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Colombia, al día con su banco de sueros antiofídicos

La Universidad Nacional de Colombia desarrolló la primera iniciativa con el Instituto Nacional de Salud y el Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible para conservar las más de 270 especies serpientes que tiene el país y actualizar el banco de sueros antiofídicos.

, 13.06.2015

Los investigadores lograron obtener venenos representativos de las especies en cada región. foto: Teddy Angarita

Las serpientes más comunes, como las talla X o mapanás, son las responsables del 95 % de mordeduras en Colombia. Sin embargo, solo el 18 % de todas las especies del país son venenosas y apenas cuatro representan un verdadero peligro para las personas. Las Bothrops atrox y B. asper son las causantes de la equívoca creencia de que las restantes 268 también son venenosas, razón por la cual las matan.

Según registros bibliográficos, en 1930 el Hermano Nicéforo María, del Museo de la Salle, y en 1940, el estadounidense Emmett R. Dunn reportaron algunas especies y publicaron su ubicación. Desde entonces, las investigaciones científicas sobre las serpientes en Colombia han sido escasas y el desconocimiento que se tiene de esta riqueza biológica, así como de los servicios ecosistémicos que estos reptiles proveen a la sociedad, junto con la ofidiofobia, se han convertido en las amenazas latentes sobre estas poblaciones.

Este hecho llevó a la UN y al Instituto Nacional de Salud (INS), en cooperación con el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, a desarrollar el Programa Nacional para la Conservación de las Serpientes Presentes en Colombia.

Como parte de esta iniciativa, el director del proyecto John D. Lynch y el coordinador Teddy Angarita, de la UN, junto a Francisco Javier Ruiz, del ins, con un equipo interdisciplinario, recorrieron durante más de cuatro años el territorio nacional en busca de datos y muestras reales sobre el estado actual de estos animales.

La travesía sirvió además para actualizar el banco de sueros antiofídicos, pues otro de los objetivos fue fortalecer el banco de venenos del serpentario del INS y contar con una sólida producción de sueros para atender a las personas que han sido mordidas por serpientes venenosas.

Paso seguido, el equipo de producción de antiveneno del INS y los investigadores de la UN emprendieron la ardua tarea de recolectar datos primarios, durante las salidas de campo que tuvieron lugar entre el 2011 y el 2013, a departamentos como Chocó, Antioquia, Magdalena, Cesar, Meta, Vichada y Casanare.

El profesor Lynch afirma que se logró tener una representatividad de los venenos de cada región, pues un antiveneno no es totalmente polivalente si no cubre el mayor número de especies venenosas y todas las áreas geográficas.

De acuerdo con los reportes obtenidos, los venenos de las serpientes varían según el tamaño del animal y la zona de la que provienen.

Los expertos encontraron que las serpientes con venenos más potentes son las corales, que se agrupan en la familia Elapidae, con cerca de 30 especies, de las cuales solo 4 representan un riesgo potencial para los colombianos: la rabo de ají, la coral de agua y la coral fina. De igual manera, se estableció que la rieca o verrugoso es la que posee el veneno más potente.

Para obtener el suero antiofídico, el biólogo Angarita explica que se colectaron las principales especies de serpientes venenosas (Bothriechis schlegelii, Bothrops atrox, B. asper, Lachesis acrochorda, L. muta Porthidium lansbergii, P. nasutum, y Crotalus durissus), a las que se les extrajeron los venenos. Después se creó una mezcla, que fue usada como inmunógeno y aplicada en caballos.

El sistema inmune de los equinos produce los anticuerpos con repuesta específica a los venenos, de manera que estos animales cumplen el papel más importante en la producción del antiofídico. Por lo tanto, se tomó su sangre (plasma hiperinmune) y mediante un proceso de purificación se sustrajo el componente activo (anticuerpos). Como producto final se obtuvo el suero antiofídico altamente específico.

“Logramos colectar venenos de serpientes muy difíciles de hallar, como el de la verrugoso o rieca, la coral de San Gil y la coral fina, entre otras, que contaban con una muy baja representatividad en el banco de venenos nacional”, destaca el profesor Angarita.

En suma, el país cuenta hoy con una provisión de antiveneno para los próximos 7 u 8 años, de por lo menos 12 de las 18 especies que han ocasionado accidentes en el país.

Según los biólogos de la UN, anteriormente, la provisión de antiofídicos venía de Brasil y Costa Rica, pero su efectividad no se podía garantizar.

No se deben matar

El trabajo de campo adelantado revela que hay más de 270 especies de serpientes distribuidas en 13.000 ejemplares disponibles para su estudio en las colecciones biológicas nacionales. Asimismo resalta que Chocó y Amazonia son las regiones de mayor número de especies de serpientes.

La familia que agrupa más especies en el país es la Colubridae (no venenosa), con más de 184; las más comunes encontradas fueron la falsa mapaná, la tigra, la cazadora y la guardacaminos. Se reportaron también algunas especies raras como las ciegas, las tierreras y la coralilla, ente otras.

Para el investigador Angarita, el inventario permite conocer el potencial biológico de estos reptiles, componente de alta importancia para la regulación de lombrices, caracoles, insectos, peces, anfibios, aves y mamíferos.

“Sin las serpientes, estas presas llegan a convertirse en plagas, lo cual puede cambiar la comunidad biológica, de ahí que sean excelentes indicadores del estado de los ecosistemas”, explica el experto.

Al respecto, el profesor Lynch, miembro de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, señala: “Es necesario conservar estas especies y la primera tarea es identificar los peligros que reducen las densidades y la diversidad, así como su distribución geográfica”.

Amenazas latentes

Mediante los diferentes trabajos de campo se estableció que las mayores amenazas sobre estos reptiles son la pérdida de cobertura natural, con el 52,9 %, y la matanza por parte de campesinos y trabajadores del campo, con el 46,9 %. El tránsito vehicular representa el 0,56 % de riesgo; la colecta científica, el 0,2 %; y el tráfico ilegal, el 0,15 %.

Para determinar el indicador de matanza, los biólogos utilizaron los datos del DANE, de los cuales tomaron como unidad de análisis el hogar censal. Según el biólogo Angarita, para calcular la cifra se tomó el número de hogares en las áreas rurales y se multiplicó por 365 días, asumiendo que durante las labores al menos un miembro del hogar mata una serpiente cada día. Así, se llegó al estimativo de que en el país mueren entre 500.000 y 8 millones de serpientes por municipio a causa de la aversión y el miedo irracional hacia estos reptiles.

Frente a la amenaza por pérdida de hábitat se realizó un análisis de cambio de coberturas durante el periodo 2000-2009, tomando como base la información producida por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia, el Instituto Geográfico Agustín Codazzi y el Sistema Nacional Ambiental. A partir de estas fuentes, se interpretaron imágenes de satélite tipo Landsat a escala 1:100.000.

“Con base en esta información, se calculó el costo biológico por la muerte de serpientes a causa de la pérdida de coberturas de bosque y vegetación secundaria a nivel municipal, por debajo de los 1.000 metros de altitud. Así se estimó que en Colombia mueren entre 5.000 y 50 millones de serpientes por municipio a causa de la tala de bosques y destrucción de los hábitats.”, indicó Angarita.

Para conservar las serpientes, los biólogos plantean, entre otras estrategias, promover el conocimiento detallado sobre la biología de estos reptiles, y tener en cuenta la educación ambiental en torno a su conservación, así como de los servicios ecosistémicos que proveen. “La meta es fortalecer la relación entre el Estado y los ciudadanos (urbanos y rurales), para gestionar integralmente la ofidiofauna nacional”, señala Angarita.

El experto agrega que este primer programa de conservación definirá las diferentes líneas de acción, metas y actividades que deben ponerse en marcha en cabeza de institutos de investigación, universidades, corporaciones autónomas regionales y de desarrollo sostenible y demás autoridades ambientales, así como organizaciones no gubernamentales del orden nacional y regional que adelantan trabajos en favor de la conservación de las serpientes presentes en Colombia.

(Por: Giovanni Clavijo Figueroa, Unimedios Bogotá
)
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