Vista microscópica de larvas del mosquito que produce la malaria. Tomado de la Revista Progress del Banco Mundial 1999 – 2000.

 

 

 

Reaparición de enfermedades extintas

Las enfermedades compartidas entre los animales y el hombre, conocidas como zoonosis, son tan antiguas como el origen de la humanidad misma. Sin embargo, esta problemática continúa vigente. Recientemente, los medios de comunicación han registrado la aparición de brotes de rabia, fiebre amarilla y dengue, entre otros males, en diferentes partes del mundo. Urge entonces la creación de un frente común entre autoridades de la salud y la población.

Patricia Barrera Silva,
Unimedios

La zoonosis puede ser producida por diferentes virus, bacterias, hongos, parásitos o priones, que son proteínas infecciosas causantes de un grupo de patologías neurodegenerativas letales, de las cuales la más temida es la llamada enfermedad de las vacas locas.

Se habla de zoonosis emergentes cuando una enfermedad transmisible, de reciente aparición –20 años o menos– afecta o amenaza regiones geográficas donde nunca antes se había diagnosticado. Como ejemplos podemos destacar: VIH/SIDA, gripe aviar, hantavirus, virus de la hepatitis C, encefalitis virales, ébola, etc.

Las zoonosis reemergentes son aquellas enfermedades transmisibles, previamente conocidas, que aparecen como un problema de salud pública, tras una etapa en las que se creían controladas. Tal es el caso del dengue, la fiebre amarilla, la tuberculosis, el cólera, la malaria, la toxoplasmosis o los histoplasmosis. A la fecha hay casi 300 zoonosis identificadas.

La aparición de zoonosis emergentes y reemergentes no puede atribuirse a una única causa, pues en general son múltiples los factores que intervienen: la globalización, el libre comercio, el turismo, problemas sociales como el empobrecimiento, el aumento vertiginoso de la población, y hasta los conflictos armados. Pero, especialmente, el calentamiento global.

Panorama en Colombia

José Daniel Pabón, geólogo de la Universidad Nacional de Colombia sostiene que “la sociedad empezó a actuar desde hace unos 3.000 o 4.000 años, que es lo que tiene la civilización, pero es en los últimos 250 ó 300 años cuando esa intervención se ha hecho más fuerte, porque a partir de la revolución industrial se empezaron a consumir combustibles fósiles y a emitir gases de efecto invernadero en la atmósfera. Entonces, ahí se disparó el calentamiento, que no es igual en todas partes.”

Nuestro país no es ajeno al tema del calentamiento. El profesor Óscar Rivera García, médico veterinario y zootecnista, fundador de la Asociación Colombiana de Médicos Veterinarios y Zootecnistas Especialistas en Avicultura (AMEVEA), lo advierte: “cierto tipo de mosquitos que, por ejemplo, antes no se veían en Bogotá a una altura de 2.640 metros sobre el nivel del mar, hoy son comunes en muchas residencias, especialmente en las situadas al pie de humedales. Hoy sobreviven y se han adaptado no solo a la altura sino también a una temperatura de 18 grados centígrados.”

El geólogo Pabón ratifica esta situación. “En los últimos 50 años la temperatura en el país ha variado entre medio y un grado celsius y se están haciendo nuevas estimaciones para saber si esta variación está aumentando. En cuanto al nivel del mar, está ascendiendo a una tasa de 3 a 5 milímetros por año. Entonces, efectivamente hay una expresión del cambio climático y del calentamiento global en Colombia, y eso afectará a la agricultura, a los ecosistemas y a los recursos hídricos.”

Pabón, en asocio con Rubén Santiago Nicholls, del Instituto Nacional de Salud, analizaron los efectos del Fenómeno de El Niño en la incidencia del paludismo y del dengue en Colombia, y expusieron que en 1998, cuando se presentó este problema, el más intenso del que se tenga noticia hasta ahora, hubo un incremento inusitado de casos de paludismo en Colombia, pasando de 180.910 en 1997 a 256.697 en 1998, un aumento del 42%.

“El calentamiento lo que está haciendo es que lo que conocemos como pisos bioclimáticos vayan ascendiendo; en nuestro país, donde hay una gran variedad de territorio y montañas, hay un clima promedio establecido y a ese clima promedio se han adaptado diferentes especies vegetales y animales. Tanto las plantas como los animales son propensos a tener plagas, ácaros, garrapatas… y las plagas también están adaptadas a un clima, pero en la medida en que los pisos bioclimáticos empiecen a desplazarse hacia arriba, se empiezan a desplazar también las especies animales y vegetales, y por supuesto también aquellas especies que se consideran plagas”, sostiene Pabón.

Un ejemplo puede ser la malaria. A medida que aumente la temperatura, van a existir más vectores y también va a haber una zona más amplia donde podrán sobrevivir los zancudos. “Entonces, población que antes no estaba expuesta, va a estar expuesta. Cada vez habrá más población y más sitios donde haya incidencia en malaria y lo mismo sucede con el dengue”, asegura Pabón.

Según el geólogo de la Universidad Nacional, la temperatura de regiones como el bajo y medio Magdalena tuvieron incrementos de 2,4 a 2.8°c. También los centros urbanos están en mayor riesgo, pues crean sus propios microclimas con los gases que emiten.

Abandono al tema de la Salud Pública

La Organización Panamericana de la Salud, OPS, desde el año 2005, en una reunión de expertos, recomendó 4 posibles estrategias para prepararse ante la emergencia y reemergencia de zoonosis, dentro de las cuales planteaba el fortalecimiento de las redes nacionales de vigilancia, la alerta temprana y la respuesta rápida a las enfermedades infecciosas, así como el impulso a la investigación.

Sin embargo, estas recomendaciones chocan de inmediato con una realidad colombiana que expone el doctor Luis Carlos Villamil, investigador y docente de epidemiología y salud pública veterinaria de la Universidad Nacional hasta el año pasado y actual director de programas de posgrado en Ciencias Veterinarias en la Universidad de la Salle. “Durante las últimas décadas los servicios de sanidad animal y los de salud pública veterinaria de Colombia y de los países de América Latina, han enfrentado una pérdida de capacidad operativa por la reducción de recursos. Por eso, en Colombia, los servicios oficiales de salud animal han bajado la guardia”, dice Villamil.

Capacitándonos

Dentro de las iniciativas que actualmente se vienen desarrollando en el país para conocer y entender más el tema de las enfermedades zoonóticas emergentes y reemergentes, están las realizadas por AMEVEA, asociación que anualmente realiza dos seminarios en el país, uno nacional y otro internacional, y dentro de su agenda trata temas relacionados con la salud de las aves, en especial la influenza aviar.

Así mismo, la Red de Salud Pública Veterinaria, que tiene como objeto social desarrollar actividades de investigación, educación e intervención en ese tema, llevará a cabo una Jornada Nacional de Zoonosis Emergentes y Reemergentes, que se realizará entre el 21 y 22 de agosto en Bogotá.

El doctor Ciro Peluffo, miembro de la Academia Nacional de Medicina de Uruguay, describe cómo hasta hace unos 30 años el impacto de las enfermedades trasmisibles parecía controlado y, “como consecuencia, se redujo el interés así como las inversiones en investigación”.

Ese desinterés en el tema de las zoonosis comienza a pasar su factura de cobro. “Será necesario ahora instrumentar una estrecha colaboración entre médicos humanos y veterinarios, biólogos, epidemiólogos, ecólogos y climatólogos a nivel mundial, para enfrentar los riesgos presentes de las infecciones emergentes y reemergentes”, sostiene Peluffo.

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