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UNP No.57
Título : Cine eurótico: terrorismo internacional
Autor : Gilles Charalambos
Sección: Cine
Fecha : Mayo 9 de 2004

Escena de Espíritu de la colmena, peícula del español Víctor Erice.

Cine eurótico: terrorismo internacional

Acudiendo a un formato epistolar, poco habitual en UN Periódico , el autor de este artículo, integrante del comité organizador de Eurocine, hace una invitación paradójica a asistir al festival.

Gilles Charalambos*

Señores UN Periódico :

A través de este medio y su correo de lectores me permito manifestarles mis seráficas opiniones respecto al nefasto evento mal llamado Eurocine. Con estas espero desalentar a la juventud colombiana, todavía cándida e incauta, para que no sea seducida por esta tentación que bajo carices culturales se nos insinúa, concordadamente, en estos próximos días borrascosos.

Sin adoptar tonos proféticos, quisiera prevenir sobre una desgracia: el país sufrirá una epidemia de películas (25) provenientes del viejo continente, que ya culminó en Bogotá (del 29 de abril al 9 de mayo) con la confabulación de varias infaustas salas de cine, reconocidas por sus programaciones licenciosas. También desearía advertir que esta plaga itinerante se extenderá al resto del país: en Medellín (del 7 al 16 de mayo), en Barranquilla (del 15 al 22 de mayo), en Bucaramanga (del 15 al 22 de mayo), en Cali (del 19 al 26 de mayo) y en Popayán (del 20 al 26 de mayo).

No entiendo cómo nuestros lúcidos medios de comunicación han vuelto a caer en su incitación morbosa, ya que esta calamidad había golpeado en diez ocasiones anteriores; diez deplorables años en los cuales, más de 400 mil espectadores fueron víctimas de las fatales calidades cinematográficas de 285 películas. Eurocine, impunemente, repitió semejante campaña afectando nuestro país con este decadente arte moderno.

Esta perversa clase de cine, que se caracteriza por sus enmarañadas y endiabladamente incomprensibles propuestas indecentes, solo confunde a nuestros inocentes espectadores acostumbrados a disfrutar, gracias a los intereses lucrativos del monopolio de distribución y exhibición del cine en Colombia, de una cartelera nacional siempre variada y exquisita. Cómo podríamos comparar los desaciertos del Cine de Autor con las bondades que ofrece el maravilloso y realmente imaginativo cine comercial proveniente de Hollywood (literal y apropiadamente traducido como "bosque santo", ubicado en la turística California, gobernada por el gran cineasta "Suasenegar", orgullo de los Estados Unidos de América); o las edificantes telenovelas que nos acompañan a diario con sus ingenuas pero penetrantes situaciones familiares, en verdad muestra del humanismo, inventiva y capacidad de trabajo de nuestros más insignes creadores cinematográficos.

Esta es la décima entrega de Eurocine.

Conocemos los peligrosos autores, reconocidos e indagados internacionalmente, los verdaderos culpables de estas depravaciones del espectáculo, que Eurocine se ha encargado, a ultranza, de propagar en nuestro medio: Resnais, Greenaway, Chabrol, Bergman, Wenders, Koundoros, Swankmajer o Kaurismaki, son algunos de los rancios libertinos e intelectuales que se atreven impúdicamente a mostrarse allí; muchos otros, afortunadamente no tan señalados o recientemente involucrados en similares fechorías, se han prestado a estas muestras del peor gusto.

Como caso particular y de manera azarosa para mi salud mental, los atentados en forma de película de estos terroristas del arte cinematográfico me producen irascibles ataques neurocínicos; aunque debo confesar que padezco de una vergonzosa y viciosa enfermedad cinefílica, me encuentro así más expuesto a estas perturbadoras amenazas. Ventajosamente, en la actualidad la mayoría de los jóvenes están inmunizados a estos trastornos cerebrales tan incómodos.

De manera favorable, la mayoría de las películas más nocivas, artísticas, no llegarán a nuestras costas: las babélicas condiciones idiomáticas reinantes en Europa permiten que sea muy oneroso subtitular en español estas películas. En todo caso, las generosas instituciones oficiales de los Estados de la comunidad europea no están expuestas a estos peores ejemplos, librándonos así de malsanas infecciones provocadas por desconocidos materiales cinematográficos experimentales.

Del veterano director francés Claude Chabrol aterriza en nuestras salas Las flores del mal

Por otro lado, se han dado heroicos intentos de resistencia por parte de duchos abogados, asesores de la nueva y lucrativa Ley del Cine (la misma que otorgará a nuestros mejores genios miles de millones de pesos, para alimentar la gloriosa industria del arte cinematográfico nacional): se propuso inteligentemente, todavía sin éxito, gravar con impuestos de distribución a estas películas importadas por las embajadas y proyectadas de manera no comercial; lo cual impediría seguramente esta y otras muestras similares de efecto perjudicial en nuestro apacible medio cultural.

Quiero llamar la atención sobre el hecho de que la cultura del terrorismo internacional, proveniente también de Europa y fanatizada por cierto extremismo artístico, se esconde detrás de espectáculos atractivos y lascivos que pretenden corromper a nuestra sociedad de vocación democrática y pacífica. No se arriesgue, no vea estas películas; no se someta a la intimidación del cine eurótico; ¡no vaya a Eurocine!

Gracias por su amable atención (nos vemos en televisión).

* Profesor de la Escuela de Cine y Televisión de la Universidad Nacional de Colombia.