UNP No.64
Título : ¿Cerebros incompatibles con el aprendizaje?
Autor : Raúl Salas Silva
Sección: Educación
Fecha : Octubre 3 2004 |
¿Cerebros incompatibles con el aprendizaje?
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El tutor debe saber que el cerebro aprende mejor a través de las artes auditivas, motoras y
tactiles.
Foto Liliana Toro |
Considerando los aportes de la neurociencia al campo de la educación, el profesor de la Universidad Católica de Valparaíso, Raúl Salas, reflexiona sobre cómo podría implementarse la tutoría para hacer frente a los complejos problemas de la población universitaria. Se trata de un adelanto de lo que será su ponencia en el primer Congreso Internacional de Tutores y Consejeros en la Educación Superior, que se realizará los días 11 y 12 de octubre.
Raúl Salas Silva*
Ante el creciente fracaso de los estudiantes en educación superior, se han planteado una serie de interrogantes; entre ellos, ¿cuál sería el método más adecuado y eficiente para ayudar al estudiante durante el desarrollo de su carrera? Se ha pensado que podría ser la tutoría. Ésta, como modelo de aprendizaje y de enseñanza, solo tiene cabida en un ambiente universitario que considere a la universidad no como una fábrica de títulos sino como una sociedad de aprendizaje,como una comunidad de maestros y discípulos. En un ámbito universitario así concebido, el rol del profesor o docente adquiere nuevas y desafiantes dimensiones; ya no es un mero transmisor de información sino el motivador, entrenador y facilitador de cada alumno.
Cada profesor, en efecto, debe ser el primer y principal tutor de cada uno de sus alumnos. Para cumplir esa misión el profesor debe, por supuesto, estar preparado y capacitado. No basta con que domine los contenidos de una asignatura o disciplina determinada, ni con que haya sido entrenado en tal o cual metodología didáctica, sino que debe conocer cómo optimizar el proceso de aprendizaje, cómo apoyarlo de la mejor manera y valorarlo más que evaluarlo. El profesor tutor tiene necesariamente que conocer a sus alumnos; no sólo por su nombre, sino quién es cada cual, cuáles son sus intereses, personalidad, preferencias de aprendizaje, modo prevalente de pensar, propensión a encarar una situación de aprendizaje, concepciones del mismo.
El profesor, como tutor de sus alumnos, tiene que saber que nuestro cerebro:
1. Lo mejor que hace es aprender, pues, en ello va su supervivencia. Y que ese aprendizaje es fundamentalmente a partir de la experiencia; de una experiencia sensorial, donde está comprometido no sólo su cerebro, su cuerpo, sino también su espíritu.
2. Es un buscador de novedad, de cosas que tengan significado y relevancia; que nuestro cerebro se enciende con el desafío pero que se amilana con la amenaza.
3. Pasa por distintos momentos de atención y desatención durante el día.
4. Es autorreferente.
5. Se desarrolla, aprende mejor en un ambiente enriquecido; que ese enriquecimiento se puede producir a través de las artes visuales, manuales, táctiles, auditivas, motoras.
6. Aprende mejor en sociedad, el aprendizaje cooperativo contribuye a elevar el autoestima y el sentido de responsabilidad y a producir la sinergia entre sus integrantes.
7. Aprende mejor cuando está adecuadamente alimentado e hidratado.
8. Crea sus propios mecanismos de placer; sus propias recompensas.
9. Funciona como un todo, que el aprendizaje consiste no sólo en conocer y pensar sino además en sentir, actuar; no podemos separar las emociones del pensamiento ni de la conducta.
10. Sin movimiento no hay aprendizaje.
Cuestión de estilos
Leslie Hart planteó la teoría del aprendizaje compatible con el cerebro, en su libro Human Brain, Human Learning. Su hipótesis es que un ambiente sin amenazas que permita un uso desinhibido de la neocorteza, tendrá como resultado un aprendizaje y una conducta mucho mejores. Para que la educación sea realmente "compatible con el cerebro" debe ocurrir un cambio en el paradigma de enseñanza-aprendizaje. Esta teoría del aprendizaje se deriva de los estudios fisiológicos de cómo el cerebro aprende mejor (Lawson, 2001).
¿Qué relación existe entre la teoría del aprendizaje compatible con el cerebro y los estilos de aprendizaje? Cada cerebro está organizado de manera única. Si bien todos tenemos el mismo conjunto de sistemas, dicen Caine y Caine (1997), somos diferentes, lo que se expresa en términos de estilos de aprendizaje, talentos e inteligencias.
Un importante corolario es apreciar que los estudiantes son diferentes y que necesitan elegir, mientras están seguros de que están expuestos a una multiplicidad de inputs . Como cada cerebro es diferente, dicen Purpose Associates (1998-2001), los educadores deben permitir a sus alumnos que construyan sus propios entornos. Ahora bien, según Sprenger (1999), los estilos de aprendizaje son, en el fondo, otras tantas manifestaciones del aprendizaje compatible con el cerebro.
Claxton y Murrell (1987) piensan que el estilo de aprendizaje es un concepto que puede ser importante para ayudar a la universidad a pensar profundamente en los roles y en la cultura organizacional en donde llevan a cabo sus responsabilidades.Ahora es un axioma, declaran Montgomery y Groat (2002) que los conglomerados de estudiantes son cada vez más distintos. Esa diversidad puede afectar los ambientes escolares de muchas maneras, incluyendo la diversidad de estilos. Según O'Connor (2003), lo primero que debe hacer un profesor tutor es comenzar por explorar sus propios estilos, pues con ellos está favoreciendo a unos estudiantes y perjudicando, en cambio, a muchos otros.
Claxton y Murrel (1988) sostienen que la universidad debe considerar o tomar en cuenta las diferencias que los estudiantes traen a la sala de clase. Luego, debe diseñar experiencias de aprendizaje que se ajusten o desajusten a los estilos, dependiendo de los propósitos del profesor. Conocer su propio estilo de aprendizaje puede ayudar a los estudiantes a entender sus preferencias y fuerzas para aprender y ser un estímulo para desarrollar nuevas maneras de aprender. El profesor tutor, al aplicar y analizar diversos instrumentos sobre estilos, podrá identificar algunos elementos que actualmente podrían inhibir al estudiante, y cosas que si se hacen de manera diferente, podrían hacer más eficiente al estudiante en sus estudios. Esto le proporcionará criterios de intervención didáctica y orientadora: ¿qué alumno puede fracasar?, ¿cómo se puede evitar? Todo departamento de asuntos estudiantiles debiera tener una base de datos del estudiante que, además, de los consabidos datos de la hoja de vida, incluya sus estilos de aprendizaje, de pensamiento y sus dominancias cerebrales. Por supuesto, todo lo expuesto implica un enorme desafío para el sistema universitario actual. Pues si queremos enfatizar la tutoría no solo como un mecanismo sino como la perspectiva de un aprendizaje activo, interactivo, dinámico, experiencial, gratificante, realizador en el ámbito universitario, hay que reestructurar la universidad. Y, además, se necesita en la universidad más investigación sobre los estilos de aprendizaje y sobre el aprendizaje compatible con el cerebro.
* Magíster en Psicopedagogía de la Universidad de la Frontera en convenio con la Universidad Laval de Québec, Canadá, y Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación de la Universidad de Santiago de Compostela,España.
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