UNP No.57
Título : Laclau en Colombia
Democracia: demandas de las bases
Autor : Zoraida Rueda y Luisa Ortiz Pérez
Sección: Entrevista
Fecha : Mayo 9 de 2004 |
Laclau en Colombia
Democracia: demandas de las bases
Zoraida Rueda*
Luisa Ortiz Pérez **
El historiador y filósofo argentino Ernesto Laclau colabora con el Departamento de Gobierno de la Universidad de Essex, Inglaterra. Su nombre se asocia con herramientas metodológicas para el análisis político del discurso y con visiones críticas frente a la razón universal de la modernidad. En días pasados estuvo en Bogotá en el seminario "Discurso, democracia y antagonismos", invitado por la Facultad de Derecho, Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional de Colombia, y por la Facultad de Jurisprudencia y el Instituto Pensar de la Universidad Javeriana. Laclau comentó a UN Periódico sus análisis y lecturas de los fenómenos políticos contemporáneos.
UN Periódico: ¿Cómo se caracterizan las hegemonías?
Ernesto Laclau: Todo régimen hegemónico va a tener que ser siempre una mezcla de populismo, en el sentido de dar expectativas y esperanzas al pueblo, y operar en un marco institucional general de tipo democrático. Muchas veces estas dos experiencias se han dado separadas, porque el aparato institucional se transforma en un obstáculo a las reformas sociales, o porque tarde o temprano cae en fenómenos de corrupción y burocracia que llevan a la desintegración de estos regímenes, si las reformas sociales se hacen por medios puramente antidemocráticos. Cada caso es distinto, pero lo ideal es buscar equilibrio entre un poder fuertemente hegemónico y un aparato institucional que funcione bien.
UNP: ¿La falta de respuesta institucional a las demandas sociales es expresión de crisis en la democracia o en la manera de hacer política?
E.L.: Lo que está haciendo crisis es la posibilidad de hacer cambios importantes dentro de un aparato tradicional. La democracia no significa simplemente un régimen institucional, significa también un conjunto de demandas planteadas por los de abajo al sistema existente.
UNP: ¿A través de qué dispositivos se pasa de lo gremial de un movimiento social a lo universal de la democracia?
E.L.: Si hay un conjunto de demandas sociales que no son absorbidas diferencialmente por el aparato institucional, estas van a tender a una equivalencia. Sería el caso de gente que tiene problemas de vivienda, escolaridad, violencia policial, reclamos pertenecientes a una cierta familia popular global de demandas. Es a través de la lógica de la equivalencia que los reclamos ya no son tan particulares, sino que cobran una subjetividad política más amplia, que yo llamaría popular universal.
 |
Los piqueteros han logrado un nivel de organización de los desocupados, inédito a escala internacional.
|
UNP: ¿Es posible, entonces, que desde las agendas particulares se produzca la movilización global?
E.L.: Todo movimiento encuentra en cierto momento formas de identificación simbólica que originariamente son particulares. Por ejemplo, las demandas de Solidaridad, un grupo de obreros polacos, al comienzo eran muy específicas, sin embargo, al ocurrir en un Estado que daba poca respuesta a los reclamos sociales, se produjo una acumulación de demandas insatisfechas enfrentadas a un aparato institucional. En esa situación los símbolos de Solidaridad no permanecieron aislados, sino que se transformaron en una protesta social más global. Es decir, siempre un elemento de representación global puede estar presente en una situación particular.
UNP: Miremos fenómenos políticos regionales. ¿Cuál es su posición respecto a la crisis venezolana actual?
E.L.: Venezuela está polarizada entre dos campos políticos. Uno ligado a la experiencia de Chávez, y el otro, a un conjunto de fuerzas reactivas. Lo que ocurre es que el aparato institucional está en manos de sectores opuestos al cambio y usan los instrumentos de poder para impedir el cambio. Desde ese punto de vista mi posición es inequívoca. Yo apoyaría el campo de Chávez, porque al menos está intentando reformas profundas de la justicia social y reestructurando el poder económico como ningún otro líder político había intentado antes.
UNP: A Chávez se lo califica de populista, ¿cómo define este concepto?
E.L.: Populismo no es un concepto peyorativo, pues no define la orientación de un gobierno ni una tecnología del poder basada en la manipulación. Lo que lo define es llamar a los de abajo pasando por encima de la cúpula institucional, con orientaciones que pueden ser de derecha o de izquierda. No puedo concebir un movimiento de izquierda que sea total y exclusivamente institucionalista. Siempre una dimensión de populismo va a estar presente y es legítimo que así sea. Pero lo importante es reconocer la orientación del populismo. Si bien se puede llamar a la unidad del pueblo frente al sistema para producir un cambio, también es posible hacerlo frente a un enemigo común, como es el caso del nazismo frente a los judíos.
UNP: Argentina ha sido uno de sus temas recurrentes. ¿Cómo lee la coyuntura de su país?
E.L.: A finales de los años noventa se dio la gran crisis que condujo a la caída de De la Rúa y a la expansión del movimiento Piquetero. No obstante, en las bases sociales había una enorme extensión de las luchas en sentido puramente horizontal, el nuevo patrón que estaban adoptando no se tradujo inmediatamente en el sistema político. En parte porque era muy rápida la transición y en parte porque la actitud de los Piqueteros era decir "que se vayan todos". Esa lógica significa "que se quede uno".
UNP: ¿Cuáles son sus impresiones del vuelco político representado por Néstor Kirchner?
E.L.: Cuando se llamó a elecciones, resueltas dentro del sistema partidista tradicional, los Piqueteros no tuvieron representación electoral. La sorpresa es que Kirchner -elegido presidente con el 16% de los votos y venido de las luchas populares de los años setenta- tuviera un consenso cada vez mayor. Así, recibió a las madres de la Plaza de Mayo, a los representantes de los Piqueteros, se plantó frente al Fondo Monetario Internacional, y el resultado es que ese corto circuito entre la dimensión vertical del poder y la horizontal de las protestas sociales lentamente se recompuso. Hoy el panorama es más alentador, puesto que la aprobación de Kirchner es del 83% de la población y sus alianzas con el movimiento Piquetero son evidentes.
UNP: ¿Qué lectura da al triunfo del Psoe en las elecciones de España?
E.L.: Es una sorpresa, porque el espectro político avanzaba hacia el triunfo para Rajoy y el Partido Popular (PP). Pero es un error creer que la victoria del Psoe es simplemente el resultado de los atentados de Madrid y de la forma como el gobierno trató de manipular la información para hacer aparecer a ETA como la responsable. Estos eventos son solo el detonante que aceleró un proceso de respuesta al giro autoritario del gobierno Aznar; al estancamiento en la posibilidad de diálogo con los catalanes y los vascos; y al intento de reducir toda decisión política al problema del terrorismo de modo que cualquier otro juego fuera ignorado. Hubo un movimiento de erosión del poder del PP en sus bases de sustentación popular y como consecuencia el aparato institucional partidista no funcionó y las elecciones se perdieron.
UNP: ¿Qué consecuencia tendrá el triunfo socialista en España para los países de la Alianza contra el terrorismo?
E.L.: La Alianza está completamente dislocada. Con España entrando en un cierto acuerdo con Francia y Alemania, queda aislado Berlusconi en Italia y son difíciles las posibilidades de los países del este de Europa de encontrar un fuerte apoyo en el oeste, sin lo cual no pueden tener influencia. El primer ministro británico, Tony Blair, va a estar con el alma dividida, como ha estado siempre, entre favorecer su papel en la Otan o jugar un papel preponderante en Europa.
UNP: ¿En ese contexto, qué se podría esperar de las próximas elecciones presidenciales en los Estados Unidos?
E.L.: El electorado norteamericano ha sido mucho menos crítico de la guerra que el electorado europeo. Según encuestas recientes, el 50% de la población norteamericana todavía cree que Al Qaeda y Sadam Hussein estaban conectados. Ha habido un proceso de desinformación grande. Pero la guerra está produciendo fenómenos de desgaste, por un lado, de los ánimos que apoyan el combate, y por otro, de la claridad con la que se ve el conflicto. Los soldados asesinados casi diariamente ejercen una presión adicional. La situación interna de la economía tampoco favorece a Bush. Así que todo esto va a repercutir negativamente en sus posibilidades de victoria, pero es temprano para saberlo.
* Jefe de la Oficina de Prensa, Universidad Nacional de Colombia.
** Ph. D. en Ideología y Análisis del Discurso, docente Universidad del Rosario.
|