Este es el gasificador creado por investigadores de la Universidad Nacional de Colombia que llevó luz por primera vez en 12 años a los habitantes de Nueva Pampa, Antioquia.

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Desechos, útiles para producir energía

Gracias a un gasificador que transforma la madera en energía, los habitantes de un caserío en el Urabá antioqueño tendrán electricidad tras más de una década sin este servicio. El proyecto piloto en el país fue adelantado por la Universidad Nacional de Colombia y el Instituto de Planificación y Promoción de Soluciones Energéticas para las Zonas no Interconectadas, IPSE.

David Calle,
Unimedios

Doce años esperó Candelaria Díaz Ibañez, una habitante de Nueva Pampa, vereda de Necoclí, Antioquia, para ver la luz en su comunidad, generada a partir de los desechos de la madera que trae el mar a las playas de ese poblado del Urabá antioqueño.

Una carretera destapada bordeada de palmeras separa a la pequeña localidad de una más avanzada. El recorrido en carro se hace en 10 minutos y es un trayecto suficiente para presenciar los dos siglos que conviven en aparente armonía, retratando atraso y modernidad.

Sin proponerse, sólo por cuenta de las paradojas que ofrece la pobreza, se pasa de un Necoclí con todos los servicios públicos, a una Nueva Pampa que apenas los comenzará a usufructuar.

En Nueva Pampa “sólo nos acompañan los velones, sumado a que no tenemos acueducto y nosotros hemos construido con nuestras manos los pozos sépticos”, dice Candelaria al referirse con voz de esperanza a lo que significa para ella la llegada de la electricidad.

“Ahora todo es distinto, ya se puede contar con energía propia para hacer los alimentos, ver televisión y hasta escuchar música junto con mi hija, mi esposo y dos sobrinos, con quienes convivo en una casa de madera con techo de paja”, sostiene.

El nuevo servicio llega a través de un gasificador hecho con tecnología hindú, que convierte la biomasa, en este caso la madera, en energía eléctrica. Es un proyecto liderado por el Instituto de Planificación y Promoción de Soluciones Energéticas para las Zonas no Interconectadas, IPSE, y ejecutado por la Universidad Nacional de Colombia en Medellín.

José Amado Aguilar Roldán, profesor asociado a la Escuela de Ingeniería Eléctrica y Mecánica de la UN en Medellín y uno de los directores del proyecto explicó que “el río Atrato y muchos otros que llegan al golfo de Urabá traen consigo una cantidad de biomasa representada en árboles y troncos de madera, que son depositados en las playas de Necoclí, donde crean un impacto a nivel turístico y ambiental, ya que producen un desprendimiento de gases”.

La selección de Nueva Pampa para aplicar el programa piloto de producir energía a partir de los ‘desechos’ madereros, se explica porque este poblado tiene una singular condición de estar en medio de una zona conectada y, sin embargo, no contar con energía eléctrica.

Candelaria Díaz, de 42 años, cuenta que los habitantes de este caserío, perteneciente al corregimiento El Totumo, estaban acostumbrados a vivir en la oscuridad pese a los cables de alta tensión de ISA que pasan por toda la vereda.

“Hasta ahora sólo 4 familias contábamos con un contador comunitario, por el que pagábamos 90 mil pesos mensuales, que sólo nos alcanzaba para prender el televisor o un bombillo porque la potencia era muy baja”, aseguró Díaz.

El primero en el país

El grupo de investigación en Termodinámica y Energías Alternativas, liderado por el docente Farid Chejne, introdujo el estudio de la biomasa, identificó el comportamiento de la gasificación de la madera en la planta y capacitó al personal de la región vinculado al proyecto.

Chejne explicó que el proceso de gasificación se produce por la mezcla del carbón con la biomasa, al integrar en un reactor vapor de agua y oxígeno. Luego pasa a un motor de combustión interno y allí se produce la energía mecánica que mueve el generador y, a la vez, produce la energía eléctrica, que va a las subestaciones, desde donde, finalmente, se conduce a los hogares.

“Este proyecto no está generando un impacto negativo en el ambiente, ya que no estamos talando árboles ni quemando la madera, se trata de un proceso de combustión incompleta”, destacó el ingeniero José Amado Aguilar.

Según Jairo Benavides, profesional especializado en energías renovables del IPSE, se invirtieron 1.400 millones de pesos. Del total, 800 millones se destinaron a la infraestructura y equipos y los 600 restantes a las evaluaciones y obras complementarias.

Inicialmente los cerca de 2 kilómetros de redes extendidas no entregarán energía en horario adicional, mientras se desarrolla un periodo de pruebas. El comienzo será con un servicio de 4 horas diarias y luego se extenderá a 6, para llegar poco a poco a las 24 del día. Además, cada hogar contará con energía de 110 ó 220 voltios.

El proyecto piloto en el país se desarrolla con la promesa de ser multiplicado en zonas aisladas donde la energía eléctrica “brilla por su ausencia”.

“La idea es evaluar este proyecto, conocer las ventajas y desventajas, las dificultades técnicas, las puestas de operación, la relación productiva con la gente. Y una vez tengamos este conocimiento allí, hacerlo con biomasa en otras regiones”, explicó Benavides.

Trabajo para la comunidad

El estudio socioeconómico que realizó la antropóloga Sabina Idárraga identificó que Nueva Pampa está conformada por población desplazada por la violencia, proveniente del departamento de Córdoba, que obtuvo sus casas gracias al Incoder. Sus habitantes viven de cultivos como la yuca, el plátano y de frutas como el mango y el coco; los hombres trabajan como jornaleros y las mujeres en las labores de la casa.

Para Idárraga es muy importante tener en cuenta que las dinámicas sociales para esta vereda empiezan a cambiar completamente: “los habitantes se benefician económicamente, dado que la planta necesita 40 personas para la recolección de leña y su mantenimiento entre otras labores y eso favorece a la población”.

Los residuos sólidos que resultan del proceso de gasificación tienen un valor agregado. El material carbonizado obtenido se destinará a construir un sistema de briquetas.

Adicionalmente, Nueva Pampa tendrá un aserrío que servirá para el mejoramiento de vivienda. Las tablas, listones y vigas que sobren serán empleados en el arreglo de las casas.

Con este proyecto, la comunidad va a tener una organización para hacer los recaudos de la operación de la red y la Universidad Nacional la capacitará en el uso racional de energía.

La misma Candelaria describe en palabras sencillas el salto de dos siglos que da este pequeño poblado con el acompañamiento de los investigadores de la UN: “la luz nos traerá el progreso, pues la construcción de la planta nos ha unido más. Ver cables de energía me parece increíble, algo que siempre hemos deseado”.

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