UNP No.62
Título : Galileo: la misión empieza donde el hombre empezó
Autor : Christian Gapp
Sección: Internacional
Fecha : Agosto 22 de 2004 |
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| Detalle de la atmósfera del planeta más grande del sistema solar. |
Galileo: la misión empieza donde el hombre empezó
El 21 de septiembre de 2003, la sonda espacial Galileo se desintegró, tal como estaba planeado, en la densa atmósfera de Júpiter, después de 14 años de servicio. Le había dado la vuelta al planeta 34 veces, midiendo repetidamente sus numerosos satélites. En ocho años se recogieron muchos más datos que con todas las sondas espaciales que dejaron el planeta atrás para desaparecer en las profundidades del universo. Sin embargo, esos acercamientos nocturnos ya habían hecho muchos de los grandes descubrimientos que algunos comentaristas le han atribuido a Galileo.
Christian Gapp*
Pioneer 10 y 11, Voyager 1 y 2, y ahora Galileo. Galileo encaja perfectamente en la lista de los muy exitosos vehículos espaciales que han explorado Júpiter desde principios de los años setenta. Se cumplieron las misiones e incluso superaron las expectativas de sus planificadores (seis años en el caso de Galileo). Hoy todavía se siguen recibiendo señales de las dos sondas Voyager, 26 años después de despegar. La sonda Galileo de la Nasa, planeada en los años setenta, fue lanzada el 18 de octubre de 1989, hace casi un cuarto de siglo de su inicial concepción. La evaluación de los datos aportados tomará muchos más años. Una indicación de las dimensiones verdaderamente astronómicas aquí involucradas es el hecho de que una misión de sondeo del espacio puede durar tanto como la vida profesional de un científico.
Galileo fue llevada al espacio por el transbordador espacial Atlantis. Esto era lo que se hacía normalmente con las sondas a principios de los años ochenta. En esa época, la flota de transbordadores de la Nasa estaba algo subutilizada. Incluso ahora no hay señas de los vuelos semanales originalmente previstos. El sistema era y es demasiado complicado como para realizar la visión de un avión espacial fuerte y de fácil mantenimiento. La idea básica del programa de transbordadores -según la cual, a largo plazo, una nave espacial multiusos debería ser mucho más eficiente que los cohetes desechables- ha demostrado ser impracticable.
Después de Galileo, la economía
Galileo partió de la plataforma de acoplamiento cuando los vientos del cambio geopolítico hacían temblar el muro de Berlín. Después de que este cayó, la Estación Espacial Internacional (ISS) se convirtió en un proyecto simbólico de amplia cooperación política entre los antiguos enemigos de la Guerra Fría. El transbordador resultó ser invaluable para la construcción de la ISS. Pero ocultaba en su interior profundos problemas científicos y técnicos.
Organizaciones como la Sociedad de Física Alemana advirtieron que su valor de uso científico no justificaba la inversión. También temían que su efecto sería el de retirar fondos de las exitosas sondas espaciales, comparativamente más baratas y no tripuladas. Se referían a sondas espaciales no tripuladas como la Galileo. Las dos sondas Pioneer fueron lanzadas en 1972 y 1973, y ambas Voyager, en 1977. Galileo fue la última sonda espacial del siglo XX dirigida hacia Júpiter. Ulysses, lanzada en 1990, usó principalmente su vuelo al paso por Júpiter para corregir su curso. Como se trataba de una sonda de investigación del clima y del viento, no era muy apropiada para la investigación planetaria.
La terminación del programa de la ISS está amenazada por la escasez de presupuesto y por el segundo desastre de los transbordadores. A las sucesivas tripulaciones de la ISS, como los cosmonautas de los últimos años de la decaída MIR soviético-rusa, les preocupa cada vez más asegurar las funciones vitales de la estación espacial. Casi no se habla de investigación científica. En este sentido, los peores panoramas han sido incluso superados.
El mito del progreso técnico
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Galileo llegó a Júpiter en diciembre de 1995 con una sonda en la atmósfera del gigante desde septiembre de 2003. |
Algo más que el Muro de Berlín ha caído desde el lanzamiento de Galileo. En forma cada vez más rápida y amplia, el mundo depende de la tecnología. En 1989, la internet, en cuanto medio de masas interactivo, con sus gigantescas consecuencias económicas y sociológicas, ni siquiera estaba en el horizonte. Galileo todavía estaba lejos de Júpiter cuando la Nasa empezó a usar la red para mantener la operatividad de sus transbordadores. La agencia espacial incluso remató en la página eBay computadores de segunda mano de principios de los años ochenta, que se usaron en grandes cantidades en el programa de los transbordadores. Pero el puro aguante de Galileo, su capacidad de ser reprogramado repetidamente, puso de relieve cualquier ingenua creencia en el progreso tecnológico.
Cuando, al principio del proyecto, no se pudo extender la antena principal, una vasta actualización del software usó eficientemente sus restantes capacidades de emisión. Se ajustaron programas al hardware defectuoso. En el hogar y en la oficina, el proceso opuesto es más común: hay nuevos programas que rápidamente resultan mortales para el hardware , así que cada dos o tres años hay que comprar un nuevo computador para hacer lo que hacíamos antes con los nuevos programas. ¿Pero a quién beneficia esto?
En los años setenta, cuatro sondas espaciales fueron enviadas a los planetas externos, y desde entonces, solo una. Las sondas Pioneer y Voyager, lanzadas en cohetes desechables, necesitaron hasta dos años para llegar a Júpiter. A Galileo, por otro lado, le llevó seis años -y también necesitó tres de las llamadas swing-bys (de la Tierra a Venus y de vuelta)- debido al débil propulsor del transportador. Solo su complicado itinerario hizo viable el proyecto.
Los científicos naturales son por lo general malos vendedores, y el asunto no es diferente cuando se trata de programas espaciales. Usan y vuelven a usar los mismos argumentos con propósitos promocionales, tales como la promesa de encontrar la prueba definitiva de vida en Marte. Los Viking landers de Marte de los años setenta -parte de la misma generación que los Pioneer y Voyager, Skylab y Apollo 13 a 17- buscaban señales directas de vida. Hoy en día quedaríamos satisfechos si se encuentran en el planeta rojo unas leves huellas de microbios prehistóricos. Pero no va a faltar mucho para que ni siquiera estas vagas perspectivas justifiquen un proyecto espacial.
La ciencia y la amnesia de los medios
Aquí se presenta un problema para la ciencia: no solo su necesidad de tener unas buenas relaciones públicas, sino el desafío más fundamental de la búsqueda científica del conocimiento. Los grandes descubrimientos que marcan hitos son escasos, y sobre todo es imposible planearlos con anticipación. T. S. Kuhn (en su libro de 1962, La estructura de las revoluciones científica ) llamó cambios de paradigma a esas nuevas formas de pensamiento científico, que con tanta frecuencia se producen espontáneamente. En el campo de las relaciones públicas de la ciencia, y no solo ahí, se exageró rápidamente este seductor término. ¿Quién podía desear seguir la ciencia "normal" si los nuevos paradigmas científicos parecían tanto más excitantes?
A finales de los años ochenta, por ejemplo, algunos científicos trataron de promover la teoría del caos como uno de esos cambios de paradigma. El exceso de bombo publicitario sin resultados condujo al descrédito de un área de investigación muy interesante. El derrumbe de una promesa inflada lleva a la desilusión. Por supuesto que al reciclar superlativos se puede confiar siempre en la corta memoria de los lectores, especialmente en esta edad de la internet. Pero la amnesia colectiva tiene sus límites.
Hoy en día, no se recurre con tanta facilidad a los "paradigmas", como hace apenas dos años, pero en el cubrimiento de los medios de la ciencia ha sobrevivido una innecesaria inflación verbal. No obstante, en lo que tiene que ver con la investigación de Júpiter, el término "cambio de paradigma", si es que es aplicable del todo, lo es no a Galileo sino a las mellizas Voyager, que en 1979 tomaron las primeras fotos de los volcanes activos de Io y los desiertos de hielo de Europa. Solo tres años después, Arthur C. Clarke propuso la idea de que bajo la superficie de Europa podría hallarse agua líquida. Lo hizo en 2010: Odisea Dos (1982, su algo débil continuación 2001: Una Odisea ). En esta, Clarke reconoció que el artículo de Richard C. Hoagland, "The Europa Enigma" (publicado en Star and Sky , enero de 1980), le había inspirado la hipótesis de que podría haber un océano oculto en Europa, y siguió diciendo: "Este muy brillante concepto ha sido tomado en serio por unos cuantos astrónomos (sobre todo, por el Dr. Robert Jastrow), y puede ser uno de los mejores motivos para la proyectada Misión Galileo".
Thorsten Dambeck, de Spiegel Online , todavía considera esto muy nuevo. "Solo hace diez años, casi ningún investigador hubiera pensado que puede haber microbios en Europa. Galileo, sin embargo, ha roto con las viejas ideas sobre los posibles oasis de vida en el sistema planetario". Pero las ideas en que se basa surgieron hace veinte años y contribuyeron en forma decisiva al lanzamiento del proyecto Galileo.
El reportaje científico: lo que puede llegar a ser
Galileo ciertamente nos ha dado evidencias directas de un océano salado en el planeta Europa: un éxito sin duda basado en el conocimiento de las mediciones hechas por las primeras sondas. Lo típico, sin embargo, de los comentarios sobre el destino de Galileo, es la hipérbole de Thomas de Padova en Der Tagesspiegel acerca de "las muchas sorpresas que revela la exploración de nuestra vecindad cósmica [en la que Júpiter] y sus (.) lunas siguen sus órbitas (.) en ese espacio a una temperatura de menos de 140 grados Celsius. Pero en lugar de fotos de sosas rocas de hielo (.) Galileo nos envió por radio fotos de muy diferentes objetos".
No menciona él que lo supuestamente sorprendente era en realidad lo esperado . Desde Voyager se sabe muy bien que las lunas de Júpiter son muy diversas; es por eso precisamente que Galileo fue lanzado. ¿Con qué frecuencia puede uno venderle al mismo público un descubrimiento idéntico por ser innovador y marcar un hito? Pero los científicos mismos tienen una inclinación natural a quedarse cortos. Ulrich Köhler, director de relaciones públicas del Centro Aeroespacial Alemán-DLR, describió el notable logro de Galileo como el "muy posible" descubrimiento de un océano en Europa. ¿Un descubrimiento hipotético? Esto no es un gran avance desde los días de Cristóbal Colón, que murió convencido de haber descubierto una ruta marítima a la India. pero por lo menos él descubrió algo.
En lugar de esta perpetua vacilación entre la hipérbole pomposa y la cautelosa subestimación, sería mucho más interesante, divertido e incluso útil para la ciencia y los viajes espaciales si se ilumina el funcionamiento interno del proyecto como parte del fascinante proceso con el que el conocimiento científico se acumula gradualmente hasta llegar a la luz del genuino descubrimiento.
El proyecto Galileo es solo un ejemplo de que los reiterados y muy vacíos reclamos de progreso no son justos con la historia real ni con la naturaleza verdadera del trabajo científico. Aunque, después de todo, esto es lo que la sonda tiene en común con el gran científico por el que fue nombrada.
* Estudió astronomía y partículas elementales en la universidad de Bochum y Bonn antes de trabajar en procesamiento de imágenes como miembro del WA69-colaboración de CERN, Ginebra. Actualmente es consultor de IT comunicaciones, fue nombrado en la Sociedad Alemana de Fotografía y es colaborador regular de Telepolis and Kunstforum International. Traducción de Nicolás Suescún.
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