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Con Quechers miden plaguicidas en frutas y cereales

Granadilla, lulo y otras frutas, así como cereales tipo exportación fueron analizados por primera vez en el país a través de Quechers, la metodología más avanzada para detectar la concentración de plaguicidas que pueden afectar la salud. En el laboratorio de la UN, los cultivadores pueden solicitar tales estudios para garantizar sus exportaciones.

, 08.08.2015

Los residuos de plaguicidas pueden variar según los valores de toxicidad. foto: Catalina Torres/Unimedios

En octubre del 2011, más de 62 toneladas de semillas de arroz fueron incautadas a 20 campesinos de Campoalegre, Huila, en el suroccidente del país, porque presuntamente los 1.580 bultos de comida no cumplían con los estándares de calidad.

Antes de que el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) y la Policía llegaran al lugar, ya se habían enviado muestras a un laboratorio, donde se evidenció, como explica Julio César España, magíster en Ciencias del programa de Química, de la Universidad Nacional, que el arroz no estaba contaminado. Las semillas, sin embargo, fueron destruidas, con el argumento de que no estaban certificadas.

Al igual que este grupo de arroceros, los agricultores colombianos que buscan exportar sus productos se ven enfrentados a la posibildiad de que sus cosechas sean rechazadas por falta de un análisis que certifique la inocuidad de sus productos frente a los requerimientos internacionales.

Para cumplir con los estándares europeos se debe tener en cuenta la exigente legislación, en la cual 10 partes por billón, que equivalen a 10 microgramos de plaguicida por cada kilogramo de alimento, es el valor más pequeño permitido y el que se emplea por defecto para matrices desconocidas.

En caso de que se encuentren cantidades que superen los límites máximos de residuos de plaguicidas (LMR), un sistema de alerta con los más altos estándares en protección al consumidor puede decidir respecto al destino de los productos y el hallazgo encontrado. Entre las medidas figuran la notificación del riesgo, el rechazo en la frontera o la devolución al país de origen. A cualquiera de estas circunstancias se enfrentan, con alguna frecuencia, los cultivadores colombianos.

En el caso del arroz, el resultado de laboratorio surgió de un análisis de residuos que comprueba los niveles de plaguicidas a los que Colombia se acoge por normativa de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la cual es regulada por el Ministerio de la Protección Social, mediante la Resolución 2906 de 2007 “Por la cual se establecen lmr en alimentos para consumo humano y en piensos y forrajes”.

Un estudio similar, relacionado con la inocuidad química de los alimentos, fue llevado a cabo por el profesor España, quien utilizó por primera vez en Colombia la metodología Quechers, en su tesis de maestría titulada “Análisis de residuos de plaguicidas en frutas colombianas de exportación y cereales”.

El estudio se centró en cinco frutas exóticas tipo exportación (uchuva, pitahaya, banano baby, granadilla y tomate de árbol) y cereales como arroz, malta y algunas harinas (mezclas de cereales).

El investigador seleccionó el método multiresiduo (mmrs), basado en la regulación europea The European Committee for Standardization (CEN), para detectar y cuantificar contaminantes y así estimar la inocuidad de los alimentos.

La inocuidad química en este caso específico se centra en los plaguicidas que son adicionados a propósito durante el cultivo de frutas, hortalizas y cereales, para que las cosechas no se vean afectadas por hongos o insectos.

Lamentablemente, muy pocos países atienden las recomendaciones para regular la cantidad permitida de plaguicidas en los cultivos. Solo los pertenecientes a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) han registrado un menor consumo de agroquímicos, al seguir lineamientos de sostenibilidad ambiental.

Dos métodos

El investigador usó cromatografía de gases y espectrometría de masas. El primer método es uno de los más eficientes para separar compuestos químicos; y el segundo se enfoca en la identificación y el análisis cualitativo y cuantitativo de contaminantes en frutas de exportación y cereales de consumo local.

Se tomaron muestras de cada uno de los productos involucrados en el estudio y, posteriormente, se seleccionaron varias unidades para homogeneizar una porción representativa de cada muestra.

“El resultado es un puré que se combina con un solvente y con sales en un tubo de ensayo, en el que se agita la mezcla por un minuto y se adicionan otras sales, como sulfato de magnesio. Finalmente, se somete a un proceso de centrifugado cuya separación resulta en una porción que se analiza en un instrumento de alta tecnología”, explica el magíster.

Los antiguos métodos solo podían analizar uno o algunos de los plaguicidas requeridos en largas listas. En los últimos años se ha implementado el desarrollo de análisis multirresiduos, capaces de determinar desde 100 hasta 300 plaguicidas simultáneamente.

“La mayoría de campesinos opta por usar productos que funcionan mejor aunque no sean permitidos, debido a que en nuestro país la agricultura no está lo suficientemente tecnificada”, señala el investigador.

El riesgo de exposición se estima con la ingesta diaria admisible. El consumo de alimentos contaminados con residuos puede variar según los valores de toxicidad en cada caso. Un estudio MRM, capaz de detectar multitud de contaminantes, es fundamental para evaluar residuos de diferente acción toxicológica y naturaleza química.

Por ejemplo, compuestos como el malatión, un organofosforado prohibido, que se encuentra en la categoría “muy tóxica”, porque tiene una concentración letal de 3.000 ug/L (microgramos por litro). Tal cantidad tiene un efecto agudo, ya que se metaboliza rápidamente. Por otro lado, los compuestos organoclorados, como el endosulfán, presentan una toxicidad extrema, es decir 166 ug/L) y se acumulan generando un efecto crónico con impacto sobre la salud a largo plazo.

“A pesar de que hay que esperar un tiempo para que el plaguicida se degrade solo, los agricultores no lo hacen porque durante el transporte a los centros de acopio el producto se deteriora. Lo que hacen algunos es agregar el plaguicida después de la cosecha para preservar el producto y muchas veces el alimento llega al consumidor con cantidades que superan los LMR”, señala el profesor España.

El periodo de carencia es más largo en plaguicidas a base de metales pesados de muy lenta degradación, como el arsénico y el mercurio; les siguen los organoclorados, que también se degradan lentamente (se han encontrado residuos en el suelo después de 10 años de aplicados).

Según un estudio posterior adelantado por el mismo investigador, que empleó varias tecnologías sobre una mayor cantidad de frutas exóticas, las que presentan mayor concentración de plaguicidas son el lulo, la guayaba y la granadilla.

Por consiguiente, para asegurar la protección del consumidor es necesario mantener un control de estos riesgos. De ahí que las metodologías desarrolladas para analizar residuos de plaguicidas se consoliden como una poderosa herramienta para monitorear las frutas y los cereales que el país produce.

Hoy, la metodología aplicada por el investigador, que aprovechó el Laboratorio de Análisis de Residuos de Plaguicidas (LARP) de la UN, está validada y acreditada por el Organismo Nacional de Acreditación (ONAC) y la norma ISO 27025. De tal manera que los cultivadores podrán acudir a este para medirle la concentración de plaguicidas a sus productos y no tener que enviar muestras a otros países, con los costos que ello implica.

Según estadisticas de la Delegación de la Unión Europea para Colombia y Ecuador, entre agosto del 2013 y julio del 2014, las frutas fueron el principal rubro de las importaciones de la UE desde Colombia, después del petróleo y el carbón.

En el primer año, tras la entrada en vigor del acuerdo comercial, las importaciones totalizaron 796,3 millones de euros, con una participación de casi el 10 % del total importado. Los principales productos fueron banano y plátano (745,6 millones) así como una gran variedad de frutas tropicales (41,6 millones).

(Por: Nibeth Adriana Duarte Camacho, Unimedios Bogotá
)
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