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A través de distintas pruebas, investigadores de la UN averiguaron las técnicas de durabilidad y resistencia de 32 puentes del Alto Cauca, que datan del Siglo XVIII y que aún siguen en pie.

 

Puentes todoterreno

Revivir la historia de 32 puentes en la región del Alto Cauca, que datan del año 1718, fue la tarea que asumió un grupo de arquitectos e ingenieros de la UN en Manizales. El objetivo: determinar el tipo de materiales y fabricación de estas estructuras que permitieron la difícil misión de conformar, en la Colombia de esa época, un sistema de caminos apto para la movilización y resistentes a todo tipo de cargas.

Luisa Fernanda Cardona,
Unimedios

Las inclemencias del clima, las tomas de la guerrilla, el tránsito de vehículos pesados como los tanques del ejército o los camiones transportadores de alimentos, se han convertido en las pruebas de resistencia de los puentes de arco de ladrillo del Alto Cauca, que hacen parte fundamental de la historia vial de Colombia.

Estas situaciones llevaron al arquitecto de la Universidad Nacional de Colombia, Jorge Alberto Galindo Díaz, a desarrollar una investigación que permitiera ahondar en el comportamiento y composición de los puentes, con el fin de encontrar la dosificación exacta que utilizaban hace cien años para la construcción de estas edificaciones.

Es así como el profesor Galindo Díaz, su co–investigador el ingeniero civil Jairo Andrés Paredes y su Grupo de Trabajo Académico en Hábitat y Tecnología, no solo se han dedicado a la documentación de los puentes de arco de ladrillo del Alto Cauca, desde Popayán hasta Cartago, sino también a la búsqueda de ellos. Tanto así que a lo largo de la investigación han rescatado de la maleza y del olvido varios puentes que, por condiciones climáticas y pérdida de vida útil, hoy no están en uso; no obstante, la características de construcción los convierten en importantes referentes de estudio.

Uno de los aspectos más importantes a resaltar de la investigación es el hecho de que dichas construcciones no fueron realizadas en ningún caso por arquitectos o ingenieros, sino por artesanos de la época, que durante casi dos siglos asumieron la compleja tarea de dotar a la región de un sistema de infraestructura que permitiese la comunicación de los pueblos entre sí.

Estos constructores, en su mayoría anónimos, desarrollaron con sus conocimientos rudimentarios una técnica propia que les proporcionó la durabilidad y resistencia a estas obras, que en muchos casos sirven todavía de enlace vial para distintas poblaciones de la región.

La técnica utilizada se cimentaba no solo en la capacidad de los materiales constitutivos (ladrillo principalmente y mortero –mezcla de cal y agua– sobre cimientos de piedra), sino también en la disposición geométrica de las estructuras: arcos de medio punto en su mayoría y potentes estribos capaces de contrarrestar los empujes propios de la construcción.

De los 32 puentes registrados, 20 aún están en pie, no intactos pero sí en funcionamiento, la mayoría tienen tráfico peatonal y hay tres de uso vehicular pesado: el puente de la Libertad, localizado en Buga sobre el río Guadalajara, el puente Güengüe, que se encuentra sobre el río del mismo nombre, entre las poblaciones de Corinto y Miranda, y el del Cauca Viejo, que está ubicado en Popayán. Estos tres puentes son los más grandes estudiados en la investigación.

Es común ver los fines de semana en la base del puente Güengüe, familias enteras disfrutando las aguas del río, la naturaleza y un almuerzo típico que deja su huella de hollín en las paredes de esta antigua construcción. La historia vuelve y habla, no solo para contar su funcionalidad de comunicación sino para demostrar la importancia que tiene este lugar para los pobladores que, en su cotidianidad, transitan y visitan la historia de su región.

Tanto por la importancia histórica de este estudio en la arquitectura e ingeniería colombiana, como por el serio peligro que corren estos puentes de desaparecer por el estado de abandono debido a la falta de las más mínimas acciones de mantenimiento o reparación, el grupo de trabajo se vio abocado a realizar dos fases de la investigación. Una primera parte consistía en conocer el número y el estado de dichas estructuras, y la segunda, en resolver las múltiples preguntas surgidas a partir de la primera fase, preguntas enmarcadas en el asombro por la durabilidad y resistencia de los puentes.

Para la segunda fase se tomaron como referentes los puentes de La Libertad, Cauca Viejo y Güengüe, debido a su gran tamaño y al volumen de tráfico pesado que resisten.

El puente del Cauca tiene a un costado la empresa de Lácteos Puracé, que surte de leche a todo el norte del Valle. Por eso los carros que provienen de allí son de carga pesada. Junto del puente de Buga está la empresa Postobón y además sirve de comunicación para la población; por otro lado el puente Güengüe está ubicado en zona roja, y soporta sin ningún problema el paso de los carrotanques del ejército y los disturbios de orden público.

Construcciones impecables

Para resolver sus inquietudes el grupo investigador tomó muestras de los elementos constitutivos de los puentes para ser analizados, teniendo como referente el estudio de los puntos más débiles y frágiles de las estructuras, como es el tajamar, pieza que se encuentra en contacto directo con el agua y que soporta las cargas de cada uno de los arcos, fragmento más deteriorado debido a que la corriente del río lo socava.

Una vez que en el laboratorio de materiales de la UN en Manizales se realiza una extracción de núcleos de cada una las muestras recolectadas, bien sea un trozo de ladrillo de mortero o la pieza completa de ladrillo, se analizan bajo las Normas Técnicas Colombianas de Construcción 674 y 682. Posteriormente se someten a diferentes pruebas para observar cuál es su peso seco, su peso suspendido y saturado, que a su vez arrojan datos vitales como el volumen exterior, volumen de poros abiertos y cerrados, porosidad aparente, absorción de agua, gravedad específica y densidad.

Seguidamente se realizan pruebas mecánicas, como la resistencia a la compresión y determinación de la carga soportada del elemento antes de fracturarse.

Mediante el programa Ansys, poco utilizado en Colombia, se realiza la modelización del puente a analizar, con el propósito de encontrar las deformaciones y el punto de esfuerzo que podría llegar a soportar la estructura.

Con los resultados de esta investigación, en un futuro se podrán remplazar piezas que presenten fallas por otras nuevas, construidas con la misma técnica, con las mismas propiedades físicas y químicas, teniendo en cuenta que las diferentes partes de este tipo de edificaciones funcionan como una sola, y si en algún caso se les inserta un elemento que no contiene sus mismas características, será rechazado, provocando el colapso inminente de la estructura.

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