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UNP No.54
Título : Naturaleza común - Naturalmente vulgar
Autor : Paula Andrea Grisales N.
Sección: Ciencia
Fecha : Marzo 7 de 2004

Naturaleza común - Naturalmente vulgar

Paula Andrea Grisales N.
Periodista Unimedios

La diversidad del ecosistema colombiano se expresa también en un voluminoso vocabulario botánico elaborado por investigadores de la Universidad Nacional de Colombia.

Si usted desea saber por qué a la papayuela le tienen el poco casto nombre de tapaculos, o qué parte de las barbas de gallo se usa contra la inflamación por mordedura de serpiente, o dónde puede conseguir ingrediente raros como anís estrellado, pepino de culebra o la costilla de Adán, debe consultar el Diccionario de nombres comunes de las plantas en Colombia, apto para doctos, aficionados y, en general, cualquier ciudadano interesado en conocer la riqueza natural de su país.

Inquietudes como: ¿de dónde provienen estas semillas adheridas a la ropa de un cadáver, que algunos llaman masequía? o ¿cuál es la planta que en el Cauca le dicen arboloco?, y otras similares que llegan constantemente al Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional, fueron las que, según Rodrigo Bernal, miembro del equipo investigador, dieron origen a la idea de hacer un diccionario de nombres comunes. “No había cómo responderlas. Si se trataba de un nombre desconocido, a los botánicos nos tocaba revolver el herbario y la biblioteca”, además no había garantía de dar con la respuesta, pues muchas plantas nunca han sido registradas en los libros o en los especímenes coleccionados.

De naturaleza colosal

El esfuerzo titánico de realizar un diccionario de estas características, en el que se aspira recoger 8.000 especies vegetales, está siendo realizado por dos docentes del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional y cinco estudiantes de Biología, que con buen humor, mucha curiosidad y rigor aspiran recolectar el equivalente a una tercera parte de las plantas del país (unas 24.000). Para ello han consultado toda la bibliografía disponible sobre el tema, han escrutado los especímenes de herbarios, uno de los cuales, el del Instituto de Ciencias Naturales, es la colección de plantas de Colombia más grande que hay en el mundo, con cerca de 500 mil especímenes. Otro de los métodos de recolección es viajar por todo el país. “Salimos a mirar matas con los sabedores locales de las regiones para que nos enseñen los nombres que conocen”, comenta Bernal.

El lenguaje ameno es uno de sus rasgos distintivos, por eso evitan al máximo los tecnicismos. De hecho, tienen una lista de palabras prohibidas que solo entienden los especialistas, como acicular, arilo y lageniforme, en vez de eso, utilizan su significado: con forma de aguja, cubierta carnosa y con forma de botella, respectivamente. Este diccionario, además de contar con fotos y nombre común y científico de las plantas, tendrá la detallada descripción de cada especie y la lista de otros nombres por los que es conocida. Otra de las partes atractivas es la etimología; con ella el lector puede saber que en varias regiones de Colombia a una planta conocida como balazo le dicen así porque sus hojas son agujereadas o que el tapaculos hace alusión al severo estreñimiento que produce la ingestión de sus frutos, si no se retiran primero las semillas.

Todos ponen

Aunque gran parte de los nombres nacen del ingenio popular de los habitantes de las zonas rurales, tienen diversos orígenes. Uno de ellos está en las lenguas americanas, cuando en la época de la Conquista los españoles fueron castellanizando los nombres aborígenes. En la isla La Española, por ejemplo, los indígenas les dieron a probar wanaban, que los ibéricos bautizaron como guanábana. Lo mismo pasó cuando llegaron a México y conocieron el ahuacatl, que quiere decir testículos, y que llamaron aguacate.

También hubo nombres traídos por los españoles, quienes encontraron aquí plantas parecidas a las ibéricas y las designaron igual; así ocurrió con el madroño y el arrayán. Algunos fueron traídos por los esclavos africanos, como el colombianísimo macondo, cuya fotografía es una de las candidatas a ilustrar la portada del diccionario, gracias al poder sintético de su significado. Y quedan todavía más. Los más peculiares son los nombres comunes que solo existen en los libros; se trata de aquellos inventados por los botánicos, que por lo general no calaban en la gente.

La metáfora es una de las principales herramientas de quienes bautizan la vegetación. Es allí donde es posible observar la creatividad asociada al sentido práctico y estético. Lluvia de perlas suscita una especie de curiosidad, lo mismo que escalera de mono o beso de negra. Entre los más interesantes están los relacionados con animales; "nombres de plantas asociados con el tigre, tenemos casi suficientes como para armarlo, están pelo de tigre, piel de tigre, oreja de tigre, cola de tigre, diente de tigre, bigote de tigre, uña de tigre y muchos más", comenta Bernal.

Otros sustantivos aluden a las características de la planta, como una enredadera de Cartagena, llamada carácter del hombre, en la que, además, es posible hacer una lectura cultural. Es cultivada en los jardines, y sus flores al amanecer son de color blanco, en la mañana cambian a rosado, y al medio día se tornan magenta fuerte.

Esta labor de recolección de información y redacción se extenderá durante tres años más, al final de los cuales el equipo tendrá lista la monumental tarea, una completa y detallada obra que, sin duda, todos los colombianos querrán tener en su casa y que repercutirá en el aumento de su conocimiento botánico; "estamos en mora de acercar la gente a la naturaleza, de lo contrario ¿cómo esperar que ayude a cuidarla?".