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Medio Ambiente

Cifras reales de la deforestación

El Gobierno anunció una disminución de por lo menos 200.000 hectáreas (ha) en la tasa de deforestación en Colombia para el 2013. Esta tendencia no presenta giros tan pronunciados, salvo en casos excepcionales. Haciendo cuentas, las cifras reales sobrepasarían las 400.000 ha. Argumentos sobre la debilidad de la cifra oficial.

, 13.12.2014Grupo de Investigación en Biodiversidad y Conservación, Instituto de Ciencias Naturales - Universidad Nacional de Colombia

El pasado 17 de octubre del 2014, funcionarios del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible informaron que la tasa de deforestación en Colombia, entre enero y diciembre del 2013, fue de 120.933 ha. Según esta cifra, la pérdida de la superficie cubierta por diferentes tipos de vegetación (selvas, bosques, matorrales, pajonales y frailejones) cambió drásticamente la tendencia, pues presentó una disminución de cerca del 60 %, respecto al último dato de 310.349 ha, en el 2012.

Salvo contados casos en que los agentes transformadores (hombre) cesan en su acción, como por ejemplo la recuperación de áreas boscosas en Norteamérica, después de la guerra civil, o en áreas donde se han presentado desplazamientos fuertes por la violencia, nunca se han dado giros tan pronunciados.

La deforestación, entendida como la disminución permanente de la cobertura vegetal natural, se da por el incremento de áreas dedicadas a labores agropecuarias, por el consumo de madera que ocasiona la desaparición del bosque original (su fuente básica) y, últimamente, por actividades extractivas a gran escala (minería e hidrocarburos), obras civiles (carreteras, represas e hidroeléctricas) y urbanismo acelerado. Tales situaciones se manifiestan, al final, en la fragmentación de bloques de bosque natural, que conlleva a la erosión, pérdida de suelos y, en casos extremos, extinciones locales y regionales de la biota.

Es muy importante tener en cuenta la velocidad de la transformación y de la degradación, ligadas al tipo de vegetación en el que se genera el impacto, por lo cual es conveniente hacer los análisis de manera integrada para evitar interpretaciones erróneas.

La deforestación es la principal amenaza para la permanencia de la biodiversidad, afecta a todas las regiones naturales y constituye la mayor contribución al cambio climático de países en desarrollo como Colombia.

Aunque es usual que las agencias gubernamentales se encarguen de las cifras e indicadores que reflejen las políticas desarrolladas por los gobiernos, casi siempre hay un manejo prudente de la información y no se producen alarmas, como sucedió con este anuncio, un caso bastante atípico.

La pérdida de cobertura vegetal siempre progresará en países como el nuestro, donde el respeto a las normas sobre uso de suelo y la vigilancia de su cumplimiento son muy débiles. 

Vestigios 

En Colombia, desde la época precolombina, hay testimonios que muestran procesos muy fuertes de deforestación, por ejemplo en el centro-occidente del país.

A partir de la llegada de los españoles, se incrementó la transformación del medio natural. Desde finales del siglo XIX hasta la primera mitad del XX, hubo un fuerte incremento de este fenómeno, que tuvo una especie de control con la Ley 2 de 1959, por medio de la cual se declararon como reserva forestal cerca de 52 millones de hectáreas de bosque nativo, remanentes de la extensión original.

La tala siempre ha estado asociada con la herramienta que utiliza el hombre, de tal forma que hemos pasado de tensionantes primarios relacionados con agricultura, asentamientos y aprovechamiento de recursos minerales, mediante instrumentos de piedra y madera, a las herramientas actuales: supermáquinas para aprovechamiento forestal y minería a gran escala.

En el siglo pasado hubo dos períodos críticos: uno, entre 1920 y 1960, relacionado con concesiones forestales; y otro, entre 1960 y el 2000, con el auge de los cultivos ilícitos.

Las estimaciones sobre pérdida de bosques primarios en Colombia, a través de toda su historia, arroja la cifra de 354.605 km2, es decir, un 31 % de la superficie boscosa original ya se perdió para siempre.

Los cálculos de velocidades para el país muestran, por ejemplo, que entre 1940 y 1995 la tasa fue de 545.455 ha/año; entre 1960 y 2000, de 500.000; y entre 1970 y 2000, de 400.000 ha/año.

En áreas del Magdalena Medio (localidades de Bolívar, Cesar, Santander, Boyacá, Cundinamarca), el estimativo anual de pérdida de bosque es de 81.000 ha. Para áreas del Caquetá, en la región amazónica, fluctúa entre 25.000 y 40.000 ha/año, caso extremo de la región, que es la continuación del frente de deforestación de la cuenca del río Napo, afrentosa mancha roja que advierte el peligro que encierra un proceso de colonización caótico.

El aislamiento natural de otras partes de nuestra Amazonia, particularmente de las porciones central y occidental, ha sido decisivo para la permanencia de vastas áreas del territorio en buenas condiciones de conservación.

La tasa de deforestación de los territorios cobijados por la reserva forestal creada por Ley 2 de 1959, hasta el 2006, era de 40.000 ha/año y el proceso de deslinde territorial continúa. Para la zona sur del departamento de Córdoba, entre 1987 y el 2010, la tasa anual fue de 10.150 ha/año (en 23 años se perdieron 169.425 ha de bosques naturales). En localidades de los departamentos del Cesar, Bolívar y Sucre, hay frentes de deforestación significativos, relacionados con cultivos de palma aceitera y minería. 

Madera y cultivos ilícitos 

Otra fuerte tensión sobre la permanencia del bosque nativo en Colombia es el consumo de madera, cuyo estimativo es de 4 millones de
m3/año, de los cuales el 80 % proviene de bosques naturales, ya que la producción de las compañías reforestadoras apenas alcanza a cubrir entre el 15 % y el 20 % de las necesidades de madera. Suplir este consumo anual significa la utilización de 128.000 ha de bosque nativo.

En localidades del Magdalena Medio, se estiman pérdidas de bosque nativo por cultivos ilícitos a razón de 3.000 ha/año.

Si del 2002 al 2012, el PIB del país tuvo un exagerado crecimiento porcentual, representado por la llegada de inversionistas para la explotación de recursos mineros e hidrocarburos, sobre la base de la multiplicación de los registros geológico-mineros, es lógico pensar que nuevas fuentes se añadieron a las tradicionales. 

Cuentas claras 

La tasa de utilización del recurso forestal depende esencialmente de su oferta. Aunque en todas las regiones naturales, a excepción de la Andina o cordillerana, aún permanece más del 50 % de la superficie cubierta con vegetación natural, un valor ponderado por región nos aproximaría a 60.000 ha de bosque natural, las cuales desaparecen para incorporar sus territorios a la cadena agropecuaria o por explotación de sus recursos minero-energéticos. Con esto se tendrían 300.000 ha de bosque nativo que se pierden cada año.

El consumo de madera sigue representando la pérdida de 128.000 ha de bosque nativo, a lo cual se añaden cerca de 30.000 ha que se destruyen para dedicarlas a cultivos ilícitos. Estas acciones significarían 458.000 ha anuales que se pierden.

En razón a que la cobertura de los programas de reforestación es prácticamente insignificante (hasta el 2004 no sobrepasaba las 100.000 ha), nuestra tasa de deforestación seguirá al mismo ritmo, con lo cual agotaríamos nuestro capital natural (bosques, biodiversidad) en 144 años.

A manera de consuelo, cabe recordar que en la mayoría de países del continente africano dicha cifra es de 900.000 ha por año.

Actualmente se puede obtener información gratuita de alta resolución regional con base en sensores remotos (Lansat) sobre los procesos de deforestación en el mundo. La información que se adquiere no está calibrada, es decir, no se basa en el conocimiento de los expertos locales del territorio sobre los procesos transformadores y los tipos de vegetación natural que se establecen en nuestra variada geografía.

Si el Gobierno nacional quiere tener cifras e indicadores que le sirvan para sus planes de desarrollo, es urgente ganar credibilidad en casos como este.

Es fundamental contar con las condiciones del tiempo cero o punto de inicio para las estadísticas sobre área cubierta por los bosques y diferentes tipos de vegetación. Esto se logra, no con anuncios de prensa, sino con un inventario forestal bien planteado y con la participación de los expertos conocedores de las temáticas y del territorio, que conduzcan a la elaboración de un mapa de la vegetación actual en Colombia.

Sobre esta base, con cifras estadísticas reales y con mapas temáticos, se pueden aplicar tecnologías modernas (imágenes satelitales) que permitan controlar de manera confiable cualquier proceso que repercuta en los cambios de la cobertura vegetal (deforestación) y no limitarse a unas dudosas cifras oficiales como las que se presentaron en octubre pasado.

(Por: Orlando Rangel y Henry Arellano,
)
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