UNP No.56
Título : Colombia, subterránea y sorprendente
Autor : Yino Castellanos
Sección: Ciencia
Fecha : Abril 18 de 2004 |
Colombia, subterránea y sorprendente
La creación de un catálogo general de las cuevas y cavernas del país es un primer paso para mirar con otros ojos las entrañas de esta tierra.
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Cada espeleotema puede tardar enrte 100 y 600 años en crecer un milímetro.
Fotografía Grupo de Geomorfología y Estudios Fluviales |
Yino Castellanos*
Pocos habitantes del municipio de Santa Sofía, en el departamento de Boyacá, saben que el hueco de la Romera era llamado de la Ramera, porque, según la leyenda, allí arrojaban a las mujeres sospechosas de infidelidad; si salían sanas y salvas a Monguí, era gracias a que la virgen María iluminaba sus pasos.
Relatos que el folclor vivifica para volver a las cavernas y retornar al lugar donde la humanidad dejó sus primeras huellas, y sentir ligeramente la presencia del tiempo en cada una de las voces que habitan la oscuridad de estos parajes.
Y es debido a esta sensación, unida a la curiosidad que despierta la exploración científica de los laberintos subterráneos del país, que el grupo de Geomorfología y Procesos Fluviales del Departamento de Geociencias de la Universidad Nacional emprendió la difícil tarea de crear un catálogo general de la riqueza espeleológica del territorio colombiano, como un primer paso para llamar la atención sobre la urgencia de preservar este patrimonio.
Trabajo no les va a faltar, dadas las condiciones geológicas colombianas, que favorecen la formación de huecos en la roca caliza, en especial por la acción del agua, que lentamente va horadando las barreras naturales que encuentra, labrando en su camino formas múltiples: cuevas, cavernas, grietas, simas y demás tipos de oquedades, que si bien no son las únicas, pues también hay cavernas que se forman por presión sobre el terreno, e incluso hay cuevas glaciales, sí son las más comunes en territorio colombiano. De esta manera, se estiman en más de mil los ecosistemas subterráneos que pueden tener cabida en el subsuelo criollo, concentrados en la zona cárstica del país, (cordilleras central y oriental), de los cuales no hay reportados más de 200, es decir, nombrados y ubicados, pero sin caracterización geológica.
Si bien la espeleología colombiana apenas da sus primeros pasos, los esfuerzos de entidades como la Fundación Natura y los institutos Humboldt y de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional, así como investigadores independientes, se han aproximado a la bioespelológica para estudiar la interacción de los seres vivos que habitan en las cavernas y su relación con el entorno.
Producto de estos trabajos, se ha logrado identificar buena parte de la fauna que habita estos inhóspitos parajes: los artrópodos, los extraños amblipigios (invertebrados, cuyo primer trabajo de estudio en el país se adelantó recién en 1986), los famosos guácharos (la única ave cavernícola del mundo, cuyo radio de vuelo es de 100 kilómetros) y, por supuesto, los murciélagos, mamíferos importantes en la vida de los ecosistemas subterráneos, como vehículos de semillas, polinizadores y controladores de plagas.
Como señala la bióloga Yaneth Muñoz: "La interacción de estos lugares con el entorno es intensa, gracias, entre otras cosas, al vuelo de los guácharos y a la elaboración del guano". Este fertilizante, producto de la mezcla de excreciones y desechos de los animales, es importante en el renglón agrícola de países como México, pero en Colombia apenas si se reconoce su valor.
La Danta y El Cóndor
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La célebre caverna del Manantial, en Río Claro, Antioquia.
Fotografía Grupo de Geomorfología y Estudios Fluviales |
Un paso para la conformación de una Sociedad Espeleológica Colombiana que sea capaz de crear un inventario preciso de las cuevas y cavernas del país lo constituyó la tesis de grado de Sandra Bacón, estudiante de la carrera de Geología.
El trabajo consistió en la caracterización geológica de las cavernas La Danta y El Cóndor, ubicadas en los municipios de Sonsón y Puerto Triunfo, en Antioquia, y es prácticamente inédito en Colombia, ya que no se tienen registrados más de cinco casos de estudio de la composición de la roca, la identificación de los espeleotemas (conformaciones que crecen en el interior de las cavernas) y otras actividades técnico-científicas que pueden llevar entre uno y cinco años.
Pero, ¿por qué es importante estudiarlas? Es una cuestión vital, afirma el geólogo Manuel Moreno, quién enfatiza en los beneficios que le podría traer al país un registro pormenorizado de sus cuevas y cavernas: el aprovechamiento de las aguas subterráneas y del guano y su uso como archivo geológico. También, claro, por el desarrollo de una industria turística bien planificada, que tenga en cuenta las condiciones médicas más favorables en la práctica de la espeleología extrema: conocimiento de la profundidad y extensión de las cavernas, para evitar problemas de ausencia de oxígeno y prever que la concentración del guano pueda producir ectoplasmosis, un tipo de afección plumonar.
Otra tarea de la sociedad sería el monitoreo de las cavernas para que no se repita la situación de La Danta, que, debido al uso inadecuado de la minería, con el fin de obtener mármol (hay más de 38 minas artesanales sobre su techo), ha perdido una de sus secciones y no presenta vida sino en el sector más profundo. Tampoco El Cóndor se escapa a la explotación indiscriminada de los 350 metros que conforman sus tres grandes salones.
El grupo prepara un estudio más ambicioso de cinco cavernas en Boyacá: las cuevas de Santa Sofía. En el trabajo previo se encontraron datos que hablan de la ignorancia en el uso de estos lugares: uno de ellos fue convertido en discoteca y en la Caverna de la Fábrica la gente rompe los espeleotemas, pues los considera milagrosos. Difícil labor la que le espera a la Sociedad Espeleológica Colombiana.
* Periodista Unimedios.
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