UNP No.54
Título : El riesgo de ser joven
Autor : Fabián Sanabria-S.
Sección: Sociedad
Fecha : Marzo 7 de 2004 |
El riesgo de ser joven
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| El dialogo intergeneracional, una tarea pendiente para el abordaje integral de los conflictos sociales. El antropólogo francés Marc Augé conversa con jóvenes sobre su reciente visita a Colombia. |
Oisive jeunesse / A tout asservie
Par délicatesse / J’ai perdu ma vie
Ah! Mille veuvages / De la si pauvre âme
Qui n’a que l’image / De la Notre-dame!
Est-ce que l’on prie / La Vierge Marie?
Arthur Rimbaud, Chanson de la plus haute tour*
Fabián Sanabria-S.
Profesor Asociado
Facultad de Ciencias Humanas
Con desbordante participación de jóvenes procedentes de diversas ciudades del país culminó hace pocos días en el Centro de Convenciones Alfonso López Pumarejo de la Universidad Nacional, sede Bogotá, un encuentro internacional sobre culturas juveniles, en el cual se discutió ampliamente sobre uno de los objetos preconstruidos más comunes de las ciencias sociales en los últimos años: la categoría "joven". Con un balance de numerosas investigaciones sobre el tema, en el desarrollo del evento quedó claro cómo varias de ellas utilizan la noción de manera homogénea, partiendo de la presunta identidad de agentes sociales incluidos en un marco de edad, en vez de asumir el reto de realizar una construcción teórica capaz de superar las urgencias del sentido común, “con el ánimo de transformar ese campo de investigación en problema social”. El seminario contó con la presencia de destacados académicos, entre ellos el célebre antropólogo francés Marc Augé y el renombrado sociólogo Michel Maffesoli, que compartieron, desde dos ópticas distintas, sus reflexiones a propósito del riesgo de ser joven hoy.
Efectivamente, mientras para Marc Augé asistimos a un cambio de contexto caracterizado por un silencio general de las instituciones, que parecieran dar vía libre a las ideologías del presente, "dejándose arrastrar por la fuerza de las ilusiones sin porvenir", para Michel Maffesoli las lamentaciones críticas de todas las crisis han sido superadas por las festividades de la noche, "en los instantes eternos del aquí y el ahora que inauguran un nuevo tiempo de las tribus". Sin embargo, más acá de una polémica ideológica sobre las nociones de "contemporaneidad" y "postmodernidad", bastante explícito resultó para los asistentes al seminario que bien vale la pena preguntarse por las implicaciones sociopolíticas de afiliarse a una u otra tendencia, en términos de cuáles pueden ser las utopías más verdaderas y válidas que los jóvenes debemos construir: si continuar en el dejar hacer y pasar de la instantaneidad pretenciosa de buscar lo nuevo corriendo tras la última novedad o trabajar con la vitalidad que nos caracteriza, canalizando con inteligencia nuestras energías instintivas, en busca de creaciones culturales, antes que alienantes, liberadoras.
Siguiendo el horizonte de la contemporaneidad, como espacio preferencial deberían entonces renovarse los estudios sobre juventud, considerando en los análisis especialmente las múltiples maneras de construcción y reconstrucción de sentidos que realizan los jóvenes, pero entendiendo el sentido no como una entidad trascendente o metafísica, sino como la conciencia recíproca y compartida del lazo social representado e instituido con relación a otros. En ese campo, los juegos, ritos y liturgias de los jóvenes serían ese dispositivo espacio-temporal, intelectual y sensorial tendiente a recrear hoy -de otra manera- dicho lazo. De modo que resulta necesaria una enorme creatividad para ver “más acá” las identidades sociales: cuando en el mundo actual gastamos tanto tiempo queriendo inyectar sentido a nuestros sistemas educativos o políticos -y afirmamos tajantemente que asistimos a crisis de identidades-, precisamente estamos olvidando las enormes dificultades que enfrentamos tratando de pensar el lazo que nos liga a los demás. Por consiguiente, el mayor desafío es reconocer con los estudiosos de los jóvenes -que en la mayoría de los casos somos jueces y parte- que "no somos islas, sino pedazos de continente", y que contra la soledad y el sinsentido nos enfrentamos por medio de numerosos dispositivos tendientes a recrear el lazo social, todo para alcanzar una conciencia individual y compartida de ser, a la vez singular y gregaria. Es decir, saber sin más elucubraciones que sobre-vivir, si se quiere, es comprender que no se está completamente solo.
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| Más que una visión totalizante de la juventud, los analistas abogan por el estudio desagregado de lo que significa ser joven en el mundo de hoy. |
Paralelamente, al escuchar a los demás ponentes del seminario internacional sobre juventudes, se percibió que, mientras cada vez se vuelve más evidente la emergencia de los jóvenes como sujetos sociales -protagonistas de las tendencias de una época que vive cambios acelerados en las instituciones y reorientaciones generales de la acción colectiva-, las sociedades se empecinan en vernos como agentes sociales "en riesgo", rebeldes, conflictivos, o como alienados consumidores. Empero, también se subrayó la necesidad de reconocer en las culturas juveniles nuevos territorios y sensibilidades que ponen de relieve los símbolos e imaginarios de los múltiples procesos de la producción cultural, de las dinámicas sociales de recomposición de la creación a escala planetaria, del uso de los espacios urbanos y de su relación con los medios masivos de comunicación, entre otros ámbitos.
En ese sentido, si bien resultó indispensable aproximarse desprevenidamente a los procesos sociales a través de los cuales los jóvenes integramos de forma coherente discursos y acciones que confieren sentido al mundo, el seminario hizo énfasis en la construcción social de la categoría "joven", teniendo en cuenta las dimensiones de significación que se articulan en nuestros universos para la composición y recomposición de sentidos. Así, los trabajos presentados destacaron cuatro dimensiones de significación, donde hoy se construye y reconstruye el sentido social de los jóvenes, a saber: una dimensión comunitaria, concerniente a la definición formal del individuo o grupo y sus afinidades electivas; una dimensión emocional, que suele comprometer la producción del sentimiento individual o colectivo de identidad (el sentimiento de ser un Yo y poder formar un Nos-otros); una dimensión ética, que normalmente pone en juego la definición de valores compartidos individual y socialmente; y, una dimensión cultural, que generalmente reúne los conocimientos teóricos y prácticos constitutivos de la memoria individual o colectiva (a la vez histórica y mítica) del individuo y las culturas juveniles.
Al reconstruir esas dimensiones, especial interés tuvo el problema del crecimiento en los jóvenes. Ante la coyuntura específicamente constatada de diversos procesos de recomposición social a escala global y local (cuya caracterización general bien puede sintetizarse como una triple redistribución de la relación con el tiempo, el espacio y la autoridad; como una triple crisis que afecta la identidad, la mediación y la centralidad; y como una triple descomposición: déficit de lo político, explosión e inadecuación de las ofertas de sentido, fuerte disminución y retracción de lo creíble), el creer juvenil abarca hoy talleres con un trabajo de re-configuración donde la memoria se re-compone, la continuidad se re-establece, el sentido se re-busca y los signos reveladores de afinidades nacientes, al lado de un mundo en transformación, se multiplican.
En síntesis, la juventud, más que asumirse como una "ilusión bien fundada", que no sería sino un nombre, al imponerse como categoría de percepción tendiente a organizar y estructurar sujetos y prácticas que retroalimentan una realidad, debe ser estudiada desde las ciencias sociales, discriminando juventudes distintas: estableciendo cada grupo en función de sus condiciones materiales determinantes en la producción de una posición social específica, caracterizando en los grupos las "luchas simbólicas entre generaciones", y objetivando la construcción social de sus múltiples actores como "problema social". Es decir, relacionando las dinámicas que condicionan la reproducción social de los grupos juveniles con las instituciones que producen problemas sociales. Estudios de la construcción social de la juventud en los que sería inminente comprender las lógicas de "etiquetaje"mediante las cuales los sujetos terminan identificados con la definición social de su "esencia", o sea, de aquellos procesos sociales inventados que terminan convirtiéndose en "profecías de auto-cumplimiento".
Finalmente, las dinámicas sociales exploradas en el seminario internacional "Jóvenes: conflictos y violencias"subrayaron el conjunto de constantes y variables ajustes que generalmente se efectúan con el fin de gestionar las contradicciones del sentido social entre los jóvenes; el creer-decir frente al poder-hacer juvenil señaló el lugar privilegiado de una confrontación, el espacio de una coincidencia. Dicho de otra manera, de las soledades y sociabilidades recreadas por los participantes, a propósito de la circulación de incontables jóvenes en espacios de aparente esparcimiento o recreación cultural, surgió un campo que debe seguir siendo explorado y analizado para lograr un necesario equilibrio en nuestras sociedades, especialmente ante la aceleración del movimiento social y la urgente necesidad de definir otra relación entre las generaciones establecidas y los nuevos actores emergentes. La cuestión que a modo de hipótesis pareciera haber quedado planteada, no es más ni menos que la emergencia de una nueva figura que reclama legitimidad, y, más allá de tal surgimiento, la responsabilidad que debe asumir semejante figura.
* Perezosa juventud en todo servil / Por delicadeza perdí mi vida / ¡Ah, mil viudeces de la pobre alma / que solo tiene la imagen de Nuestra Señora! / ¿Acaso se le reza a la Virgen María? Canción desde la torre más alta (trad. del autor).
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