Claudia Janneth Sánchez Rivera
Unimedios
Una coalición de 99 compañías europeas, entre ellas Alcoa, British Airways, Deutsche Bank, Petrobras y Shell, presentó al primer ministro japonés, Yasuo Fukuda, un plan para enfrentar el cambio climático y pidió establecer un mercado global de dióxido de carbono.
Javier Burgos, biólogo e investigador del Instituto de Estudios Ambientales de la Universidad Nacional de Colombia, aseguró en el programa UN Análisis de UN Radio que esta decisión indica que se están dando cuenta que es buen negocio invertir en el dióxido de carbono.
“Hay que tener en cuenta que esta propuesta es consecuencia directa del Protocolo de Kyoto y es interesante ver cómo estas multinacionales europeas se hayan autoimpuesto metas para reducir el dióxido de carbono, pues pertenecen al anexo 1 del Tratado de Kyoto y están obligados a bajar sus emisiones de carbono”, comentó el investigador Burgos.
Asimismo, el profesor afirmó que, según el Protocolo de Kyoto, los países desarrollados pueden pagar hasta un porcentaje determinado el control de sus propias emisiones a los no desarrollados, siempre y cuando estos mantengan su biomasa forestal. Entonces, ese tipo de negocio es visto por muchos como una transacción en donde unos siguen lanzando sus emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera y a otros les pagan para que la biomasa forestal contrarreste ese efecto.
Sin embargo, en el Protocolo de Kyoto esos países desarrollados no pueden controlar sus emisiones pagando a países en vía de desarrollo superior al 5 por ciento de sus emisiones, es decir, están obligados a controlar de manera autónoma el 95 por ciento de sus emisiones de efecto de invernadero.
Básicamente, una de las principales estrategias para reducir las emisiones de dióxido de carbono es mediante la plantación o generación de biomasa de tipo forestal, es decir, plantando árboles que son los que capturan un nivel de CO2 sumamente amplio.
Además, ya existe una bolsa de carbono que se ensambló con el dinero de los países del anexo 1, es decir, con los países ricos, los que traducen el problema de la emisión de gases de efecto de invernadero.
Para el caso de Colombia, hay varios proyectos interesantes, entre ellos uno manejado por las empresas públicas de Medellín, otro de producción eólica, energía hidroeléctrica y producción de biogás, entre otros. Así, se ha dado un mecanismo de producción limpia de manera forestal y proyectos para captura precisamente de CO2 en producción de biomasa boscosa. Sin embargo, estos proyectos no han cumplido el ciclo de proceso completo, asegura Burgos.
Por otro lado, hay un mercado alternativo del carbono de algunos países como Estados Unidos y Australia, que no firmaron el Protocolo de Kyoto por razones económicas, pero que evidentemente tienen claro que hay un problema y por eso patrocinan la comprar de agrocombustible.
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Publicación de la Unidad de Medios de Comunicación -Unimedios- de la Universidad Nacional de Colombia.