UNP No.55
Título : Innovación institucional en la UN
Autor : Guillermo Maya Muñoz
Sección: Educación
Fecha : Marzo 28 de 2004 |
Innovación institucional en la UN
Guillermo Maya Muñoz*
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El futuro de la educación y de la sociedad se soporta en el desarrollo del conocimiento.
Fotografía Guillermo Flórez |
El proceso de claustros y colegiaturas de estudiantes y profesores, empezando desde las unidades básicas hasta el claustro y la colegiatura nacional, citado por el Consejo Superior Universitario a finales del año 2003 para sentar las bases de política académica del Plan de Desarrollo de la Universidad Nacional 2003-2006, es una experiencia novedosa y fructífera. Esta actividad democrática ha sido la oportunidad para expresar opiniones, de manera muy controvertida, sobre la propuesta rectoral al respecto.
Se propone una visión orgánica sobre el sistema universitario. Nuestras universidades todavía no tienen el ciclo completo de formación superior; en este sentido, la propuesta pretende convertir a la UN en una universidad de investigación y de doctorados, sin perder de vista la importancia del pregrado, que se debería transformar en ciclos de cuatro años, redefiniendo los cursos y el trabajo de grado con un uso más intensivo del tiempo.
La propuesta es estratégica para la UN, así como para la sociedad colombiana. Los países que pretendan ser viables económica, social y políticamente en el futuro (para mañana es tarde), no lo podrán hacer sin que tengan un sistema educativo fuerte y autónomo para producir conocimiento, hacer desarrollo experimental con el mismo y convertirlo en innovaciones tecnológicas, productivas.
Esta visión utilitarista de la ciencia y el conocimiento no riñe con la necesidad que tienen las naciones de conocerse a sí mismas. Combinar la búsqueda de la verdad con las demandas sociales para encontrar solución a la satisfacción de las necesidades humanas, desde la ciencia, la técnica y el arte, es la misión de la universidad moderna.
La iniciativa en este aspecto es a) internacionalista: en un primer sentido, las ideas y el conocimiento por naturaleza son internacionales. Esta es la esencia de la universidad. En un segundo sentido, colocar la universidad dentro de las mejores de América Latina y el mundo es un proyecto que no se puede lograr sin que la UN se convierta, con los estudios de doctorado, en una universidad centrada en la investigación; b) nacionalista: en un mundo abierto es cada vez más necesario competir con bienes intensivos en conocimientos y cada vez menos en bienes intensivos en recursos naturales, sin mayores procesos previos, y c) democrática: la posibilidad de que amplios sectores de la sociedad colombiana puedan cursar sus estudios doctorales en el país, por supuesto mucho más baratos, es un factor más que, sumado a la masificación de la educación superior, acelerará la desmonopolización del conocimiento por parte de las élites económicas y políticas del país que pueden pagar una buena educación en el exterior o usufructuar las becas y los recursos del país para hacerlo. La democracia moderna descansa cada vez más en las clases medias educadas y numerosas.
El mayor escollo para esa realización es el asunto de la financiación. La investigación y los estudios de doctorado son costosos en cualquiera parte del mundo. Demandan que el Estado colombiano se comprometa con la financiación generosamente, y así lo piensa el rector: "La UN tiene que proponer al Estado colombiano y al sistema universitario un contrato para que los recursos de financiamiento de los doctorados se canalicen a esta casa de estudios".
Una de las mayores críticas a la propuesta es que los doctorados y la investigación significarán el descuido de los pregrados y su decaimiento. No necesariamente. El florecimiento de los posgrados en la UN, maestrías principalmente, desde 1990, ha significado lo contrario para los pregrados. Los posgrados han generado una serie de efectos positivos: participación de los estudiantes de pregrado en proyectos de investigación, la modalidad de grado de cursar el primer semestre en los posgrados, profesores mejor calificados que se mueven entre el pos y el pregrado, seminarios de profesores visitantes a los que se invita a los estudiantes del pregrado, más libros y revistas para las bibliotecas, un ambiente de debate y discusión más avanzado, etc.
Para consolidar la existencia de la UN, comprometiendo a la sociedad colombiana con este proyecto cultural y científico, es necesario que la comunidad universitaria esté dispuesta a rendir cuentas a la misma sociedad que la financia con impuestos y le otorga una autonomía para pensar y disentir en la búsqueda del conocimiento, incluso aunque los poderes de turno se sientan incómodos con las voces universitarias.
Es necesario que la UN se comprometa con los procesos de acreditación nacional e internacional para sus programas académicos, que los profesores se dispongan a aceptar procesos de evaluación cada vez más exigentes, al igual que los estudiantes. No es posible seguir exigiendo una financiación a la sociedad sin responsabilidades para cumplir. En este sentido, es necesario que el tiempo de los estudiantes se utilice de la mejor manera, haciendo que la repitencia de asignaturas disminuya, lo mismo que el tiempo para obtener el grado. Los países pobres no pueden darse el lujo de desperdiciar sus recursos escasos.
Por otro lado, los profesores también estamos en la obligación de responder por el uso del tiempo. El hecho de que cerca de un 60% de los puntajes por productividad académica se concentran en el 10%-12% de docentes, incrementado así sus salarios, indica que todavía hay mucho espacio para que ellos se comprometan con mayores actividades de producción académica: investigaciones, publicaciones, producción artística, etc.
Lo anterior exige que la Universidad se comprometa a garantizar la formación doctoral de sus docentes. El convenio logrado con la Fundación Carolina y otros acuerdos apuntan a ello. El porcentaje de profesores con doctorado -de 10%-12%- es muy bajo, y, de no modificarse esta situación, se constituiría en una restricción para la propuesta rectoral.
Finalmente, la participación de los estudiantes y profesores en este proceso fue muy seria, demostrando su capacidad de hacer propuestas sin dejar de ser críticos. Sin embargo, muchos sectores académicos, unos por oposición al rector y otros por estar más preocupados con sus pequeños "negocios", no le dieron la importancia que tiene, y se marginaron del proceso, lo que a mi parecer es equivocado para el porvenir de la institución.
* Profesor Titular, Escuela de Economía, Universidad Nacional, sede Medellín.
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