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A través de un sistema automatizado que reutiliza el agua en los cultivos de flores, un equipo de investigadores colombianos pretende mitigar el impacto ambiental de los fertilizantes en este tipo de procesos y disminuir el consumo de agua. El proyecto, pionero en el país, busca una producción más limpia del clavel y la rosa.
Magda Páez Torres,
Unimedios
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Para una economía como la colombiana, basada en la agricultura, son muchas las implicaciones ambientales que se generan por el uso de fertilizantes y métodos de cultivo que pueden terminar causando graves daños.
Preocupados por este tema, la Universidad Nacional de Colombia, el Sena, Ceniflores y Colciencias, desarrollan un proyecto de producción limpia de flores, con miras a liberar el suelo y las aguas superficiales y subterráneas del uso excesivo de fertilizantes.
Para ello, se diseñó un sistema automatizado, con el fin de recoger los lixiviados (solución drenada de agua y fertilizantes) y reutilizarlos en el mismo cultivo o en el de otras flores. Con esto, además de economizar agua y fertilizantes se impide que el suelo se vea contaminado con la solución.
Ésta constituye la segunda fase del proyecto, en la que con tecnología de punta se busca crear un proceso de recirculación de aguas drenadas. En esta etapa entró a participar Colciencias.
El objetivo principal consiste en el empleo de la solución drenada, en dos o más cultivos sucesivos y diferentes. Aunque la reutilización directa es posible, lo más probable es que los drenajes requieran un tratamiento o regeneración para su uso posterior.
La idea es que una vez se hagan todas las pruebas necesarias, este método de cultivo se extienda a los productores del altiplano Cundiboyacense, teniendo en cuenta que son aproximadamente seis mil hectáreas de la Sabana de Bogotá las que se destinan al cultivo de flores.
“Se disminuiría el impacto ambiental de los fertilizantes y responderíamos a una exigencia del mercado internacional, que cada vez condiciona más la compra de flores a una producción limpia”, dijo el profesor de la UN, Víctor Flórez, director del proyecto.
De acuerdo con el profesor de ingeniería agrícola de la Universidad Nacional, Carlos Alberto González, entre dos mil y tres mil toneladas de fertilizantes se encuentran distribuidas en la Sabana de Bogotá. Por esta razón, se han dispuesto tubos, tanques, sensores, tarjeta de adquisición de datos y otras herramientas tecnológicas que faciliten la puesta a punto de la solución salina drenada.
Tecnología de punta
Este es un proyecto pionero en Colombia. El diseño del sistema automatizado de recirculación de lixiviados lo realizaron en el país ingenieros electrónicos de la Universidad Nacional. Gracias a este trabajo se puede, por ejemplo, medir el nivel del agua de la solución drenada y visualizar, a través del computador, toda la información que se va recibiendo.
“Lo más importante de este sistema automatizado es que no necesita muchos operarios para su funcionamiento y existen menos riesgos de que se olvide llevar a cabo los procesos correspondientes”, dijo el ingeniero Juan Sebastián Betancourt.
El proceso
Para recoger los lixiviados y reutilizarlos se requiere de todo un proceso. Los esquejes de clavel por razones fitosanitarias son sembrados sobre camas de sustratos, como cascarilla de arroz y fibra de coco. Esto aísla las plantas evitando su contacto con el suelo y, al mismo tiempo, evita el movimiento de fertilizantes en el suelo.
El primer paso es aplicarles agua fertilizada. En una batea de plástico se recoge el agua drenada, que luego se transporta a través de tres tubos que terminan uniendo la solución en uno solo y enviándola hasta los tanques.
Posteriormente, la solución pasa por un proceso de filtrado, con el fin de impedir la entrada al sistema de materia orgánica o materiales extraños que puedan obstruir el sistema. También está previsto el uso de desinfección con UV, para evitar que bacterias u hongos recirculen en el sistema.
Ya en esta etapa, se hacen algunas pruebas con diversos porcentajes para medir qué sucede si se usa menor o mayor cantidad de la solución drenada, en la productividad y calidad del cultivo. Allí entran a cumplir un papel fundamental los sensores de ultrasonido, que miden los volúmenes, y los sensores de conductividad, pH y nutrientes, que miden la calidad del drenaje con que se cuenta.
Estos resultados los transmite la tarjeta de adquisición de datos a un programa que almacena la información en el computador. Si es necesario, la solución se recompone para reutilizarla.
Cuando se determina qué cantidad de solución reutilizar, la idea es que se deseche la mínima cantidad de solución salina, mitigando su impacto en el suelo o en las aguas subterráneas.
Según el ingeniero agrónomo Diego Nieto, director operativo del proyecto, se requiere hacer un control semanal en aspectos como fertirriego y fitosanidad, monitoreo de enfermedades y control de plagas. Diariamente, es necesario cortar las flores que lo requieran y de manera periódica efectuar el desbotone, arreglar los tallos y fumigar, cuando sea necesario.
Trabajo conjunto
Son varias las instituciones y las personas que se encuentran comprometidas con este proyecto. Estudiantes del Sena y de la Universidad Nacional de Colombia se han vinculado al trabajo, a través de sus trabajos de grado o sus pasantías.
Erick Intillan, estudiante de Maestría en Ciencias Agrarias de la UN, es el encargado de hacer la caracterización química de los sustratos donde se siembran las flores y de los lixiviados. En cuanto al proyecto, afirmó que es una forma de mitigar el consumo de agua y de fertilizantes y de alguna manera dejar descansar el suelo.
El Sena, que aparece como coejecutor en esta segunda fase del trabajo, le apuesta a este proyecto, de acuerdo con el profesor Rafael Flórez, como una política nacional de innovación tecnológica y una oportunidad real del sector productivo, para ser más competitivo en el mercado internacional, que exige tecnologías limpias.
Es un buen comienzo en el proyecto de recirculación de lixiviados. Además, nos da un linaje superior y nos entrega bases para pensar en la creación de nuestras propias empresas”, señaló Yosmary Corredor, pasante de administración de empresas agropecuarias del Sena.
Como Yosmary, cerca de 300 estudiantes del Sena pueden hacer sus prácticas en esta área. Dentro de sus funciones están la siembra, el riego del cultivo y el monitoreo de los diferentes procesos.
Karen Milena Chinchilla, estudiante de ingeniería agrícola de la UN, sostuvo que la rosa es muy importante para la economía colombiana y que este proyecto abre el campo en la investigación en flores, lo que permitirá ir avanzando en la producción.
Entre otras empresas del sector privado, Brenntag Colombia S. A., Productos Químicos Andinos S. A., Suata Plants S. A., MG Consultores C. I. Ltda., Proficol S. A. y Bayer CropScience, se han vinculado al proyecto con donaciones.
El objetivo, después de ejecutar los procedimientos respectivos, es crear una conciencia en los floricultores de la región para que propendan por el cuidado del ambiente, a través de este sistema de producción, que también los beneficiará a ellos como productores.
Carta universitaria
Videoespecial

Publicación de la Unidad de Medios de Comunicación -Unimedios- de la Universidad Nacional de Colombia.