
Fotos: César Álvarez / Unimedios

Foto: Gabriela Rodríguez / Unimedios
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Gabriela Rodríguez Salgado
Unimedios
Con el registro de la disminución del dolor en un 26 por ciento, investigadores de la Facultad de Enfermería de la Universidad Nacional de Colombia probaron que su modelo de cuidado cultural de la salud para abuelos con discapacidad era efectivo.
Y es que después de seis semanas de enseñar a los ancianos que la única manera de mejorar su salud no era ‘quedarse quieticos’, sino todo lo contrario, el grupo interdisciplinario de la UN logró disminuir la intensidad del dolor de los adultos mayores que reportaron padecerlo de manera severa, con una incidencia de 41 por ciento, a una de 15 por ciento, “es un cambio de 26 puntos”, explicó la profesora Alba Lucero López, coordinadora del Grupo de Cuidado Cultural de la Salud, de la Facultad de Enfermería.
El trabajo del grupo inició con la identificación de 88 hombres y mujeres mayores de edad, que llevaban su vejez con alguna discapacidad física y en situación de pobreza, en las localidades bogotanas de Kennedy y San Cristóbal, y en Cáqueza, Cundinamarca.
Con el inventario de creencias sobre el cuidado de salud que las personas tenían, como por ejemplo el uso de hierbas medicinales, se hizo una combinación con las prácticas modernas del cuidado para construir un nuevo modelo que garantizara el mejoramiento de la calidad de vida de estos ancianos, teniendo en cuenta sus condiciones económicas y sociales.
“Hacer una intersección en donde lo profesional y lo popular se unen para crear nuevas formas de brindar atención a las personas en el ámbito de la salud”, fue la premisa con la que trabajó el grupo, explicó López.
El modelo es una rutina de movimientos y ejercicios que ayuda a los abuelos a disminuir la intensidad del dolor, a aumentar su independencia y a tener una mejor autopercepción de su salud.
Con estas variables, el grupo pudo cuantificar la mejoría de los pacientes. En cuanto al estado de la autopercepción de la salud, la primera semana sólo el 21 por ciento reportó sentirse bien, mientras que el 31 por ciento dijo sentirse mal. Al finalizar la sexta semana, el porcentaje de los que se sentían ‘bien’ aumentó a 38 por ciento, y ‘mal’ bajó a 8.
Esto es “que la influencia de la intervención se caracteriza por aumentar la proporción de adultos mayores con estado de salud ‘bueno’ (en 17 puntos porcentuales) y por disminuir la proporción con un estado ‘malo’ (23 puntos porcentuales)”, reportó la profesora López.
Los índices de dolor también tuvieron una gran variación durante el trabajo. El 45 por ciento de los abuelos reportó sentir un dolor moderado la primera semana y el 41 por ciento dijo que era severo. Al final del programa, sólo el 33 por ciento reportó dolor moderado, mientras que 33 por ciento dijo que sentía dolor severo.
Por otro lado, en el grado de dependencia/independencia, los resultados también fueron positivos. Al inicio se reportó que sólo el 1 por ciento de los adultos mayores era independiente, al finalizar el porcentaje alcanzó el 20.
Finalmente, frente al grado de presión el 26 por ciento había manifestado una depresión leve y el 17, depresión establecida. Al final de la sexta semana, el primer grupo redujo a 24 por ciento y el segundo, a 4.
Con estas cifras, el modelo de cuidado confirmó que la sensación de bienestar de los abuelitos mejoró desde que se les enseñó la rutina de movimientos y lograron mayor independencia, movilidad y tranquilidad en su grupo familiar.
La profesora López concluye que “esto es una prueba piloto de cómo hacer este trabajo en las comunidades, con el sueño de que después se pase a diferentes grupos, ya no sólo personas ancianas sino otro tipo de población, y cómo se pueden incorporar estos elementos a las instituciones de salud”.
Carta universitaria
Videoespecial

Publicación de la Unidad de Medios de Comunicación -Unimedios- de la Universidad Nacional de Colombia.