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UNP No.64
Título : El Eje, un café amargo
Autor : UN Periódico
Sección: Informe
Fecha : Octubre 3 2004

El Eje, un café amargo

A través de una reconversión productiva de la economía cafetera se espera recuperar el crecimiento económico.

Para los tres principales departamentos del Eje Cafetero, el crecimiento del Índice de Desarrollo Humano se estancó entre 1993 y 2002, lo que dio pie a hablar de una década perdida. Mientras en Risaralda y Caldas el crecimiento se estancó con respecto a la década anterior, en Quindío cayó 0,7%, evidentemente por debajo del índice nacional, que en Colombia fue de 4,4% entre 1993 y 2001. Esa fue una de las grandes conclusiones del Informe Regional de Desarrollo del Eje Cafetero 2004* contenida en el análisis que UN Periódico presenta.

Actualmente, el Eje Cafetero vive lo que se podría llamar la paradoja del desarrollo : las condiciones de vida favorables que lograron sus habitantes como consecuencia del progreso y el crecimiento generados por la actividad cafetera, no son sostenibles porque esa actividad ha sido fuertemente afectada por los bajos precios internacionales y porque la recesión del país golpeó de manera especial a la región. Mientras muchos habitantes del Eje Cafetero padezcan desempleo y hambre, no será posible sostener los bajos indicadores de necesidades básicas insatisfechas ni los altos de condiciones de vida que han caracterizado a la región.

Principales hallazgos

En términos generales, los resultados de la estimación del Índice de Desarrollo Humano (IDH), para los municipios del Eje Cafetero, muestran una importante pérdida de desarrollo humano a finales de los noventa, explicada por caídas en el PIB per cápita, reducción en las coberturas escolares y, en algunos casos, disminución de la esperanza de vida. A pesar de la recuperación que registró el indicador en un grupo de municipios entre los años 2000 y 2002, en el último año fue igual o inferior al de 1993 en cerca de las dos terceras partes de los municipios de la región, por tanto es posible hablar de una década perdida en términos del desarrollo humano en el Eje Cafetero, además de una preocupante ampliación de su brecha con el agregado nacional.

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Al analizar los niveles de desarrollo humano entre municipios, se observan grandes diferencias entre estos y una alta concentración de las oportunidades en las capitales y los municipios más próximos a ellas. Al respecto, Risaralda y Caldas son los departamentos con mayores desequilibrios municipales. Sin embargo, en Risaralda es mayor la concentración en los niveles altos, mientras que en Caldas lo es en los niveles medios y bajos. Lo anterior significa que el desarrollo humano en términos de oportunidades es muy desigual entre los habitantes de las capitales y sus municipios circundantes, en relación con los más distantes. Por tanto, las oportunidades son más desiguales cuando se analizan desde lo municipal que desde lo departamental.

Respecto a la educación, podría afirmarse que el periodo comprendido entre 1993 y 2002 representó para la región una "década perdida" en términos de la capacidad de la población para acceder a conocimientos. En cuanto al comportamiento del logro educativo, se evidencia un retroceso en términos de esa capacidad, atribuido en mayor medida a las reducciones en las tasas de cobertura bruta en primaria y secundaria, con un panorama menos positivo para estas últimas. Más preocupante aun cuando se observan las tasas de cobertura de niveles de secundaria en los municipios no capitales: 26 de los 48 municipios tenían en 2002 coberturas inferiores al 50%, aunque en algunos casos particulares pueden presentarse problemas en cuanto a las proyecciones de población.

Con relación a la esperanza de vida de la población, ésta se redujo entre 1997 y 2000 por la intensificación del conflicto interno y sus múltiples expresiones de violencia. En la afiliación al sistema de salud se destacan su aumento en 2003, así como las menores coberturas en las zonas rurales.

 

Respecto al mercado laboral, es de destacar el fuerte incremento de la tasa de desempleo a finales de los noventa y la persistencia de ese comportamiento en los últimos años. En efecto, la tasa de desempleo regional registró un fuerte crecimiento, al pasar de 8% en 1997 a 17% en 2000, situación que se tornó más problemática en 2003, año en que el desempleo en la región alcanzó 18%.

La persistencia de la crisis cafetera y la recesión económica, han llevado a los hogares -especialmente los residentes en la zona rural- a la adopción de medidas drásticas para sobrellevarlas. Estas medidas se han traducido en la disminución del consumo de bienes básicos, desacumulación de capital humano y desahorro de activos. Además de atentar contra su capital humano, esas acciones llevan a la gente a caer en la llamada "trampa de la pobreza", que se genera en situaciones socioeconómicas que tienden a acumular las vulnerabilidades, en lugar de mitigarlas.

La crisis cafetera también se ha manifestado en una fuerte contracción de la inversión de los comités de cafeteros de Caldas, Quindío y Risaralda, que en buena parte, estaba representada en programas de carácter público. Ante esta situación, los gobiernos municipales han respondido de una manera distinta: mientras que en Caldas, algunos gobiernos locales han comenzado a intervenir, en aquellas áreas en las que el comité redujo sus inversiones, en Quindío y Risaralda por el contrario, no se está llenando plenamente este vacío.

Un pacto humano

 

 

A partir del panorama que revelan los resultados anteriores se derivan dos preguntas centrales: ¿qué hacer para mejorar las condiciones de desarrollo humano regionales?, ¿cómo hacerlo? Las políticas del Pacto por el Desarrollo Humano del Eje Cafetero, así como las propuestas en el tema de la institucionalidad pública intentan responder esos interrogantes.

La construcción del pacto recogió no solo los principales resultados de los análisis sino también las opiniones de los actores regionales entrevistados, así como los aportes y conclusiones de los talleres zonales y regionales realizados en el marco del informe. Adicional a lo anterior, se consideró que el pacto debía tener en cuenta los compromisos internacionales que Colombia ha firmado, en particular el Pacto de Desarrollo del Milenio, en el cual se establecen metas concretas (Metas del Milenio) en áreas específicas tales como pobreza, educación, niñez, entre otras; las agendas regionales que han sido formuladas en los tres departamentos; y los planteamientos de algunos estudios nacionales e internacionales acerca del desarrollo o de sus temas determinantes.

El primer componente del pacto es, entonces, el compromiso con el cumplimiento de las Metas del Milenio para los departamentos del Eje, en razón del impacto que ese cumplimiento tendría en el desarrollo humano de la región.

Dado que las mayores preocupaciones de los habitantes de la región tienen que ver con los temas de generación de empleo, educación pertinente y desarrollo rural -como se manifestó en las opiniones recogidas en las entrevistas y los talleres-, en el segundo componente están las políticas a partir de las cuales se busca reducir la pobreza y propiciar condiciones para una mayor generación de empleo

La primera política consiste en r ecuperar una senda de crecimiento económico a través de una reconversión productiva de la economía cafetera, el desarrollo o fortalecimiento de sectores promisorios y una decidida acción para promover la integración regional y aumentos en la competitividad. En segundo lugar, es necesario adelantar una a udaz política educativa que aumente cobertura y mejore la calidad para los más pobres, las zonas rurales y los municipios más atrasados. La tercera tiene que ver con la protección social, pues la ausencia de mecanismos adecuados en la región en ese campo ha afectado el desarrollo y el capital humano. Dada la caída en el consumo de alimentos en una proporción importante de los hogares durante la actual crisis, en el ámbito de la protección social, la nutrición y la seguridad alimentaria requieren especial atención, en especial de quienes están comenzando la vida.

Para que las políticas anteriores puedan llevarse a cabo con eficacia, el informe sugiere serias transformaciones en algunos aspectos de la institucionalidad pública: la democracia local, la participación, la descentralización y las instituciones.

Estrategias y perspectivas

Ante la desigual distribución de las oportunidades regionales, el Informe Regional de Desarrollo Humano incluye una propuesta de focalización de las distintas políticas y estrategias que prioriza en los municipios que partieron de niveles bajos de desarrollo humano en 1993 y que, nueve años después, se encontraban en una situación aún peor.

Dadas las fortalezas y oportunidades de la región, representadas en su gente, en su conocimiento del negocio cafetero, en su geografía y biodiversidad, en las exportaciones y en la infraestructura urbana, el propósito de mejorar las condiciones de desarrollo humano regional debe ser viable. Simplemente se requiere voluntad política y generación de compromisos, consensos y concertaciones expresadas en un pacto por la región, por parte de los estados subnacionales, los estamentos políticos y la sociedad civil para generar más y mejores oportunidades a todos los habitantes del Eje Cafetero.

* Elaborado por el Centro de Estudios Regionales Cafeteros y Empresariales (Crece), el Centro de Investigaciones Socioeconómicas de Risaralda (CIR) y el Centro de Estudios e Investigaciones Regionales de la Universidad del Quindío (Ceir), bajo la coordinación y auspicio del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud).