
Aimé Césaire, fallecido el 17 de abril en Martinica.
Su pensamiento y obra cobran plena vigencia para una reflexión de la humanidad sobre sí misma y sobre su futuro.
Archivo particular
1Aimé Césaire. Antología. Rosalía Cortés Rocha. En “Señal que cabalgamos” No.53. Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional.
2Publicado por la editorial Akal de Madrid y traducido por Mara Viveros Vigoya.
Aimé Césaire, Negro Fundamental, antirracista y anticolonialista, uno de los más importantes pensadores del Caribe y una de las más grandes glorias de la poesía en lengua francesa del Siglo XX, falleció el 17 de abril en Martinica, donde había nacido el 26 de junio de 1913, cuando su isla era una colonia francesa. Las profesoras Rosalía Cortés y Mara Viveros reconstruyeron su legado tras la experiencia de haberlo conocido cada una en distintas circunstancias..
Rosalía Cortés,
Profesora Honoraria Facultad de Ciencias Humanas Universidad Nacional de ColombiaMara Viveros,
Profesora Asociada Departamento de Antropología y Escuela de Estudios de Género de Universidad Nacional de Colombia
Poeta, humanista, estadista, su pensamiento liberador y la magnificencia de su palabra marcaron la historia y la literatura del Siglo XX.
De familia modesta, donde la cultura ocupaba lugar preponderante, Aimé Césaire cursó estudios secundarios en el Liceo Schoelcher de Fort-de–France; luego, en París, en el Liceo Louis–le–Grand y, posteriormente, en la Escuela Normal Superior, donde obtuvo con honores la Agregación en lenguas clásicas en 1938. Su encuentro con Léopold Sédar–Senghor, quien le abrió las puertas de África, fue decisivo para la toma de conciencia de su herencia africana: “remonté en mi corazón al viejo sílex, a la yesca depositada por África en el fondo de mí mismo”.
El reconocimiento de su identidad recientemente asumida tuvo consecuencias de orden personal y colectivo, en los campos del arte y la política; fue el detonante que lo llevó a erguirse frente al colonizador, devolviendo el término con que éste pretendía denigrarlo, convertido en un concepto que encarna el orgullo de los valores africanos: la negritud, neologismo que apareció por primera vez en 1934 en la revista L´Etudiant Noir, creada por él en colaboración con Senghor y con Léon Gontran–Damas.
La negritud puso las bases para una ideología de la descolonización. Su primera obra, Cuaderno de un retorno al país natal (1939), inaugura la literatura propiamente antillana; concebido como un anti–poema, es, en palabras del padre del surrealismo, “el más grande monumento lírico de nuestro tiempo”; vinieron luego los poemarios Las armas milagrosas. Catastro reúne los titulados Sol cuello cortado y Cuerpo perdido; Aherrojamientos y Yo…laminaria (1982). Su poesía, de dimensión universal, dice el dolor de quien habita “una herida sagrada”; es erupción de ideas y de sentimientos expresados por medio de una simbología propia, enraizada en la exhuberancia de la naturaleza antillana, “allí donde la noche vigorosa sangra plenitud vegetal”1.
Su obra dramática privilegia los temas históricos en Y los perros callaban (1946) sobre la ignominia de la esclavitud. La tragedia del Rey Christophe y Una temporada en el Congo, 1963, expresan su inquietud por la suerte de las antiguas colonias en la alborada de sus independencias; Una Tempestad (1969) es la Reescritura de La Tempestad de Shakespeare para un teatro negro.
Entre sus numerosos ensayos, además del proceso a la Europa colonial que es el Discurso sobre el colonialismo, se encuentran la Carta a Maurice Thorez (1956), donde expone las razones de su retiro del Partido Comunista Francés, y Toussaint Louverture. La Revolución francesa y el problema colonial (1962) sobre el héroe de la independencia haitiana.
En su actividad política, la voz sin concesiones del poeta se tradujo en los duros debates que debió enfrentar como diputado a la Asamblea Nacional en su empeño por lograr, en 1946, el estatus de Departamento para las colonias del Caribe y la isla de la Reunión; fue Alcalde de Fort-de–France hasta el año 2001, y Presidente del Consejo General en representación del Partido Progresista Martiniqués, que fundó en 1957. Puso siempre todo su empeño en elevar la calidad de la educación y de los servicios de salud, y en mejorar nivel de vida de la población.
El pensamiento y la obra de Aimé Césaire cobran hoy plena vigencia para una reflexión de la humanidad sobre sí misma y sobre su futuro.
Contra el colonialismo
Aimé Césaire es una de esas personas cuya voz amerita amplificarse con su muerte por haber sido capaz, como pocos en su momento, de enjuiciar descarnadamente la civilización europea, y de denunciar los efectos devastadores del colonialismo, no solo sobre los colonizados sino (agregar “también”) sobre los colonizadores. “Una civilización que se muestra incapaz de resolver los problemas que suscita su funcionamiento es una civilización decadente”, afirma Césaire en el primer parágrafo de su Discurso sobre el colonialismo.2
Este texto, publicado dos años después de terminada la Segunda Guerra Mundial, iluminó con humor corrosivo algunos de los puntos ciegos de la historia europea, osando comparar, como se le reprochó muchas veces, el nazismo con el colonialismo. Para Césaire, el nazismo no es una excepción a la regla de la historia europea sino el efecto último de una civilización que justifica la colonización sin percibir los peligros del ensalvajamiento que conlleva.
Césaire supo ver la continuidad entre los métodos empleados por el nazismo: genocidio, racismo, explotación coercitiva del trabajo, masacres y torturas, y las técnicas que se habían legitimado y aplicado previamente sobre los indios de América, los esclavos africanos y los pueblos colonizados. En este sentido, El discurso sobre el colonialismo es un texto revelador de las falacias del proyecto civilizatorio europeo y un llamado a no olvidar que “no se le puede otorgar a nadie la delegación para pensar por los pueblos colonizados”.
La voz de los olvidados
Aimé Césaire fue uno de los primeros intelectuales en querer disipar la opacidad que rodeaba la presencia en Francia de esas y esos ciudadanos olvidados e ignorados por ser descendientes de esclavos o colonizados y en poner en evidencia los límites y las contradicciones inherentes al modelo republicano francés. La aplicación casi imposible de la ley que puso fin al estatuto colonial de Martinica, Guadalupe, Guyana y la isla de la Reunión, mostró toda la dificultad de la Republica francesa para traducir este universalismo abstracto en medidas concretas y para aceptar como iguales a aquellas y aquellos que fueron colonizados por ella.
Es verdad que Césaire cedió a la ilusión de describir con cierto angelismo la descolonización como la posibilidad de un porvenir paradisíaco en que el mal encarnado por el poder colonial sería vencido por el bien encarnado por los pueblos colonizados. Sin embargo, la relectura de su Discurso sobre el Colonialismo a la luz del presente nos ofrece la oportunidad de efectuar un trabajo de genealogía teórico–política de los debates actuales en torno a la memoria, la identidad y la alteridad. Igualmente, nos permite elucidar una de las zonas de sombra de las democracias liberales contemporáneas, la que se refiere a la forma en que actúa la noción de “raza”, legitimando las desigualdades sociales y atribuyéndolas a supuestos “hechos” biológicos o a rasgos culturales naturalizados.
En las ciudades europeas se escuchan hoy peticiones de igualdad social y de reconocimiento de las diferencias, de un mundo justo y sin racismo que hacen eco a las demandas y análisis de las mujeres y hombres de los movimientos negros de Francia de los años treinta que Césaire conoció. Su comprensión del paternalismo colonialista de la izquierda que denunció en su famosa Carta a Maurice Thorez lo llevó a proponer la necesidad de crear nuevas formas de relación social. Lo que formuló para la literatura, “un empleo pirata de la lengua”, puede aplicarse hoy a la política: un uso “pirata” de las promesas de igualdad y libertad para rescatarlas de una herencia marcada por la impronta de la esclavitud y el colonialismo.
La lectura de la obra de Aimé Césaire es una invitación a descubrir una poesía antillana que deja de ser pastiche involuntario o copia servil y una forma de hacer política que se atreve a innovar y a afirmar la necesidad del desarrollo propio para entrar en condiciones de igualdad al diálogo universal. “Negro yo soy, negro me quedaré”, decía Aimé Césaire para añadir: “arrégleselas conmigo. Yo no me las arreglo con usted”.
Carta universitaria
Videoespecial

Publicación de la Unidad de Medios de Comunicación -Unimedios- de la Universidad Nacional de Colombia.