Fotos cortesía Gonzalo Correal Urrego

 

 

Sífilis venérea: ya estaba en América

La sífilis venérea no la trajeron los españoles a América tras su llegada al continente, como muchos piensan. Ya estaba acá y su aparición en Colombia se remonta a 5 mil años atrás. A esa conclusión llegó un grupo de investigadores de la Universidad Nacional, que a la luz de la Biología y la Arqueología, logró comprobarlo.

Patricia Barrera Silva,
Unimedios


Desde cuando se le conoce, la sífilis venérea ha recibido el nombre de cada país al que se le ha querido atribuir la vergüenza de su origen. Así, entonces, se conoció como “sarampión de Indias”, “mal español”, “mal gálico”, “mal francés” y “mal polaco”, entre otras denominaciones.

Sin embargo, antes de conocer su procedencia, es vital entender de qué se trata. El microorganismo causante de esta enfermedad es el Treponema Pallidum. Se adquiere por contacto sexual y puede trasmitirse de la madre al feto en los primeros meses de embarazo (hasta el quinto mes, aproximadamente).

En su primer grado, perjudica la piel o las mucosas; en grados más avanzados, ataca órganos internos como el corazón, el hígado, el sistema nervioso y, finalmente, los huesos.

“La Caries Sicca es uno de los rasgos característicos de la sífilis venérea en tercer grado. Esta puede afectar los huesos, produciendo defectos gumatosos, es decir, la degeneración de un tejido por muerte de sus células”, sostuvo Gonzalo Correal Urrego, uno de los más reconocidos arqueólogos de Colombia, pionero de la paleopatología en el país y profesor emérito de la Universidad Nacional de Colombia.

Este tipo de lesiones fueron las que se evidenciaron durante los trabajos arqueológicos adelantados por el Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia, con el apoyo de la Fundación de Investigaciones Arqueológicas del Banco de la República, en la hacienda Aguazuque, en el municipio de Soacha, Cundinamarca. Allí se encontraron en 1989 restos que datan de unos 5 mil años antes del presente y que fueron presentados a la Paliopatology Asociation of New York, en 1990.

Tiempo después, en compañía de los profesores Javier Burgos, de la UN, Carmelo Arregocés, de la Unidad de Genética del Instituto Nacional de Salud, y Hugo Sotomayor, quien practicó reconstrucciones tridimensionales y tomografías computarizadas, los investigadores continuaron el proceso de análisis que permite hoy tener certeza sobre la época en la que apareció la sífilis venérea en Colombia.

Los investigadores sometieron los restos óseos de Aguazuque a un análisis inmunológico, empleando la técnica de FTA–ABS, donde se toman porciones de huesos que tienen lesiones características de Treponema Pallidum, y se reducen a polvo. Posteriormente se someten a un proceso químico.

Sin embargo, conviene aclarar que hay otras enfermedades que se agrupan bajo el término de “treponematosis”. Los patólogos, actualmente, diferencian cuatro variantes de enfermedades causadas por treponema: Pinta, yaws, sífilis endémica o bejel y sífilis venérea.

La discriminación entre estas enfermedades, las cuales también producen lesiones óseas, se basa en la intensidad y localización de las lesiones, haciendo que la diferenciación entre estas patologías sea difícil de llevar a cabo. Así que la confirmación de que había sífilis venérea en estos restos, se tuvo que hacer empleando un experimento más, conocido como prueba de anticuerpos fluorescentes anti- treponema, con suero (FTA – ABS) absorbido.

El diagnóstico de sífilis venérea se ve apoyado por dos hechos más: la Sabana de Bogotá no era una zona desértica ni árida hace 5 mil años. Estas son condiciones usualmente asociadas con el desarrollo de sífilis endémica (bejel). En segundo lugar, los registros de historia médica en Colombia no han reportado casos de sífilis endémica en la Sabana de Bogotá.

El profesor Correal lo ratifica. “La Sabana de Bogotá fue habilitada para la época precerámica por grupos de cazadores–recolectores, de aproximadamente 100 personas por banda, por lo cual la sífilis venérea pudo haberse desarrollado como el resultado de contactos sexuales frecuentes intra e intergrupales, los cuales mantendrían la infección entre la población.”

Al pan pan,
y al vino…

El hecho de que la sífilis venérea ya estuviera en Colombia cuando llegaron los españoles a América, no quiere decir que los indígenas sean los responsables de la aparición de esta enfermedad en el continente.

Quienes defienden la teoría de que la sífilis apareció en Europa en 1493 al retorno de Colón de su segundo viaje, se apoyan en algunos hechos históricos como la epidemia en el ejército que el rey francés Carlos VIII condujo contra Nápoles.

Sin embargo, algunos autores argumentan la existencia de sífilis en Europa antes de la conquista, apoyándose en bibliografía histórica sobre las antiguas enfermedades.

El profesor Correal apoya y argumenta esta teoría: “conviene señalar que evidencias arqueológicas incontrovertibles demuestran la existencia de esta enfermedad en el Viejo Mundo, con anterioridad a los viajes de Colón. Pueden mencionarse, entre otros, los registros definidos en Siberia en el lago Baikal, fechados entre 1.000 y 800 A.C, un cráneo femenino adulto posiblemente medieval, de Spitalfields en Londres, los casos referidos al cementerio de Helgeand Sholmen, en Suecia, con datación que se remonta al año 1300 D.C”

Con todas estas referencias mencionadas anteriormente, se abre paso una tercera teoría: la coexistencia de la sífilis en Europa y América.

Esta teoría, que es una de las más aceptadas en la actualidad, concluye que la sífilis venérea se encontraba presente en ambos continentes. Se cree que pasó por el estrecho de Bering, que conecta el mar de Bering (un brazo del norte del Océano Pacífico con el Océano Glacial Ártico, hasta América. Todo esto, mucho antes del Descubrimiento.

Así las cosas, queda sin piso el imaginario histórico que reza que en América sólo se contaba con ciertas formas de trepanomatosis no venéreas mientras que los españoles sí tenían la temible sífilis venérea. Los huesos así lo comprobaron.

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