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UNP No.54
Título : Las tareas del 2004
Autor : Marco Palacios
Sección: Editorial
Fecha : Marzo 7 de 2004

Las tareas del 2004

Por Marco Palacios
Rector Universidad Nacional de Colombia

Cuando va para un año la actual administración rectoral, son palpables los cambios en el ambiente de la Universidad así como en el estilo de dirección. Las premisas del viraje estriban en el acatamiento a los preceptos de la libertad de cátedra y de investigación científica, en el respeto a la legalidad interna y a la pluralidad de expresiones de las comunidades académicas, y, por supuesto, en un hondo sentido de pertenencia a los destinos de la nación colombiana.

Bajo tales supuestos nos ha sido permitido plantear los principios y los métodos para realizar en los próximos años una profunda reforma académica. Su deber ser está circunscrito a que la Universidad Nacional se ponga a tono con las exigencias de un presente que ya es futuro. Nuestro punto de partida es el reconocimiento de las oportunidades, no exentas de enormes desafíos, de ése fenómeno objetivo que por doquier se llama globalización. Para navegar con más seguridad y solvencia en el mundo global hay que contribuir al fortalecimiento del Estado colombiano.

Desde la perspectiva universitaria esto impone, entre otras cosas, adecuar los planes de estudio y las líneas de investigación científica a los requerimientos nacionales e internacionales; reforzar sistemáticamente los esfuerzos pedagógicos internos; diagnosticar con más precisión las necesidades de la educación continuada, todo para que la integración de la Universidad al país resulte genuina y más provechosa.

El reto histórico que hoy enfrenta la Universidad Nacional debe conducirla a reorganizar la administración de las disciplinas artísticas, científicas y humanísticas, así como de las escuelas profesionales históricas: Ingeniería, Medicina y Derecho. Sólo así la UN será una fuente de solución de los grandes problemas nacionales y los ciudadanos dejarán de percibirla como un problema más que el país debe llevar a cuestas. Para que la Universidad esté del lado de la esperanza cívica tiene que profundizar el esfuerzo autocrítico, recogido en sus documentos de autoevaluación académica y, más importante, deben sus comunidades perder el miedo al cambio. Bien puede ser que ese miedo se alimente de intereses establecidos, localizados en unidades académicas que se petrificaron y que hoy se mueven por la mera inercia y la cadencia de rutinas extemporáneas con un costo social exorbitante.

Recordemos sumariamente la base estadística de algunas de estas consideraciones: cada año se presentan a nuestros exámenes de admisión cerca de 100.000 jóvenes colombianos; ingresan unos 10.000 y al cabo de un tiempo relativamente largo alrededor de 3.800 obtienen un título académico. Estas cifras más que desalentadoras son temiblemente preocupantes. Para interpretarlas hay que buscar las fallas de los sistemas de educación básica y secundaria: los niveles académicos de los bachilleres que ingresan a la universidad colombiana, en general, son precarios así como defectuosos los hábitos de estudio.

La pregunta es cómo podría contribuir la universidad a solucionar este problema; cómo debiera apoyar los esfuerzos de las autoridades e instituciones de las ciudades, municipios y Departamentos para mejorar la calidad y pertinencia de sistema educativo; cómo debiera enfocar y entender mejor los métodos de enseñanza que practica, particularmente en los estudiantes de los primeros semestres. Cómo podría conciliar los principios de la formación humanística integral con las exigencias del conocimiento científico especializado; cómo formar, en fin, investigadores y profesionales competentes que tengan los pies puestos en el mundo y en la tierra colombiana; es decir, jóvenes que conozcan, aprecien y critiquen con solvencia cognitiva y ética las realidades y potencialidades de un país que padece graves índices de desigualdad regional, social, de género, de edad y altos niveles de pobreza, criminalidad organizada y espontánea y de corrupción política.

Estas preguntas genéricas para el sistema universitario, adquieren particular relieve en la Universidad Nacional. Dada su tradición histórica y los importantes recursos que los contribuyentes colombianos le han entregado desde su misma creación en 1867, es evidente que nuestra institución está en capacidad de tener los mejores estudiantes, profesores e investigadores del país y por tanto proyectarse como la universidad emblemática.

Sobre esta base de reconocer la importancia de la calidad, la UN debe marchar decididamente hacia la investigación. Esto significa dar un salto en el fortalecimiento y ampliación de los estudios de postgrado.

La tarea que se ha impuesto la rectoría para este año consiste en formular un Plan de Desarrollo (2004-2006) que, recoja los postulados misionales básicos y los planteamientos de los Claustros y Colegiaturas, realizados por primera vez en su historia en el último trimestre del año pasado, y plasme una reforma de la organización y administración de la enseñanza e y la investigación.

Llegó la hora de replantear a fondo el actual sistema de Sedes, Facultades, Departamentos, Institutos de Investigación. Simultáneamente hay que adecuar el Estatuto Docente al retiro masivo de los docentes que han alcanzados los derechos pensionales y que es visible a partir de este año. Es menester crear un sistema nacional de bibliotecas y en cuanto a los laboratorios tendremos que generar una verdadera red nacional de servicios que supere la privatización de hecho a que muchos de estos han estado sometidos en los últimos años por los mismos docentes. Debemos desarrollar planificadamente un sistema informático integrado, sobre la base del cambio tecnológico permanente. Por último, y no menos importante, hay que replantear el significado de la presencia nacional de la Universidad, en particular desde la perspectiva del abigarrado mosaico regional que es Colombia.

En lo que atañe al desarrollo y adecuación de sus infraestructuras físicas, hay que recordar que éstas son una habitat, un símbolo y una manera peculiar de insertarse creativamente en las ciudades de Bogotá, Medellín, Manizales y Palmira.

En fin, este año la UN deberá moverse en todas esas direcciones de suerte que queden bien planteadas las bases y dilucidados los contextos en que trabaja una institución de conocimiento al servicio de los colombianos de hoy y de mañana.