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UNP No.55
Título : Las primeras lecciones de España
Autor : Mary Kaldor
Sección: Internacional
Fecha : Marzo 28 de 2004

Las primeras lecciones de España

Las Brigadas de Abu Hafs al Masri, grupo fundamentalista musulmán, se atribuyen el atentado de la ruta férrea que une a Madrid con Alcalá de Henares y Guadalajara.
Fotografía Cortesía AP.


Decir que el terrorismo requiere una guerra para combatirlo, antes que deslegitimar a los terroristas, profundiza la causa islámica global. Pero, tan equivocado como ello, es haber convertido al terrorismo en instrumento político. La especialista inglesa en intervención humanitaria, Mary Kaldor, autora de Nuevas y viejas guerras, plantea que el razonamiento y el debate popular sobre cómo manejar el problema debe reemplazar el criterio de los grandes dirigentes del mundo.


Mary Kaldor*

¿Cuál es la lección de los acontecimientos ocurridos en España en días pasados? Que el terrorismo es demasiado serio para ser empleado como un instrumento de los partidos políticos. Sin embargo, el terrorismo ha sido usado por George W. Bush, Tony Blair y José María Aznar para legitimar la guerra en Irak. Pero el pueblo español, que tuvo la experiencia de la realidad del terrorismo en las terribles explosiones de hace tres semanas, rehúsa aceptar sus argumentos. Mi propio primer ministro, Tony Blair, está en lo correcto cuando avisa del peligro del terrorismo global. Está en lo cierto cuando dice que los terroristas quieren crear la batalla del Armagedón. Al-Qaeda, en común con todos los fundamentalistas religiosos, tienen la creencia en una guerra cósmica, en un conflicto de vida y muerte entre el bien y el mal. Sus militantes tienen como meta una violencia espectacular con el fin de movilizar reclutas a su causa. "El despertar ha comenzado", dice Osama Bin Laden en una grabación después del 11 de septiembre de 2001.

Pero Blair está equivocado cuando argumenta que el terrorismo justifica la "guerra contra el terror". Por el contrario, el término "guerra" alimenta la concepción de los terroristas en torno a la guerra santa (yihad). Promueve a los terroristas al estatus de un enemigo, en vez de desacreditarlos como criminales. Implica que la acción militar es justificable y que la matanza de civiles, aunque no sea intencionada, es de alguna manera legítima. Muchos más civiles han muerto en Afganistán e Irak que los asesinados por terroristas en Nueva York, Washington, Bali, Casablanca y otros lugares, y ese argumento ha sido usado, a su vez, para justificar más actos de terror.

Los terroristas quieren la guerra. Ellos quieren ser bombardeados porque así se demuestra que el conflicto cósmico en verdad existe. A esto se añade la humillación de los jóvenes musulmanes atraídos por la causa global islámica. Esta es la principal razón de que me oponga a la guerra en Irak. Aunque pienso que el pueblo iraquí vive mejor de lo que vivía antes de la guerra. Sin embargo, visitando Irak, yo misma he visto cómo el método del cambio de régimen mediante la invasión no encaja bien con un desarrollo democrático y ha dejado un legado de violencia y una caída del Estado que va a ser difícil de sobrellevar. Me opongo a la guerra porque, en primer lugar, la gente muere (más de 10.000 según Iraqbodycount.net), en segundo lugar, por la violación a la ley internacional, y, por último, porque temo que la guerra va a aumentar los actos de terrorismo.

Nexos espontáneos

La incertidumbre de los españoles ante el sorpresivo atentado no les ha impedido unirse en rechazo contra el terrorismo.
Fotografía Cortesía AP.

No existían nexos entre Saddam Hussein y Al-Qaeda antes de la guerra (aunque es interesante que las agencias de inteligencia de Occidente no notaran la construcción, con dinero Saudí, de las mezquitas Wahabi en Irak). Pero la guerra los unió. Los guerreros islámicos se aliaron con el remanente del régimen de Sadam para enfrentar "la resistencia" a la ocupación americana. Nunca podremos probar que, en efecto, la guerra ha aumentado el terrorismo. Pero es evidente que "la guerra contra el terrorismo" no funciona. Las explosiones en Arabia Saudita, Marruecos, Moscú, y ahora Madrid, dan testimonio de su fracaso. (Cuando los comentaristas sugieren que Al-Qaeda tiene blancos simbólicos y que los trenes son blancos inusuales, ignoran las explosiones en trenes en Moscú, así como la trágica guerra en Chechenia).

Bush, Blair y Aznar, en formas distintas, han empleado el terrorismo para sus propios fines políticos. Quizás sea excesivo sugerir que Bush usó el 11 de septiembre guiado por los intereses del complejo militar-industrial y de la agenda neoconservadora. Pero, indudablemente, el 11 de septiembre lo condujo a una guerra dirigida por un presidente y le dio el apoyo popular que nunca tuvo antes.

Más recientemente, Bush ha jugado con esa fecha y usa el 11 de septiembre en propaganda de campaña para impulsar su elección (ya que no su reelección, puesto que nunca fue electo). Blair realizó su discurso en Sedgefield con el intento de cubrir con un velo el debate sobre por qué fuimos a la guerra contra Irak y trató sin éxito de reconstruir nuestra fe sobre su integridad moral. Y el gobierno de Aznar trató de proyectar las explosiones de Madrid como un trabajo de la ETA.

El pueblo español ha demostrado demasiada sofisticación. El pueblo español ha desenmascarado esas tácticas. Hubiera sido muy fácil reunirse alrededor del gobierno, como los israelíes lo hacen después de los ataques suicidas con bombas.

Lo que ahora se necesita es modestia por parte de los políticos. No queremos que nos digan que ellos saben qué hacer y que dominan el problema. Sabemos que la amenaza terrorista es real, compleja y difícil de contener. Se necesita un amplio debate popular sobre cómo manejar el terrorismo. Tenemos que hacer el trabajo político y de inteligencia. Pero también debemos entender qué atrae a la gente joven a unirse a Al-Qaeda.

Esta ya no es más una organización. Es una idea que conecta una red de grupos independientes diseminados por todo el mundo, especialmente en Europa. Tenemos que entrar en un debate con nosotros mismos, y sobre todo con la gente joven, sobre qué anda mal en el mundo; por qué tantos se sienten desilusionados, y por qué algunos buscan esa forma de acción nihilista y drástica. Y necesitamos que esta discusión se tome seriamente. No debe haber otra "consulta", otra "gran conversación" u otra clase de intento para decirnos que nuestros políticos están "oyendo". El terrorismo es real y necesitamos desplegar todo nuestro conocimiento y razonamientos disponibles.

La forma como se ha combatido el terrorismo es incorrecta. Cada día parece haber un nuevo ejemplo. El tratamiento que se le dio a los recientes liberados de Guantánamo no puede justificarse en términos de "la guerra contra el terror", así como tampoco los bombardeos a la población civil. Tales violaciones no deben dejarse de lado o ser ignoradas si queremos empezar a combatir las causas que subyacen el
terrorismo.

Podemos continuar haciéndolo, pero a riesgo de aumentar la marginación política de quienes se opusieron a la guerra en Irak y a riesgo de neutralizar la movilización y deliberación pública necesaria si queremos combatir el terrorismo desde sus raíces.

* Directora del Programa Sociedad Civil Global en la Escuela de Economía de Londres. Este artículo, publicado en OpenDemocracy.Net, fue cedido por la autora a U.N. Periódico.