidiar los menos rentables, mientras van ganando espacio en el mercado, y v) los criterios que se han empleado para distribuir el mercado no son apropiados 2. La nueva distribución debe conciliar competencia (igualdad de oportunidades de acceso) y eficiencia.
Desde el punto de vista de regulación, la Cntv debe adoptar el criterio de libertad vigilada de precios, que no contradice las facultades de regulación que la ley le otorgó. La fijación de una tarifa (mínima o máxima) no es conveniente. El régimen de libertad vigilada ofrece los instrumentos necesarios para evitar los abusos, sin interferir la competencia entre los diversos operadores. La libertad de precios debe estar acompañada de unas normas que faciliten la entrada y favorezcan la competencia. Si esta condición no se cumple, es muy factible que la libertad de precios resulte en abusos de la posición dominante. La caracterización inicial del sector indica que el proceso está llevando a consolidar una competencia de tipo monopólico. La Cntv debe estar atenta para evitar que esta tendencia termine en abuso de la posición dominante. Aunque los grandes operadores atraviesan por una crisis financiera coyuntural, ya hay indicios claros de una firme competencia monopólica.
Los valores de las concesiones
La concesión es un contrato mediante el cual una empresa (privada o pública) obtiene del gobierno (nacional o local) el derecho para prestar un servicio en condiciones de mercado. La concesión supone la declaración jurídica o normativa de que el servicio es público, los cuales son inherentes a la finalidad social del Estado, sin importar que los presten indirectamente los particulares a través de concesiones. El concesionario privado asume responsabilidades sociales pero el Estado mantiene la regulación, el control y la vigilancia. El gobierno debe determinar claramente el grado de exclusividad que le otorga al concesionario. El riesgo es un elemento central en la discusión sobre el carácter de las concesiones. Y se puede definir como la probabilidad de que el valor esperado de un portafolio o inversión o de un flujo de caja sea menor que un valor esperado o proyectado.
Los empresarios e inversionistas privados que participan en el negocio son conscientes de la importancia de gestionar el riesgo y emplean los mecanismos que consideran más apropiados para protegerse de los eventuales problemas. Grosso modo , podría decirse que el riesgo se debe asignar a la parte que mejor pueda gestionarlo. El sector privado siempre buscará que el Estado asuma el mayor riesgo. En virtud de la concesión, el empresario o inversionista privado, que conoce el negocio, asume el riesgo inherente a la actividad. Y dependiendo del comportamiento de los negocios frente a sus expectativas, las ganancias serán mayores o menores de lo esperado.
Las concesiones de la televisión en Colombia se clasifican en pública, por suscripción, privada abierta, local con ánimo de lucro y satelital. Es significativa la participación de la televisión abierta. El 83% de los recursos de la Cntv proviene de las concesiones. Entre las fuentes restantes se destacan las compensaciones que pagan la televisión satelital y por suscripción.
Pero en la asignación de los riesgos contractuales entre la Cntv y los concesionarios ha faltado claridad; han fallado los mecanismos de control y seguimiento de los ingresos y de la estructura de costos de los concesionarios. Los laudos arbitrales contra la Cntv han mostrado que el sector privado no está dispuesto a asumir riesgos. Alertamos sobre la forma como el sector privado utiliza la ley del embudo, siempre a su favor. Las demandas de los concesionarios en contra de la Cntv, tienen su fundamento en el llamado desequilibrio económico y entre las causas mencionan el ciclo recesivo de los negocios. Afirman que este riesgo debe ser asumido por el Estado y no por ellos mismos. Nuestros comentarios van en la dirección contraria, así que este tipo de riesgo debe ser asumido completamente por el concesionario. Los privados tienen que responder por el riesgo derivado de la caída de la actividad económica.
Lo ideal sería que en los contratos se precisara el tipo de riesgo y la responsabilidad. No se ha hecho así, y los concesionarios (Caracol, RCN, Casa Editorial El Tiempo) han demandado aduciendo que no se han cumplido las proyecciones de la Cntv y de los propios operadores sobre el comportamiento de la economía. Este argumento deja ver claramente que no están dispuestos a asumir el riesgo inherente a todo negocio.
En la práctica los mecanismos de control y seguimiento con que cuenta la Cntv resultan muy débiles. Ya hicimos referencia a la autopauta como estrategia de los concesionarios de los dos grandes grupos económicos (Caracol -Santodomingo- y RCN -Ardila Lulle-) para reducir artificialmente los ingresos. En la televisión cerrada, hay un subregistro de suscriptores. La Cntv no dispone de una información que le permita precisar el precio que las empresas por suscripción deberían cobrar a sus clientes.
¿Poca aversión al monopolio?
Las circunstancias históricas marcan las particularidades de los procesos de regulación. La percepción que tiene la sociedad varía en función de los criterios que guían la noción de lo público. En Francia, Chile, Argentina, Estados Unidos, las percepciones de la regulación son distintas porque, finalmente, las sociedades son diferentes. Hay países que tienen mayor aversión a la información sesgada que otros.
Además, en determinados momentos la necesidad de una información más imparcial es acuciante. La regulación de la televisión no depende exclusivamente de la Cntv. Es en último término una opción que involucra al conjunto de la sociedad. Esta idea puede ilustrarse con la actitud asumida por los españoles después de los atentados del 11 de marzo. La manifestación callejera expresa el descontento de la ciudadanía por la forma como los medios de comunicación informaron sobre los posibles autores de los hechos violentos. El movimiento social exigía transparencia en la información. En Chile también se busca que las exigencias de la regulación nazcan de la sociedad. En Francia los organismos de regulación han mostrado preocupación, además de la transparencia, por el respeto de la cultura. La discusión sobre la pertinencia de la entrada de Cartoon Network es una forma que tiene la sociedad francesa de expresar su insatisfacción con algunos valores de la cultura norteamericana.
En el caso colombiano observamos con preocupación que la sociedad tiene poca aversión al monopolio que se está presentando no sólo en la televisión abierta, sino también en la televisión cerrada. Tampoco parece existir mayor inquietud por la forma como confluye la propiedad de los medios y de las empresas. El tema no llama la atención de la opinión pública. Y este ambiente apático se convierte en un límite intrínseco a la capacidad reguladora de la Cntv.
En Colombia la televisión pública obtiene sus recursos de las concesiones a los operadores privados. En otros países, como en Francia, ésta se financia con impuestos, y ello acentúa la naturaleza pública del bien. El futuro financiero de la Cntv está estrechamente ligado a los resultados de los procesos arbitrales iniciados por los operadores privados. Si los laudos no son favorables a la Cntv, una gran parte de los dineros de la concesión tienen que ser devueltos a los privados. En el futuro podría pensarse en fuentes de financiación más estables, como los impuestos. O en su defecto, en la fijación de unas reglas que distribuyan más claramente los riesgos de las concesiones.
Es importante que en el país se estimule la economía de la televisión. Una aproximación interdisciplinar permite entender mejor las características del negocio, el funcionamiento de los mercados relacionados con la televisión, la naturaleza del riesgo, el comportamiento de los usuarios, el sentido de lo público, el significado de la transparencia de la información, etc. Este conocimiento ofrece elementos valiosos para comprender los alcances de la regulación y, sobre todo, enriquece la comprensión que tiene la sociedad de los alcances y potencialidades de la televisión. Las personas informadas son más exigentes, y crean un ambiente propicio para que la regulación contribuya al fortalecimiento del sentido de lo público.
* Profesores de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia
1 Estos menores ingresos han sido hábilmente utilizados como argumento en contra de la CNTV en los laudos arbitrales de Caracol y RCN. Si no hubiera autopauta tal vez no se presentaría el desequilibrio económico que aducen Caracol y RCN.
2 Sugerimos que la CNTV, con base en las facultades que le otorga el artículo 18 parágrafo de la Ley 182 de 1995, actualice la clasificación de la televisión.
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