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Corrupción en salud: ¿existe una cura para la enfermedad?

Los efectos negativos de este fenómeno son más dramáticos en el caso de la salud, pues se reflejan en la falta tanto de atención como de control de enfermedades, en el deterioro de la calidad de los servicios, y lo peor, en la muerte de quienes no pueden acceder a la atención médica o a los recursos necesarios como medicamentos o insumos hospitalarios.

Uno de los principales asuntos que preocupa a la ciudadanía sobre la situación del país es la corrupción, y en particular la que se da el sistema de salud, incluso en medio de la pandemia por covid-19. Una encuesta realizada entre abril y mayo de 2020 por el Grupo de Economía de la Salud de la Universidad de Antioquia (ges) para conocer los efectos de la cuarentena sobre la salud y la economía de los hogares del país, arrojó que solo el 2,4 % de los participantes consideraba que en la contratación para atender la crisis no se presenta este fenómeno, contrario al 42,6 % que piensan que sí, y para los demás también existe algún grado de este.

La corrupción es un comportamiento por el cual se desvía el beneficio colectivo hacia beneficios particulares mediante prácticas que van en contra de la ley o de la ética. En el caso colombiano, es considerada endémica por cuanto se trata de un problema generalizado, que ha permanecido por años y sin soluciones a la vista.

En la medición anual de Transparencia Internacional (ti) sobre percepción ciudadana de la corrupción, Colombia está entre los países en los que esta se cataloga como medio-alta, ubicándose en posiciones por encima de 90 entre 180 países ordenados del menos al más corrupto. En el caso de salud la situación es aún más preocupante pues también en mediciones de ti Colombia aparece entre los 20 países más corruptos del mundo y el peor en América Latina. En 2016, el 63 % de los participantes en el estudio consideró que tal problema en el sector salud era muy alta.

¿Cuáles son los síntomas y quiénes los pacientes?

La corrupción adopta diversas formas según la práctica empleada. No se trata solo de un fenómeno de gran alcance o monto, como el descalabro de las eps por malos manejos o los fraudes en la contratación de grandes obras, en los que aparece envuelta la clase política y la dirigencia del país. También se deben reconocer las prácticas corruptas de varios actores del sistema de salud, por ejemplo en los niveles territoriales, en el interior de las entidades e incluso entre los usuarios.

En dos encuestas del ges, adelantadas en 2017 entre la población colombiana y en entidades del sistema de salud para conocer la percepción sobre la corrupción, precisamente se dio cuenta de que todos los actores del sistema son vistos con algún grado, desde moderado hasta muy alto. Quienes salen mejor librados son los usuarios y los profesionales de la salud, con un grado moderado según la calificación que dieron representantes de entidades de salud, pero en el otro extremo están alcaldías, gobernaciones, hospitales públicos y eps, que son vistos con un grado muy alto (ver gráfico).

Por otra parte, como muestra de lo generalizado del fenómeno, el 53 % de los participantes en la encuesta ciudadana del ges reportaron haber sido testigos en los últimos dos años de algún acto de corrupción en el sistema de salud, “porque lo hayan presenciado o conocido de cerca”. Las prácticas reconocidas, según el porcentaje de personas que dijeron haber sido testigos, fueron: favoritismo (27 %), tráfico de influencias (25 %), conflicto de intereses (20 %), fraude en la contratación (17 %), desvío de dinero (14 %) y pago o recepción de sobornos (12 %).

Alta tolerancia

Aunque se pudiera plantear que la causa de la corrupción se encuentra en fallas en los sistemas de información, en la falta de vigilancia o en vacíos normativos, entre otros asuntos, estos se pueden reconocer más bien como factores facilitadores
(la ocasión hace al ladrón). La causa fundamental se encuentra en la conducta de las personas, quienes están dispuestas a contravenir la ética o la ley.

Entre los hechos que hacen difícil luchar contra este flagelo se encuentran la tolerancia y la baja denuncia. La encuesta ciudadana del ges mostró que para el 80 % de las personas la sociedad acepta la corrupción, y de hecho cuando se mencionan casos que pueden traer beneficios sobre las personas, estos resultan justificados o incluso no se reconocen como actos corruptos. Por otra parte, el 26 % de quienes fueron testigos de hechos corruptos denunciaron ante su jefe o ante un organismo de control la, Policía o la Fiscalía, pero lo más dramático es que apenas en el 14 % de los casos denunciados se reconocieron culpables y hubo castigo, mientras en el resto no pasó nada.

Más educación ciudadana

Reconociendo lo anterior, la mejor vacuna o el mejor antídoto contra la corrupción está tanto en la educación ciudadana y en la selección del personal como en la forma de gobernar las empresas y las entidades para evitar aquellas conductas corruptas. Pero además de la prevención es necesario contar con tratamientos para actuar en la medida en que se puedan presentar casos, y por ello se requiere una fuerte vigilancia y mecanismos de sanción eficaces.

Aunque el sistema de salud presenta situaciones que lo hacen más propenso a la corrupción, especialmente el gran número de actores y de contratos, no se puede pensar en que un cambio en el sistema borre el fenómeno de manera automática. Es necesario reconocerla como un problema nacional y afrontarlo mediante un conjunto de políticas que involucren a la ciudadanía en forma más directa, con mecanismos de denuncia efectivos y de protección a los denunciantes.

Se proponen tres conjuntos de acciones para la lucha contra dicho problema en el país: una política general que contemple sanciones ejemplares en un estatuto anticorrupción; una política propia del sistema de salud que involucre a todos sus actores, y una política de educación y cultura de más largo plazo y que trasciende a otros sectores.