
Claudia Brieva,
Directora Urras
Unimedios
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Patricia Barrera
Unimedios
A la URRAS llegan toda clase de animales: halcones, boas, monos, tortugas marinas y de tierra, tucanes guacamayas, loras, trigrillos… Lo normal es que cada día reciban de tres a cuatro animales, pero en ocasiones se reciben grandes cantidades, como sucedió hace algunos días. El área de protección de animales de la Dijín realizó un allanamiento en un apartamento al norte de la capital. Su dueño, un extranjero que decía desconocer la legislación colombiana, mantenía un nutrido aviario con más de 170 especies.
“Hemos tenido un vínculo cercano con la Dijín desde hace unos dos años y cuando ellos van a hacer este tipo de incautaciones de animales, frecuentemente llevan a funcionarios de la URRAS para que les ayuden a identificar las especies encontradas y puedan tratarlas de manera adecuada durante la incautación, sin provocarles más traumas”, relata Claudia Brieva Directora de la Unidad. En este caso las aves estaban en excelentes condiciones, pero fueron incautadas por pertenecer a especies Colombianas silvestres, las cuales está prohibido tener de manera ornamental según la legislación vigente en el país.
Los procesos de incautación son largos porque se necesita una orden judicial para ejecutarlos y los fiscales toman varios días, a veces semanas, en diligenciar estas órdenes. En este caso, fue una denuncia ciudadana la que generó el allanamiento, una vecina que se percató del cautiverio de las aves llamó a la Dijín y luego de los trámites legales se procedió al operativo.
La diligencia comenzó desde las 5 de la mañana y se extendió por casi 3 horas. La Profesora Brieva destacó la amabilidad del dueño del apartamento, pero esto no hizo menos tortuoso el proceso para las aves. Un investigador de la URRAS tuvo que identificar cuáles de ellas eran especies silvestres y cuáles ornamentales y luego procedió a capturar a las silvestres, las demás se dejaron en el aviario. Después se pusieron las aves silvestres en guacales individuales de plástico y se llevaron a la URRAS Ubicada en la Universidad Nacional.
El cambio de entorno y la movilización son factores que provocan un alto nivel de estrés en las aves y al prolongarse por un largo periodo causan la muerte. De hecho, ya ubicadas en la Nacional, 4 de las aves murieron, por lo que los investigadores de la URRAS procedieron a soltar ese mismo día a todas las aves que eran nativas de la sabana de Bogotá.
Para las que quedan en la URRAS los días de cautiverio se extenderán un poco más, porque la Unidad tiene que entrar a precisar de qué regiones del país fueron traídas cada una de las aves y desplazarse hasta estos lugares para dejarlas en libertad.
Pese a que se encuentran en buen estado de salud, la posibilidad de dejarlas en la Sabana no existe porque este no es su clima. Aquí no encontrarían qué comer y en caso de que se adaptaran producirían con el tiempo un colapso en el ecosistema sabanero, que tendría que adoptarlas, en detrimento de otras especies endémicas de la región.
Al problema de rehabilitación de las especies silvestres que son capturadas para convertirlas en mascotas, se suma el de conservación e incluso uno de salud pública. Como lo declara la Profesora Brieva: “para lograr traer a Bogotá 10 ejemplares de una especie los comerciantes cazan 100, porque en el viaje mueren la mayoría. Igual, como a ellos no les cuesta sacarlas de su hábitat, todas las que lleguen vivas son ganancia, pero va llegar el día en que no habrá de dónde sacar”. A esto se añade la explicación de la voluntaria de la URRAS, Juliana Pérez, quien advierte que los animales silvestres tienen sus propias bacterias, “para ellos no son dañinas pero para el hombre si, por eso no es recomendable que un animal silvestre viva con un niño”
El trabajo de volver a la libertad es largo para cada animal y para los investigadores. Y no sólo es largo, sino que no siempre es fructífero. Muchos animales que llegan a la URRAS jamás logran recuperarse: algunos de sus heridas, otros de su dependencia al hombre. Sucede con las aves, pero también con monos y con otras muchas especies. Para ellos sólo queda una salida: son llevados a Reservas como la del Centro de Rehabilitación de Alta Montaña, Cream, ubicado en Guasca, y nuevamente cargarán el lastre del cautiverio al que fueron sometidos por el hombre, estarán en medio de la naturaleza pero mirándola desde una jaula y servirán para ampliar el conocimiento de las personas que los visiten.
Carta universitaria
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Publicación de la Unidad de Medios de Comunicación -Unimedios- de la Universidad Nacional de Colombia.