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UNP No.64
Título : El miedo hecho risa
Autor : Equipo periodístico, Unimedios
Sección: Tecnología
Fecha : Octubre 3 2004

El miedo hecho risa
Los tres personajes, cada uno con características específicas, están diseñados para ayudar al niño que tiene problemas con la oscuridad.
Foto Nadia Naranjo

Tres juguetes que transforman el miedo a la oscuridad, en sensaciones evocadoras de la madre, podrían convertirse en una valiosa herramienta terapéutica. La propuesta de un diseñador industrial, articula estímulos físicos y psicológicos que le brindan al menor una ayuda lúdica, sin generarle traumas.

Equipo periodístico, Unimedios.

Abandonar la cama e invadir la de sus padres ante el inminente ataque de un monstruo, o pedir que se les deje una lámpara encendida en la habitación, próxima la hora de ir a dormir, resulta normal en la mayoría de niños menores de seis años, máxime cuando se habla de que el miedo, y en particular a la oscuridad, es uno de los temores que el ser humano desarrolla desde el primer año de vida. Lo anómalo surge cuando dicho horror nocturno aumenta y se fija en el menor, al punto de ocasionarle respuestas fisiológicas como hacer "aguas menores" en la cama, tartamudear, quedar paralizado, o peor aún, aislarlo de otros niños en el juego y de una relación adecuada con su familia. Es entonces cuando el "inocente" miedo se vuelve patológico y empieza a denominarse fobia.

Hacer contrapeso a tal emoción desbordada, es la razón de ser de Abrazo, Calor, y Arrullo, tres muñecos diseñados para que niños entre tres y seis años con miedo a la oscuridad, controlen el "pánico", se distensionen, y asuman sensaciones positivas frente a la noche.

Cada juguete caracteriza y evoca de forma especial las intensas sensaciones maternales experimentadas por el niño justo en esa edad. Su funcionamiento depende de estímulos físicos y psicológicos, los cuales, "dentro de un juego simbólico mediado por los padres del menor, le permiten a éste comprender la razón de su miedo y superarlo gradualmente", aclara Diego Germán Pérez Mora, diseñador industrial de la Universidad Nacional, y creador de la propuesta potencialmente terapéutica.

Pérez, apoyado en los beneficios que la lúdica aporta en dicha etapa de la vida, en la cual "el niño se comunica fundamentalmente a través del juego", según explicaciones de la psicóloga Myriam Rodríguez, directora del Servicio de Atención Psicológica de la Universidad Nacional, creó los prototipos con base en el desarrollo de dos materiales especiales; una pasta con base en almidón que cambia de color y forma rápidamente con leves variaciones de temperatura y un elastómero que reacciona al tacto (a partir del P.h. de la mano).

Prueba superada

Abrazo, Calor y Arrullo resultaron de un proceso que comenzó retomando indiscriminadamente formas básicas (ojos, boca, nariz, extremidades) de dibujos animados presentados por la televisión infantil y que cuentan con gran aceptación entre los niños. La mezcla dio como resultado 30 bocetos de muñecos, de los cuales 15 salieron, por ser "los más feos". Los restantes sí tuvieron aprobación por parte de los 60 niños, entre 3 y 8 años de dos jardines infantiles de Bogotá, que luego de una encuesta, coincidieron en seleccionar los más tiernos, de aspecto suave y que les gustaría ver como juguete. El test develó además otros factores asociados con el miedo a la oscuridad, como la violencia, la muerte y la guerra producto del conflicto armado.

Y es que los terrores nocturnos se refuerzan con situaciones traumáticas o críticas, comenta la psicóloga Rodríguez, quien asegura: "semestralmente el Servicio de Atención Psicológica atiende cerca de cuatro niños, a los cuales la separación de sus padres, o factores como la misma violencia que los medios de comunicación registran, aumentan su temor a la oscuridad". Ni hablar de los menores desplazados, quienes con frecuencia recrean la noche en que los actores armados los sacaron de su casa apuntándoles con un arma, mataron a sus padres, hermanos u otro familiar o vecino. "Los episodios violentos que han vivido les genera el síndrome de estrés postraumático que les impide dormir o les ocasiona pesadillas, y prevalece el temor a correr la misma suerte de sus parientes".

Un valor numérico asignado a cada pregunta de la encuesta permitió que tres muñecos superaran la prueba. El reto siguiente era elaborarlos con textura agradable al tacto, pero lo más laborioso, imprimirles características fisicosimbólicas que, primero, le permitieran al niño ingresar en el mundo del miedo a la oscuridad de manera lúdica y didáctica, y luego retroalimentaran esa sensación con sentimientos evocadores de la madre.

El resultado fue Abrazo, Calor y Arrullo, un trío de juguetes bimodales, mullidos y de texturas agradables. Cada uno con una reacción al miedo (palidez, parálisis, temblor), seguida por acciones como calor, vibración, sonidos, entre otros, que le generan bienestar al menor. "La clave de su efectividad, radica en incluirlos en un relato (historieta) que los justifique como personajes y les dé la razón de ser dentro de un contexto, donde el miedo a la oscuridad no resulte una situación traumática", complementa Pérez.

Una sonrisa antes de dormir

La posibilidad de encontrar el equilibrio entre el miedo y el encuentro con la oscuridad comienza con Abrazo, un muñeco largo, delgado y de color anaranjado, cuya principal característica son sus extremidades largas. Está hecho con elastómero, un material flexible, resistente, no tóxico y moldeable. Cuando no es manipulado, el juguete permanece rígido, acción que el diseñador asocia con "la parálisis, primera reacción que experimenta un niño al escuchar algún ruido extraño provocado por los seres sobrenaturales que desarrolla su imaginación, en medio de la noche". Al contacto con el calor corporal, Abrazo se vuelve maleable y permite cambiar la configuración de su rostro. En la prueba realizada por Pérez a diez infantes, pudo comprobar cómo el muñeco les servía de medio para expresar su estado de ánimo: "adoptaron diferentes posiciones de los ojos, la nariz y la boca del juguete hasta configurar semblantes tristes, angustiados y colmados de susto". La intervención de un tercero, padres o terapeutas, es necesaria para transformar esas expresiones negativas en positivas, como una sonrisa.

Así, para superar el miedo se pensó en cambiar la parálisis del juguete por un cálido abrazo, que además de generar una sensación de bienestar, emite un suave calor, y resulta divertido dentro de las opciones de juego del niño.

Entre tanto, Arrullo es azul, abultado y está dividido en dos partes: cabeza y cuerpo, soportadas por una base que lo mantiene en posición vertical. Fue elaborado con una fibra textil que contiene pequeñas protuberancias, y poliéster siliconado, no tóxico. Su característica lúdica es el temblor -cuando el cuerpo se descontrola y se mueve erráticamente durante un episodio "paranormal"-. Al tocar el juguete, internamente se acciona un sistema mecánico que le da movimiento a la cabeza y lo hace temblar, y otro, sonoro que supone el castañeo de los dientes. Luego de 30 segundos se detiene automáticamente, y si se cambia su posición vertical, sonríe sin parar.

El tercero, Calor, tiene brazos y piernas cortas, es abultado y suave como un balón. Su color verde pálido representa "el instante en que recibimos un susto y quedamos blancos debido a que la sangre, en una acción defensiva del organismo, se expande por las extremidades para correr con rapidez en caso de necesitar emprender la fuga", argumenta Diego Pérez.

El contacto humano transforma sus tonalidades frías en cálidas, como símbolo de compañía, tranquilidad, seguridad y confianza. A la hora de dormir resulta "un gran amigo", pues posee un líquido en su interior que se pone tibio y ayuda a mantener un sueño relajado. Cuando se deja de manipular vuelve a su color normal.

De esta manera, el diseñador industrial de la Universidad Nacional pone a consideración una posible herramienta terapéutica, que ya está comenzando a dar ideas a los expertos. "En el consultorio podría complementar los tratamientos, ya que es un instrumento de aplicación accesible para los niños, y lo mejor, para sus padres, a quienes también se les debe recordar que, sobreprotejer a su hijo y no darle autonomía, refuerza los temores", dice la psicóloga Rodríguez. El muñeco es una compañía divertida, que con el tiempo, al igual que el miedo, se va desvaneciendo.