Vista actual del busto de Caldas en la Universidad Nacional de Colombia. Febrero de 2008.

Fotografía de Juan Ricardo Rey–Márquez.

 

1Este artículo hace parte de una investigación en curso sobre el papel de la estatuaria en la celebración del primer centenario de la Independencia (1910), en la maestría en historia del arte, Universidad de San Martín, Buenos Aires. “Bellas Artes”, en La Ilustración, núm. 4, Bogotá, noviembre de 1908, págs. 50-51, citado por Álvaro Medina en Procesos del arte en Colombia. Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura, 1978, p. 115.

2Ver Beatriz González. José María Espinosa, abanderado del arte en el Siglo XIX. Bogotá: Museo Nacional de Colombia, El Áncora Editores, 1998.

3No se han ubicado imágenes de la obra en su forma final, por lo cual no se ha podido establecer si esa parte fue pasada al mármol o si fue eliminada junto con el pedestal original, pues el busto actual no la tiene.

4Alberto Borda Tanco, “Busto de Caldas en la Escuela de Ingeniería” en Anales de Ingeniería, vol. XVIII, núms. 209 y 210, Bogotá, julio y agosto de 1910, p. 2.

 

Cien años encapuchado

Frente a la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Colombia, junto a diversos graffitis y anuncios, subsiste un busto desconocido para muchos estudiantes, profesores y visitantes. Por los ataques que ha sufrido y su descuido, se diría que la comunidad universitaria no sabe que es un busto que pronto cumplirá 100 años.

Carolina Vanegas Carrasco,
Maestra en Artes Plásticas Universidad Nacional de Colombia

En 1910, cuando se acercaba la conmemoración del primer centenario de la Independencia1, los alumnos de la Facultad de Matemáticas e Ingeniería de la Universidad Nacional de Colombia, tuvieron la iniciativa de erigir un busto a Francisco José de Caldas (1768–1816), como homenaje a quien se denominó el “precursor científico” de la Nación. Para lograrlo, organizaron una colecta entre profesores, egresados e ingenieros de todo el país, quienes les apoyaron para llevar a cabo su idea.

Para decidir quién sería el autor del busto organizaron un concurso entre los escultores nacionales. En este tipo de concursos los artistas presentaban sus obras en arcilla o yeso, ya que no se habían afianzado los talleres de fundición en bronce y aún no habían ubicado piedras con características similares a las del mármol para realizar esculturas. Cabe señalar que para la celebración del primer centenario de la Independencia (1910) se preparaba, además de ésta, la erección de varias estatuas y bustos en la ciudad. Para ello se creó una junta nacional organizadora de los festejos, la cual ignoró varias propuestas de obras de artistas nacionales y prefirió contratar a artistas franceses, seguramente buscando una mayor legitimación de la celebración.

Los alumnos de la Escuela de Ingeniería, en cambio, decidieron importar de Europa mármol de Carrara y entregárselo al ganador del concurso: Juan José Rosas.

De este artista se conocen pocos datos. Sin embargo, resulta destacable que ganara este concurso, pues aún era estudiante. Además debió competir con su profesor, Dionisio Cortés, y con escultores de más experiencia, como Silvano Cuéllar Jiménez o Eugenio Zerda. El talento de Rosas había sido destacado tempranamente, ya que en un artículo publicado en 1906 se elogió una de sus obras y fue presentado como discípulo de Andrés de Santa María2, quien dirigía en 1910 la Escuela de Bellas Artes de Bogotá y la sección artística de la junta del Centenario.

Rosas participó con seis obras en la Exposición de Bellas Artes organizada con motivo del Centenario, dos de las cuales fueron galardonadas con el segundo premio de escultura, junto a una de Dionisio Cortés (no se otorgaron primeros puestos en esta categoría). En este mismo año donó al Jockey Club los medallones de José Fernández Madrid y Luis Vargas Tejada de su autoría, que este club, a su vez, destinó al Teatro Colón, donde aún se conservan. Después de este año no se han hallado más referencias a su actividad escultórica.

El busto de Francisco José de Caldas, que fue inaugurado el 27 de julio de 1910, presenta al prócer vestido de civil y con la cabeza ligeramente girada hacia la izquierda. Comúnmente los escultores se basaban en pinturas o grabados realizados a los personajes del natural, para asegurar la semejanza de las obras con los mismos. En este caso, Rosas parece apoyarse en una litografía realizada en 1851, realizada a partir de un dibujo de José María Espinosa, autor de la primera “iconografía prócera”3. En el fotograbado del busto en yeso puede verse que tenía una pequeña base en la que el escultor hizo una incisión de un óvalo cruzado por una línea, cuya traducción, alusiva a la muerte de Caldas, es “oh larga y negra partida!”4

El patio interior de la Facultad de Matemáticas e Ingeniería (calle 10ª - carrera 4ª, actual sede del Museo Militar) fue el lugar destinado para la ubicación del busto de Caldas. Este edificio, realizado por Alberto Borda Tanco, rector de la Facultad, y Arturo Jaramillo Concha, en ese momento se hallaba aún en construcción (1908-1913).

Los nexos de Borda Tanco con este busto lo señalan como el principal impulsor del mismo. Pues además de que estaba construyendo el edificio, en ese mismo momento se desempeñaba como tesorero de la sección artística del Centenario. Es decir, que es posible que la cercanía con la Escuela de Bellas Artes le impulsara a pensar en hacer un concurso entre los artistas colombianos. Cabe aclarar que esta sección artística permanecía al margen de las decisiones que se tomaban en la Junta Nacional del Centenario, en la que, como se señaló anteriormente, predominaba un marcado interés por encargar obras europeas.

Por tanto, en el informe sobre el busto de Caldas que Borda presenta en Anales de Ingeniería describe en detalle la obra, especialmente el pedestal neoclásico, el cual, señala, “armoniza el monumento con el tramo nuevo que va a inaugurarse”. Borda cuenta que alrededor de la estatua “los alumnos de los primeros años trazaron un jardín muy original, por estar limitados los surcos por curvas raras en jardinería, a saber hipérbolas, elipses, etc”.5

Esta lectura del entorno de la estatua, que le daba un sentido determinado dentro de su contexto, se perdió al ser reubicado sin pedestal frente al edificio moderno al que se trasladó posteriormente la Facultad de Ingeniería. Este choque de lenguajes y la descontextualización del mismo, posiblemente puedan explicar porqué hoy está encapuchado. Los grupos políticos de estudiantes intentan imponer al busto de Caldas un carácter rebelde que de alguna manera siempre ha tenido, justamente por ser producto de un proyecto que apoyó –a diferencia del gobierno de la época– a los artistas de la Escuela de Bellas Artes (hoy Escuela de Artes Plásticas y Visuales).

Es posible que al perder su identificación con el pedestal, nadie sepa hoy quién es este personaje o qué significó para la historia de la ciencia: Caldas fue el iniciador de los estudios científicos en el Nuevo Reino de Granada, director del observatorio astronómico y fundador de la Escuela de Ingenieros militares, entre otros.

Sin embargo, tal vez lo más grave no sea el olvido del personaje, del busto o del escultor, sino la indiferencia de la comunidad universitaria ante el ataque físico a la obra, cuya restauración se hace imprescindible si es que hay interés en mantener el producto de una iniciativa estudiantil apoyada por su rector, que dejó una huella de identidad para los miembros de esta facultad y de la universidad, y que se ha mantenido, a pesar de todo, por cerca de cien años.

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