UNP No.54
Título : Las remesas, protagonistas reales, sin política de Estado
Autor : Alfonso Garzón Méndez
Sección: Economía
Fecha : Marzo 7 de 2004 |
Las remesas, protagonistas reales, sin política de Estado
Alfonso Garzón Méndez
Especial para U.N. Periódico
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Hace menos de cuatro años hablar de las remesas familiares, entendidas como los pequeños giros que los colombianos en el exterior hacían a sus familias en Colombia, que en su inmensa mayoría no constituían renta ni ganancia, por venir destinados al gasto, era un tema que muy pocos nos atrevíamos a abocar. Ni el ejecutivo en su política exterior, ni las autoridades económicas y de vigilancia y control, ni los medios de comunicación, ni el sector financiero, y mucho menos el bursátil, reconocían lo que ya para el sector empresarial cambiario en Colombia era una realidad mundial: la solidaridad de quienes teniendo que abandonar su patria, incluso en condiciones de desintegración familiar, buscaban mejorar la calidad de vida de sus familiares, llegando a pagar ese sueño con el costo de la suya propia, al migrar en busca de empleo y mejor remuneración a países donde (al perder su condición legal migratoria, sus derechos como ciudadanos del mundo) iban quedando tendidos en las realidades de la nostalgia y la discriminación. En los últimos cinco anos, más de un millón de colombianos salieron para no regresar.
En 2001, las autoridades económicas planteaban en el Congreso de la República que los ingresos por remesas llegaban en ese año a 920 millones de dólares, mientras que, con pruebas en la mano como Senador de la República, yo demostraba cómo uno solo de los operadores autorizados para canalizar dichas divisas -las casas de cambio- había ingresado para ese entonces 1.780 millones de dólares, y faltaba por contabilizar lo facturado tanto por los bancos como por los comisionistas de bolsa, que también participaban de ese mercado. Es decir que para ese entonces ya a nuestras autoridades se les había “extraviado” cerca de un punto del PIB, algo así como mil millones de dólares. El problema central es que esas cifras no contaban, no había numerales cambiarios claramente definidos para el rubro de remesas de trabajadores colombianos en el exterior. Nuestra Cancillería respondía que solo podía certificar sobre 219.000 compatriotas en el exterior, que equivalían a la ridícula cifra de inscritos en nuestros consulados en el mundo.
Las cifras del Departamento Administrativo de Seguridad de ciudadanos que salieron y no regresaron, sumadas a las de algunos censos de otros países, nos permiten afirmar, con posibilidad de equivocarnos por lo bajo, que más de cinco millones de colombianos se encuentran en el exterior, que muchos trabajan incluso en condiciones infrahumanas y pertenecen a los estratos más pobres de nuestra población y que a pesar de trabajar ilegalmente (en virtud de su condición migratoria, no porque sea ilegal el oficio) ahorran una pequeña parte de sus ingresos y los envían en remesas a sus familias en Colombia, en montos cuyo promedio de giro en las casas de cambio no superan los 275 dólares por envío.
En el último año, las remesas han cobrado importancia no solamente en Colombia, sino en el mundo entero, se trate de Estados receptores o transmisores. Nuestras autoridades y algunos empresarios descubrieron lo que para nosotros y millones de colombianos era ya una realidad mundial: en el último año, las remesas representaron más de 115 mil millones de dólares, correspondiéndole a América Latina cerca de 33.000 millones de dólares por este concepto y en Colombia algo así como 3.000 millones de dólares, que equivalen a más de tres veces los ingresos en divisas por la venta en el exterior de toda nuestra cosecha cafetera de un año y casi a la misma cifra de los ingresos por petróleo, es decir que, como lo habíamos advertido hace varios años, el principal producto de exportación en Colombia es la mano de obra de nuestros connacionales.
La cifra de 3.000 millones de dólares ha producido múltiples hechos: una aproximación más real de nuestra Cancillería a nuestros héroes colombianos en el exterior. Descubrieron que son millones, que trabajan y ahorran para mandar algunos pesitos a sus familias, y que sumados aportan más de tres puntos del PIB, superados incluso en porcentaje por muchos países de Centro y Suramérica.
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| La falta de censos confiables sobre el número de colombianos en el exterior, otra prueba de la ausencia de políticas de Estado al respecto. |
Un aumento de la competencia para pagar los giros en Colombia. Vale la pena aclarar que el ingreso de los bancos no es algo nuevo, pues siempre han tenido la oportunidad de pagar giros, lo que pasaba es que en el inmediato pasado su atención estaba más centrada en el pago de las grandes remesas familiares, de 150.000 dólares en promedio, pues hasta hace pocos meses para muchos de ellos los pequeños giros de 200 o 300 dólares eran más susceptibles de involucrar acciones de lavado de dinero y por eso incluso negaban y niegan la apertura de cuentas corrientes su competencia como intermediarios del mercado cambiario, vigilados al igual que ellos por la misma Superintendencia Bancaria, creando con su actitud un manto de duda en las operaciones también sobre la existencia y dignidad de millones de colombianos de aquí y de allá, que hábilmente la comunidad internacional explota.
Muchos bancos solo se limitaron a comisionar sobre la monetarización que los otros operadores sí realizaban, para poder pagar los correspondientes giros, incluso en ocasiones pasando por otra adicional y abusiva intermediación del sector bursátil, pues pareciera que bastaba con que los dólares de las remesas pasaran por ese conducto para certificar la licitud de origen. Solo después de que el Banco de la República se intereso en las remesas y afirmó con argumentos técnicos, en agosto de 2003, que los montos de las remesas no escondían operaciones de lavado de dinero, se animaron a pagar también las "pequeñas" remesas.
Los empresarios de diversos bienes y servicios encontraron un “nuevo nicho de marcado”, alcanzando niveles caricaturescos donde otros creyeron encontrar una nueva guaca en las remesas, al proponer con ellas múltiples inversiones en áreas donde el Estado ha faltado.
Los constructores vieron un potencial real, al entender que el sueño de todo colombiano es tener su casa en su país y expresaron su voluntad de ofrecer nuevos productos tendientes a canalizar el ahorro de quienes están afuera, lo cual compartimos.
Algunos medios de comunicación se asociaron con fundaciones sin ánimo de lucro, en un esfuerzo por canalizar la solidaridad de quienes están afuera con sus familias, y crearon una página web en donde también publicitan, quién sabe si de manera altruista, compañías pagadoras de remesas.
El Ministerio de Relaciones Exteriores, en un esfuerzo positivo y serio, dio un primer paso de aproximación al tema dentro del marco del programa "Colombia nos une", pero lamentablemente falta mucho para construir una política de Estado frente a las remesas. Cuatro temas son fundamentales si de verdad se quiere generar una verdadera política pública para los giros familiares.
Incentivos al aumento
Solo es posible si el Estado genera políticas de apoyo integral a nuestros compatriotas en el exterior, que van desde su misma habilitación como sujetos de crédito, al hacer valer las remesas como soporte para acceder al subsidio de vivienda, hasta el apoyo económico con créditos complementarios vía IFI o Bancoldex a nuestros nacionales que deseen regresar para crear empresas y nuevas plazas de trabajo, repatriando su capital y complementando lo necesario para viabilizar su proyecto. También diplomacia agresiva e insistente frente al tema de homologación de títulos, capacitación a través de nuestros Consulados y oficinas de Comercio Exterior, al punto de convertir estas instalaciones en Centros de formación de pequeños importadores y exportadores que aprovechen la capacidad de liderazgo en tales procesos económicos frente a nuestros productos nacionales versus el conocimiento de quienes y en donde los requieren. Se deben crear Casas de la Colombianidad, aprovechando la experiencia positiva de México en el tema; la Cancillería debería crear la figura de agregado laboral, inicialmente en nuestras representaciones diplomáticas de Estados Unidos, Venezuela, España y Gran Bretaña, que defienda los intereses de millones de colombianos que hoy representan una importante fuente de mano de obra para ellos, institucionalizando por canales legales su vida laboral y buscando ampliar nuestra participación en las migraciones temporales internacionales como fuente real de generación rápida de empleo. La creación de una Consejería Presidencial para los Colombianos en el Exterior podría ser el eje de coordinación de la política pública.
Disminución de los costos de transmisión de las remesas
El sector cambiario ha liderado este proceso, pero se requiere una decidida participación del Estado con varias decisiones: promover la competencia entre intermediarios del mercado cambiario en condiciones de igualdad, acabando por ejemplo con la costosa y absurda cadena de intermediación en la monetarización de estas divisas. Debe haber una clara definición de la operación de giro, incluso en su parte contable, que defina la remesa familiar y por lo tanto el tratamiento tributario sea de exención como regla general. La DIAN debe reconocer que la operación de giro existe independientemente de la operación de compra y venta de divisas, lo que evitaría costosas cargas tributarias, como la del IVA, que naturalmente se reflejan en los costos de operación de las remesas.
El gravamen a los movimientos financieros del 4 x 1.000 no puede cobijar por su misma naturaleza a beneficiarios que por decisión propia no han querido hacer uso del sistema financiero prefiriendo los canales cambiarios autorizados. El Estado puede acabar con la costosa cadena de intermediación en la monetarización con la simple instrucción de compra a tasa representativa de mercado, menos una muy pequeña comisión que cubra los costos de operación que realice la banca de su propiedad.
Blindar las remesas contra el lavado
Por fortuna, la acciones de autocontrol impuestas por la misma supervivencia del importante sector empresarial comprometido en la canalización de las remesas, así como las normas de control y vigilancia, dejan en claro que se trata de recursos lícitos; sin embargo, no se puede bajar la guardia y cada día hay que estrechar controles para evitar acciones de lavado. Para ello es importante que la Superintendencia Bancaria lidere un proceso tendiente a unificar controles y vigilancia de la operación cambiaria que hoy realizan tanto bancos como casas de cambio y comisionistas de bolsa. Puede ser con la creación de la Dirección General del Mercado Cambiario, que entre otras acabe las profundas asimetrías en los controles hoy existentes, cuando por ejemplo en la vigilancia del efectivo permiten a unos operadores soportar las remesas a partir de los 500 dólares y a los bancos y comisionistas les autorizan 5.000 dólares. El mensaje es peligroso, los controles deben ser por operación y no por el ilustre nombre del intermediario cambiario que las realice… igualdad en todo debe ser la regla y la excepción nunca debe caber, menos en materia de controles y vigilancia.
Se debe generar un sistema que permita una rápida comunicación de operaciones sospechosas entre países transmisores y receptores de remesas y para ello es importante que la comunidad internacional se aproxime a la rígida legislación que en la materia se practica en Colombia, acabando las asimetrías.
Resulta curioso que hoy, ante la reevaluación del dólar, algunos personajes de la vida nacional, no conformes con sindicar a las remesas, olvidando que los 3.000 millones los supera la negociación del mercado interbancario en menos de seis días de transacciones, pretenden revivir el triste manto de duda que caía sobre el origen de las remesas. Definitivamente, pareciera que todo lo del pobre es robado. Vergüenza les debe dar desconocer la realidad mundial. Me queda la duda de si su inusitado interés en el tema no corresponde más bien a representar oscuros intereses de los mal autodenominados árbitros internacionales de divisas que operan en medio del recreo de los controles y la vigilancia en materia cambiaria y aprovechan dudosos privilegios de un sector de la banca para quien este ”nuevo negocio” tiene más garantías que los otros vigilados por la Superintendencia Bancaria.
Canalización al ahorro
Sin desconocer el contenido social profundo de las remesas, comparto el interés del Gobierno por generar ahorro; sin embargo, debe estar atento a que su propuesta no sea utilizada por algunos operadores para generar competencia desleal y desvirtuar tan loable propósito. Entendida así, entonces se les debe autorizar a las casas de cambio la nueva operación, captar ahorro y colocar micro crédito exclusivamente entre los beneficiarios de sus remesas. Las razones son simples: captan hoy más del 70% del mercado de las remesas, están vigiladas por la Superintendencia Bancaria, tienen exigencia patrimonial mínima, además de brindar la oportunidad al usuario de ahorrar si así lo desea.
* Presidente Asociación de Instituciones Cambiarias de Colombia A
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